En los capítulos cosmogénesis (I) y (II) vimos como se inicia la creación desde el “Do” hasta las unidades de carbono. Recomiendo su relectura antes de proseguir. Han pasado ya varias octavas y hoy volvemos a retomar este interesante tema, pero ahora desde una forma mucho más clara y simple, desde la perspectiva del universo de la magia. Toda creación sea del tipo que sea, comienza con un deseo. El deseo es la fuerza impulsora más poderosa que existe, por ello fue utilizada en su momento para revertir la esfera de consciencia, logrando así la ilusión necesaria para atraparnos en esta realidad. Una de las trampas más efectivas y usadas por esa ilusión para mantenerlos cautivos, es el hacernos creer que el universo es independiente de nuestra existencia, que el universo existía antes de que naciéramos, y que existirá después de que partamos. De esta forma se le da a la consciencia artificial el contexto necesario para aceptar la materialidad y finitud como algo lógico y natural de la vida. Todo nace, crece y muere siguiendo un ciclo lógico y natural, la vida se reduce a ese ciclo, donde de aquí a cien años, todo será nuevo en el planeta, y muy pocos quedarán de los que hoy habitan la tierra. De esta forma, la ilusión de vida queda plasmada y acotada dentro de unos parámetros aceptablemente controlados, donde usted tiene una (x) cantidad de tiempo para vivir y lograr cumplir sus “deseos”, que además mantienen revertida y asegurada en esta “vida”, a su esfera de consciencia.

La ciencia ya ha comprobado que todo es energía. Los átomos que conforman toda la materia, están formados por partículas subatómicas cuya masa no puede ser considerada como tal, por ser inmedible, físicamente son cuerpos energéticos, partículas de energía, solo apreciables en una colisión dentro de un acelerador de partículas. Si pudiéramos zambullirnos en las profundidades de la materia, lo que veríamos en una primera escala nano-microscópica, sería muy similar a ver el cielo estrellado en una noche despejada. Millones de estrellas separadas por un inmenso espacio de supuesto vacío. A medida que siguiéramos avanzando esas estrellas se convertirían en átomos, sistemas solares completos, con su núcleo (el sol), y sus electrones, (los planetas). No distinguiríamos en ese momento el cuerpo de la materia que lo compone, solo veríamos parte del universo correspondiente al átomo, que forma parte quizás de la célula, que forma parte de la epidermis del dedo índice apoyado en el teclado que escribe estas líneas. Apenas hemos hecho una parada nanomicroscópica ―la más cercana a la materia― y ya no distinguimos la totalidad de la verdadera realidad, solo percibimos la realidad subjetiva del observador situado en un punto del espacio de algo llamado materia. 

Ahora bien, habiéndonos expandido mentalmente hasta ese punto de consciencia, y partiendo desde la observación y percepción desde el átomo, podríamos presuponer que en cada núcleo (sol) y sus dos componentes ―protón y neutrón― exista también otro universo de partículas subatómicas (quarks) cuya composición energética y visual sea también muy similar al cielo estrellado del comienzo de esta historia. La pregunta es: ¿Qué hace la diferencia entre el cielo estrellado del núcleo energético del átomo, y el cielo estrellado sobre nuestras cabezas de esta realidad material? Y la respuesta es… la consciencia. Sin la consciencia no habría diferencia entre materia y energía. Claro que ahora estamos en el pantanoso terreno de lo filosófico y especulativo, porque… ¿Cómo comprobamos científicamente la existencia de la consciencia? Y la respuesta para salir de la filosofía y entrar al campo de la realidad es muy simple, pero rotundamente negada por la ciencia: La consciencia se comprueba por la previsibilidad de la materia. ¿Qué quiero decir con esto? Que un olmo no da peras. No porque el olmo sea consciente de si mismo, sino porque la energía que compone la materia que forma al olmo, es la que posee dicha consciencia. La energía es consciencia, todo es consciencia y energía. Y si la energía no fuera consciencia (llámele ADN o como quiera), el olmo daría peras, y mañana quien sabe que otra cosa.

La magia de la cosmogénesis, desde su inicio (Fuente) hasta su resultado (vida), está en la consciencia de la energía, producida por el deseo de la creación. Nosotros, producto secundario del proceso, tenemos las mismas reglas y capacidades para crear nuestra propia cosmogénesis, pero antes tenemos que saber tres cosas: primero, que todo el universo se encuentra en el núcleo de un átomo de hidrógeno, es decir un átomo formado por un protón, un neutrón y un electrón, la triada energética de la vida. Segundo, que el universo se adapta a la esfera de consciencia según esta vibre aquí o allá. En esta existencia o en la del otro lado, el universo los acompañará, ya que se irá con ustedes del otro lado de la cinta de Moebius, adaptándose a su esfera de consciencia. Aquí quedarán otros universos de los que aún pertenecen a esta realidad, de no mucho más de cien años de existencia, esperando partir con sus respectivas consciencias, sean Lhumanus, o de cualquier otra especie, para seguir la cosmogénesis de la Fuente hasta su parada final, y tercero, que el universo no es independiente de su existencia, el universo es usted y solo hace falta que sea consciente de ello para comenzar su propia cosmogénesis, aquella que obra milagros por la magia de conocer el secreto de la vida, como hizo Viktor Grebennikov con su plataforma o Edward Leedskalnin con su “Castillo de Coral”, haciendo posible lo imposible.

Queda en usted ser olmo y no dar peras, o ser consciencia y dar universos. La elección es muy simple, la forma también, pero para comprenderlo usted no tiene que mostrar el video de magia, usted tiene que ser el video de su propia magia, y dejar de ser espectador para pasar a ser director y protagonista. Desee ser y será energía, desee no ser y será materia, pero si desea crear, será consciencia y creará universos. ¿Antagónico, ¿no?  el creador es lo creado.

Lección de magia n.º 6:  El castillo de coral (Florida – EEUU)

 

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1 Comentario

  1. La astrofisica es una religion luciferina basada en dogmas indemostrables. La ciencia verdadera, observable, medible y repetible nos indica que vivimos en un plano.
    Adoro este periodico, pero creo que no comprenden que todo esto es una mentira tan grande o mas que el propio covid.
    Son las mismas personas las que sostienen ambos engaños.
    Se que es dificil aceptar la REALIDAD ante nuestros ojos, sobre todo para quien halla dedicado su vida a esta mentira sin saberlo.
    Como puede una persona comprobar que lo que se dice en este articulo no es un gigantesco invento?
    Muy facil, observen a Polaris, comprueben como megalitos de miles de años de antiguedad siguen demostrandonos que tenemos el mismo cielo nocturno que siempre hubo.
    Usen mangueras de nivel, giroscopios, laseres, astrolabios, globos a gran altura y demas herramientas que nos demuestran que por mas imaginacion que le pongan a las cosas la tierra es plana y estacionaria.

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