burla

Hace apenas unos meses, todo eran temores, sudores fríos y catástrofes anunciadas, mas por arte de birlibirloque, y haciendo abstracción de tantos elementos desatados, estamos en plena temporada. Y, todavía nos quedan Madrid y Sevilla. Tanto monta.

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Por primera vez en la historia, Las Ventas y la Maestranza, van a echar el candado, si no tirando la casa por la ventana, sí al menos, tratando de recuperar el proustiano tiempo perdido. En realidad, no ha sido perdido, sino hurtado vilmente.

No sé cómo nos las gobernamos las gentes del toro, pues teniendo una querencia descarada al anarquismo y a la falta de solidaridad entre nosotros, siempre terminamos por salir a flote. Cierto es que no todos, algunos pagan con su ruina y otros, con su sangre, pero teniendo todo en contra, aquí seguimos. Con censura, con medidas absurdas, abusivas y humillantes, con mofas, con robos y mil agravios más, pero seguimos en la brecha.

Siendo honestos, tenemos que reconocer que esta es una de las peores, acaso la peor, garita en donde hemos tenido que hacer guardia, en el consuelo de tontos sabemos que no hemos estado solos, nada menos que todo el planeta está en almoneda. Me disgusta enormemente, que los españoles seamos tan pacatos y estemos tan alienados y no salgamos a la calle, gritando ¡basta ya! Pena dan los alguacilillos abriendo plaza con bozal incorporado, toreros y demás protagonistas teniendo que lucir tan humillante prenda. Lo del público, es notoriamente una muestra inequívoca de mansedumbre. Nos quejamos cuando por chiqueros sale un toro timorato y demasiado dócil, pero nosotros, estamos haciendo gala de unas maneras que merecen banderillas negras. Y encima, presumimos de ser respetuosos con las normas, que cumplimos como probos ciudadanos, que somos irreprochables, pamplinas, somos un público muy bien amaestrado. Tan amaestrado, como el resto de nuestros conciudadanos. Desconozco cuál es el nivel de contagio de la dichosa plandemia, que se ha podido dar en cualquiera de las plazas de toros que han programado corridas, pero me atrevo a augurar que entre cero y ninguno. De ahí que lamente lo pastueños que somos. Menos lobos pues, a los aficionados, entre los que me incluyo, por supuesto.

Todavía recuerdo cómo en Vistalegre, una celosa empleada, nos separó a mi hija y a mí, alegando no sé qué peligros para la humanidad. Sólo le faltó afearme el hecho de llevar a mi retoña a un lugar tan denigrante. Y nosotros, tan sumisos reculando hacia las tablas, de forma harto preocupante.

Tampoco el cámara de Canal Toros, supo convencerme cuando le pregunté por qué alejan la muerte y agonía del animal con un zoom tan lamentable. Me dijo, no sé qué de la sensibilidad y las decisiones de la alta dirección. Puse tierra de por medio y no hubo nada. Era un mandado, como yo, como usted y tan servil como yo o como usted.

El caso es que todavía le queda hilo a la cometa y seguiremos bregando, humilladitos y sin hacer muchos aspavientos, no sea el caso que nos señalen (que nos sigan señalando), por nuestra continua exposición a escenas sangrientas que, naturalmente son perjudiciales y provocan en nosotros deleite en la crueldad y placer sádico.

Como diría Charlie Hebdo:Je suis Morante”.

*Un artículo de Bienvenido Picazo

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