vacunarse

Estamos en julio de 2021 y la vacunación contra el Covid-19 avanza rápidamente en todo el mundo. Son muchos los que creen que el fin de la pesadilla pandémica está cerca. Sin embargo, las cosas distan de estar claras.

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El pasado otoño de 2020, todavía existía una gran desconfianza, tanto en España como en el resto de países, hacia el tema de unas vacunas contra el coronavirus desarrolladas a toda velocidad y saltándose las etapas normales necesarias para producir una vacuna en condiciones de seguridad. Ahora bien, desde enero de 2021, a medida que la población empezaba a ir a vacunarse con la esperanza de “quedar inmunizada” y poder recuperar pronto la vida normal que había disfrutado hasta 2019, la desconfianza fue retrocediendo con gran rapidez. Si, como nos mostraba la televisión, “era algo que ya estaba haciendo todo el mundo”, si los gobiernos y los medios nos animaban a ello, ¿por qué pensar que había ningún peligro que temer?

Así han ido pasando los meses hasta el día de hoy, cuando, al parecer, en España ya sólo un 5% de la población insiste tercamente en no vacunarse: negacionistas, antivacunas y conspiranoicos que han quedado en una franca minoría. Unos 2’5 millones de españoles tal vez, frente a 45 millones dispuestos a ponerse la vacuna de Pfizer o cualquiera de las otras existentes (bueno, la de Astrazeneca mejor no, por el tema de los trombos). La vacunación se ha convertido en algo evidente, normalizado, familiar, objeto de comentarios vecinales y cotidianos (“¿Qué vacuna te has puesto tú?, ¿te ha dado reacción?, ¿tienes puesta ya la segunda dosis?”). Los que no quieren vacunarse han quedado reducidos ante la opinión pública a la condición de unos obstinados y estrafalarios negacionistas, atrincherados de modo numantino en su círculo de teorías conspirativas (Soros, Gates, el microchip que quieren meternos con la inyección, los imanes que se pegan donde el pinchazo etc. etc.). Los medios de comunicación de masas los ridiculizan sin descanso. ¿No es absurdo negarse a confiar en lo que dicen los médicos, las autoridades y los organismos internacionales? Incluso, ¿debe darse la oportunidad de hablar ante las cámaras, como hizo Jordi Évole -bien que presentándolo casi como a un loco- a alguien como Miguel Bosé?

A día de hoy, y ante la presión social existente, muchos no vacunados optan por mentir y por decir, cuando se les pregunta, que sí, “que ya me he vacunado”. Así los dejan en paz y dejan de mirarlos raro. Parece como que debes ocultarte por un acto vergonzoso. Aunque, tal vez, lo que estás siendo es una persona mejor informada y prudente que, ante unos indicios más que alarmantes, te niegas a participar como conejillo de Indias en un experimento sin precedentes y de imprevisibles consecuencias.

Veamos. El doctor Sucharit Bhakdi, un microbiólogo alemán de origen tailandés y con un currículum más que acreditado, nos avisa angustiado de que la proteína de espiga cuya producción es estimulada por las vacunas de ARN mensajero, lejos de permanecer en el músculo del hombro donde se produce el pinchazo, se difunde por todo el cuerpo atacando diferentes órganos. Tal es el peligro que vislumbra en una vacunación masiva, que ha llegado a decir que las vacunas contra el Covid-19 puede “diezmar la población mundial”.

Por su parte, Luc Montagnier, premio Nobel de Medicina en 2009, dice que vacunarse durante una pandemia es un tremendo error: la campaña de vacunación global ya está produciendo -avisa- el fenómeno llamado “mejora dependiente de anticuerpos”, en virtud del cual, y a consecuencia precisamente de esa vacunación, el virus desarrolla variantes más agresivas y peligrosas, contra las que no sirven las vacunas que hoy se están administrando.

Ahora bien: si uno teclea en el buscador de Google “Luc Montagnier vacunas”, el primer resultado de búsqueda en España es… Newtral, que nos informa del “bulo de Luc Montagnier sobre las vacunas”; y las tres primeras páginas de resultados son todas de plataformas de fact-checking y otras páginas similares en las que se ataca furibundamente al insigne científico francés. Para encontrar la entrevista televisiva en la que Montagnier dice que vacunarse contra el Covid-19 es una locura, hay que buscarla a propósito en plataformas de vídeo como Rumble.

Y es que estamos asistiendo en las últimas semanas a escenas absolutamente increíbles. Por ejemplo, Youtube ha censurado hace unos días las declaraciones del doctor Satoshi Omura, premio Nobel de Medicina en 2015, en las que asegura que la ivermectina -medicamento que él mismo desarrolló- es eficaz para tratar el Covid-19. Por lo visto, no se puede permitir que científicos de renombre mundial digan públicamente que existen tratamientos eficaces contra la pandemia: ¿tal vez porque entonces se comprendería que no tiene ningún sentido estar administrando a toda la población del mundo unas vacunas experimentales de cuyos posibles daños las farmacéuticas no se responsabilizan?

