hombres

Ha pasado ya, más de un año, desde que fui vilmente agredido por dos individuos vestidos de policía local, cuando realizaba mi compra semanal en mi supermercado habitual. Mi “delito” fue no llevar máscara. Pese a todo, les ofrecí mi perdón, si me dejaban salir del encierro ilegal al que sometieron después. -Un día u otro comprenderéis que estamos en el mismo bando- les dije. Ellos me respondieron –Gracias pero no podemos aceptar tu oferta, pues el médico que solicitaste informó que te sangraba la boca- Temiendo ser ellos los denunciados, optaron por huir hacia adelante.

[QUÉ Va A Pasar Con La Ley De Eutanasia Y Los Recursos Ante El Constitucional]

Así pues, hace ya más de un año, que estoy esperando que me juzguen. La juez de instrucción, después de todo este tiempo, sin practicar una sola prueba, bajó la calificación a simple desobediencia ¿Desobediencia a qué? Pues a unas ridículas “medidas” amparadas por un estado de alarma que el Tribunal Constitucional ha declarado ilegal. Ahora toca que el fiscal nos traslade su escrito de acusación. Debo confesar qué, como jurista, siento cierta morbosa curiosidad por ver como ese “señor” (o “señora”) defiende lo indefendible. (He leído, por ahí, que fuimos unos nueve mil, los encarcelados por defender nuestra dignidad, por no querer ponernos un bozal ridículo, ineficaz e incluso dañino).

El caso es que hace ya más de un año que no llevo bozal (De hecho no lo he llevado nunca, salvando los cinco minutos que me lo puse, en Correos, para hacerle un favor a un amigo, y porque una cartera me coaccionó). Carteras, cajeras, enfermeras… Aquí quién más y quién menos ha jugado a ser policía, ayudando a imponer unas ridículas medidas amparadas en un estado de alarma ilegal. Pero no escribo esto para quejarme. Al fin y al cabo yo estoy sano (o como se dice ahora, asintomático) mientras que todos esos policías, con o sin placa, están muy afectados, tanto física como psicológicamente.

Dicen los psicólogos conductistas (Esos que aplican a los humanos lo que investigan en los perros) que veintiún días es lo que se tarda, más o menos, en alterar una conducta. La justicia ha tardado más de un año en declarar ilegales unas medidas que impusieron los políticos, sin contar con asesoramiento experto, según ellos mismos confesaron ¡Un año es diecisiete veces veintiuno! Ciertamente, la justicia lenta es ya una forma de injusticia, y la evidencia nos la ofrece hoy toda esa gente que sigue llevando bozal aunque nadie les obliga.

COLABORA CON NOSOTROS CON PAYPAL

6 Comentarios

  1. Un texto con mucho sentido,nos gusta,le deseamos suerte y que se anulen todas estas denuncias,y ya de paso un poco de terapia para los policías,que seguro también lo están pasando mal.

  2. La ingratitud es el destino reservado a los héroes. La miopía del hoy mal llamado ser humano, no le permite ver, lo primero, que se está autolesionando a si mismo, lo segundo, que esa persecución auspiciada por su pensamiento arrogante de infalibilidad, a la que nos están sometiendo a los que disentimos, en realidad es una persecución a si mismos. No entienden que la persecución tiene como objeto último la eliminación del elemento discordante y que ejerciendola libre y voluntariamente, no se convierte uno en mejor ciudadano, si no en el peor y más rastrero de los hombres, en un esclavo chivato y delator.

    Si algo me ha horrorizado sobremanera, dentro de esta situación de horror que vivimos desde hace año y medio, sin duda ha sido esa tentación inquisitorial que ha aflorado en tantos – queridos o no – de nuestros compatriotas.

    De perros y hombres se titula el artículo. Confieso que al principio me ha dejado un poco decepcionada, al no encontrar al perro por ningún sitio (si no me falla la memoria). Pensaba – y visto el tema expuesto – que el derrotero iría por los privilegios de los que disfrutó tan noble animal en los meses de confinamiento (composiciones mentales que se hace uno cuando le da a eso de pensar a todas horas). Pero no, resulta que iba, una vez más, de la injusticia que hoy nos cerca por todas partes. Y hete aquí que, mientras intentaba describir la naturaleza de esos que hasta ahora considerábamos hombres, ha surgido el perro que sugería el autor sin tener que nombrarlo.

    Andaba yo intentando explicar la autoagresión que sin darse cuenta se propinan a si mismos, cuando constataba que su persecución a todo el que no traga con el absurdo, es una persecución a su yo humano, a su propia conservación y supervivencia; cuando en mi mente se ha abierto paso esa imagen graciosa del perro persiguiendo su propia cola como si ella fuera algo ajeno a si mismo.

    El perro en cualquier caso, tonto, absurdo y mochales en grado sumo, sigue siendo noble “de cabo a rabo”. Este nuevo hombre surgido de las tinieblas de mentes perversas y desquiciadas de seres abominables tipo perro rabioso sanchez, es la imagen irrisoria de ese perro estúpido persiguiendose a si mismo, oliendose su propio trasero.

    Parafraseando a otro inmundo: el hombre del futuro en ciernes, “chapotea” satisfecho de si mismo y ajeno a su propia degradación, en las heces que defeca, haciéndose unos largos en su propia 💩.

    Un saludo!.

  3. Me ha hecho gracia eso de “jugar a ser policía”, porque es, justamente, lo mismo que yo he dicho siempre a las personas que me han criticado por no llevar puesta la máscara: “Lo más asqueroso es ver a unas personas de policías de otras personas”.
    Y sobre “hombres y perros” habría mucho que hablar, con tanto animalismo como hay, pero de lo que no quiero ni hablar, porque seguro que me tachan de todo por criticar a tantísima gente como hay con perrito. Ya lo escribió Thomas Mann, en su relato “Señor y perro”.
    Un abrazo fuerte.

  4. No quiero corregir ninguna de tus palabras pero sí apostillar que el perro aparece en el último párrafo del artículo: “Dicen los psicólogos conductistas (Esos que aplican a los humanos lo que investigan en los perros) que veintiún días es lo que se tarda, más o menos, en alterar una conducta”. Mi saludo también para ti.

  5. No quiero corregir ninguna de tus palabras pero sí apostillar que el perro aparece en el último párrafo del artículo: “Dicen los psicólogos conductistas (Esos que aplican a los humanos lo que investigan en los perros) que veintiún días es lo que se tarda, más o menos, en alterar una conducta”. Mi saludo también para ti.

Comments are closed.