Córdoba

Gabriel Muñoz Cascos, colaborador habitual de El Diestro, nos regala un nuevo poema, esta vez un poema dedicado a su ciudad, a Córdoba. Y es que Córdoba es una ciudad que hay que visitar, al menos, una vez en la vida, para perderse en sus callejuelas, para disfrutar de sus Patios, para conocer a su gente.

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Os dejamos con ‘Canto a Córdoba’, el poema de Gabriel Muñoz Cascos a la Ciudad de los Califas…

Córdoba, voy a cantarte

y espero hacerlo con tino;

te quiero con desatino

¡ay! quien pudiera besarte.

Córdoba, el mundo entero,

se rinde a tu señorío,

por ser cuna del tronío

del saber y del salero.

Córdoba, la preferida,

cuatro veces por la Unesco,

por su perfil pintoresco

y un Patrimonio con vida.

Córdoba, paz y consuelo,

un edén para vivir,

en torno al Guadalquivir

como anticipo del Cielo.

Córdoba, mujeres bellas,

amables y seductoras,

que cautivan, soñadoras,

más que una noche de estrellas.

Córdoba, hombres curtidos,

por el trabajo eficiente,

de carácter complaciente

generosos y sentidos.

Córdoba, campiña y sierra,

inigualables cultivos,

de trigales y de olivos

en su generosa tierra.

Córdoba, bellos perfiles,

de orfebres y de plateros,

arte al que insignes joyeros

dan vida con sus buriles.

Córdoba, piedras de gloria,

desde Tartessos a Roma,

y arabescos con aroma

aún vivos en la memoria.

Córdoba, Medina Azahara,

de los omeyas, palacio,

más lucida que el topacio

que a la Virgen adorara.

Córdoba, vieja mezquita,

del mundo la más hermosa,

hoy catedral portentosa

que a la plegaria te invita.

Córdoba, Puente Romano,

plaza del Potro, Viana,

el Pretorio, Santa Ana

Colodro, San Cayetano.

Córdoba, Cristo de piedra,

de faroles rodeado

y un Alcázar circundado

con lindas flores y yedra.

Córdoba, coqueta fuente,

en la plazuela escondida;

caños de agua que traen vida,

música y paz envolvente.

Córdoba, Patios y Cruces,

incomparables vergeles,

de rosas y de claveles

que en mayo orgullosa luces.

Córdoba, balcón y reja,

y mocitas de arropía,

que ensalzan su gallardía

con la mantilla y la teja.

Córdoba, Semana Santa,

tallas de Cristos heridos,

y bellos rostros transidos

de la Virgen Sacrosanta.

Córdoba, rezo y saetas,

por las bellas callejuelas,

plasmadas en acuarelas

y cantadas por poetas.

Córdoba, mujer morena,

que pintara el gran Romero,

con gesto noble y austero

y ojos negros de agarena.

Córdoba, hondos fervores,

por sus mártires patronos,

por Rafael y sus Tronos

y la Virgen de Dolores.

Córdoba, tierra querida,

milenaria y costumbrista,

no te perderé de vista

mientras me dure la vida.

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