Y no es sólo esto. Ahí está el fenómeno de la magnetización que observan miles de personas vacunadas en el lugar donde se les puso el pinchazo. Se quedan pegados imanes y otros objetos metálicos. Las plataformas de fact-checking lo desmienten como bulos, dando explicaciones ridículas. De manera inaudita, las autoridades callan sobre el tema. En España, un análisis preliminar efectuado por Pablo Campra, un profesor de Química de la Universidad de Almería, señala que, a la espera de ulteriores análisis de distintos tipos, existen ya sólidos indicios de que la vacuna de Pfizer contiene una alta cantidad de óxido de grafeno, un compuesto tóxico para el organismo y que, por supuesto, no consta en la composición oficial de la vacuna publicada por el fabricante.

Y aún hay más. En el Reino Unido, el doctor Peter McCullough denuncia que se está produciendo en los últimos meses una altísima tasa de abortos espontáneos en mujeres que, habiéndose puesto la vacuna del Covid-19, después se quedan embarazadas. Y, también en el Reino Unido, el doctor Daniel Bauer, del Francis Crick Institute, ha descubierto que los vacunados con las dos dosis de Pfizer tienen entre cinco y seis veces menos de anticuerpos neutralizantes que los no vacunados, lo que los hace mucho más vulnerables a una eventual infección.

Finalmente, y para no alargarme demasiado, señalaré también que los informes sobre efectos secundarios graves producidos por las vacunas son absolutamente alarmantes. Con la décima parte de tales cifras (cifras que, de todos modos, no representan todos los casos reales, dados que se presiona a los médicos para atribuirlos a otras causas y no relacionarlos con la vacuna), en el pasado se habría detenido inmediatamente cualquier campaña de vacunación. Sin embargo, parece existir una orden política que viene desde muy arriba de que la campaña de vacunación global debe continuar sí o sí. Seguramente porque los objetivos perseguidos son políticos mucho más que sanitarios y exigen -ya veremos con qué fines- la administración masiva de una serie de inyecciones al mayor porcentaje posible de la población mundial.

Estando así las cosas, a los que desconfían, se informan y no quieren vacunarse se los llama “conspiranoicos”, “antivacunas” y “negacionistas”. Ahora toca convencer de que es urgente y esencial vacunar a los mayores de 12 años, y los medios de comunicación se aplican con celo a la tarea de martillear a los ciudadanos con alarmantes noticias en este sentido. Toca vacunarlos, a pesar de que la incidencia del Covid-19 en niños y adolescentes es mínima. Y a pesar también de que ya se sabe que existen efectos secundarios graves en adolescentes, como la miocarditis y la pericarditis. Por lo visto, existe una orden tajante de que todo el mundo se vacune, aunque ello carezca de la más mínima lógica médica. Una vez más, el miedo, la desinformación, la propaganda y la agenda política parece ser lo que prima, mucho más que la auténtica ciencia y la búsqueda del verdadero bien de la humanidad.

¿Qué es lo que está pasando? Parece claro que todo este caos tiene mucho que ver con la ingeniería social, con un plan de transformación radical de la sociedad humana global que está previsto desarrollar en la década que va de 2020 a 2030. Es el llamado “Gran Reseteo” que impulsa Klaus Schwab desde el Foro Económico Mundial. Es también la implantación acelerada de la sociedad absolutamente digital a través de la tecnología 5G y la imposición de la filosofía transhumanista. El panorama futuro que nos pintan resulta seductor, como de película, y algunos tontos útiles se lo han creído (“cuando nos convirtamos en cyborgs y nos descorporeicemos, tendremos avatares inmortales con los exploraremos los confines del universo”). Desgraciadamente, la realidad será muy distinta de este cuadro futurista. Viviremos en una dictadura tecnológica que estará implantada dentro de nuestros propios cuerpos y de la que no podremos escapar; una dictadura donde, como en el Mundo feliz de Huxley, los rastros de auténtica humanidad serán considerados como una amenaza subversiva. Además, no olvidemos aquella sentencia según la cual “Toda revolución la empieza un idealista y la termina un tirano”.

Ahora bien: de momento, todo esto queda aún muy lejos y la gran masa de la población sólo ve que “nos han dicho que hay vacunarse, así que nos vacunamos”. ¿Qué no sabemos lo que llevan de verdad las vacunas, que dicen que los imanes se pegan donde se pone el pinchazo? Bulos de los negacionistas. ¿Qué hay efectos secundarios gravísimos y en unas cifras sin precedentes? Los negacionistas siempre exageran, y en cualquier caso “los beneficios superan a los riesgos”. Hay que vacunarse y punto. Por responsabilidad. Y para poder volver pronto a coger el avión y a hacer las maletas para las vacaciones.

Lo más razonable ahora mismo: por supuesto, no vacunarse. Porque esto que estamos presenciando es una absoluta locura. Porque podemos estar avanzando a ciegas hacia el precipicio de una auténtica hecatombe, provocada por la propia campaña de vacunación (recordemos el angustioso llamamiento del doctor Sucharit Bhakdi). Y, además, porque así, con nuestro sistema inmunológico natural en buenas condiciones y no hackeado, es como estamos mejor protegidos frente a cualquier eventual infección.

*Un artículo de Antonio Martínez Belchí

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13 Comentarios

  1. ¿Un 5%? Somos muchos más. Pero claro, ¿qué van a decir los que amenazan y coartan? Que todos lo están haciendo, que no te resistas y te unas al rebaño. La población ha demostrado ser miedosa e ignorante. Prefieren existir a vivir, manteniéndose en un estado perpetuo de miedo. Pero miedo cuando les dicen que deben tenerlo, que pensar por uno mismo es mucho trabajo. La censura es cada vez más agresiva porque cada vez hay más gente cuestionando. No necesitarían vetar nada ni a nadie si tuvieran el miedo de los borregos asegurado. Los borregos hacen lo que hace el vecino, lo que ven en tv, no vaya a ser que sean diferentes, algo mal visto por la sociedad. Tiempos de guerra en la que la población no sabe reconocer al enemigo, ni sabe luchar por lo suyo. Les han quitado socializar con sus familiares, besar, reír, el sol, el aire… y les da igual con tal de seguir vivos. Malviven, existen, pero nada más. Prefieren estar encerrados años a abrazar a sus padres, abuelos, hermanos… esa gente no me da pena. Han elegido ser ridículos, paranoicos, ignorantes, oligofrénicos… son un lastre para los demás. Son gente que no aporta nada bueno. Por eso, pena ninguna por ellos. El mal que sufren se lo han buscado.

  2. En mi familia, se han “grafenado” todos, excepto yo y mi madre. Somos dos apestados, sobre todo yo al ser joven. Me quedé sin trabajo por no aceptar someterme diariamente a pcr y decir claramente que jamás me “grafenaré” y que la pandemia es en realidad una plandemia. A cada entrevista que he ido desde entonces, sale el tema de las kakunas y las pcr, y por alguna razón me resulta imposible someterme, lo intento pero mi espíritu no me deja. En mi barrio soy el único que va sin mascarilla, todos de mirar de arriba abajo y cuchichean cada vez que se cruzan conmigo, amigos ya ni tengo por la misma cuestión, me he alejado de todos al ver lo borregos que son ya que no me aportan nada bueno en la vida. ¿Y ahora qué?. No conozco a nadie que no sea pro-plandemia y redes sociales no uso para estar, al menos por ahí, en contacto con otros que no estén totalmente adoctrinados y grafenados. No sé que hacer con mi vida a partir de aquí. Y pensar que esto no ha hecho más que empezar…. ufff.

  3. Claro que si, Montagnier de esto no sabe nada, pero la becaria de trigayumbo de esto sabe un rato.

    • La reputada científica Ana Pastor, jajajaja, enfrentándose a los Nobel… No hay nada más atrevido que la ignorancia, y el amor al dinero.

  4. No estás ni estarás solo. Somos muchos los q Resistiremos hasta el final. Prefiero “ morir d Covid” a morir x una vacuna experimental. También mis familiares se han vacunado aunque les envié información, hablé con ellos,etc.Es una desicion personal de ellos y con mucho pesar he tenido q aceptar. Esto apenas comienza pero tenemos que dar LA BATALLA!! SOMOS MUCHOS MÁS LOS DESPIERTOS!!

  5. Yo he leído que sólo se ha vacunado el 40% de la población mundial. En España, por ahí vamos. Tengo dos sobrinos de veintitantos años (con dos carreras cada uno, no son tontos) que están esperando la vacuna como agua de mayo… No lo puedo creer; y yo no les digo nada, que ya se lo dije a sus padres, mandándoles los videos de dos magníficos científicos donde hablaban del error de vacunarse, y me dijeron que estaba loca. No se puede aguantar tanta tontería, me supera esta gente. que hagan lo que quieran.

    • Sinceramente, y espero no ofender a tus sobrinos, pero creo que tener estudios hoy en día solo te hace estar más adoctrinado y perder tu capacidad de pensar lógicamente.

  6. Te comprendo perfectamente. Animo. SOmo más de los que se dice. Recuerda que esto es un test de inteligencia, se verán los resultados.

  7. Ya veremos cuando todos esos borregos estiren la pata, los otros borregos que queden cojan una enfermedad de esas chungas que te postra en cama y te tiene agonizando años, quien diablos los va a cuidar? Que haran con todos los que queden vivos y sanos, que optaron por no vacunarse por ser mas espabilados? Que haran con tantos despiertos? Armenzen hasta los dientes, que lo que viene es terrible, estén preparados. Nos enfrentamos al desmoronamiento de la sociedad tal como la conocemos.

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