septenios

Hoy tomo al siete como referencia ya que, como todo el mundo sabe, septenio es un periodo de 7 años, un número que algunos consideran “mágico”, aunque no sé si llegará a tanto, sino más bien “trágico” después de ver lo que significó para España este siglo –consecuencia, en cualquier caso, de los últimos 30 años del anterior, en los que se olvidaron los 30 primeros–, pero sí que es un dígito de marcado carácter simbólico y, especialmente, muy presente como número bíblico. Ya, Pitágoras decía que era un número perfecto, Dante lo usaba en sus obras y la Biblia lo nombra con frecuencia y lo mismo se abre para englobar las “Siete Maravillas del Mundo” que encierra los “Siete pecados capitales”, también bastante olvidados, por cierto, las unas y los otros.

[Llaman Negacionista A La Actriz Miriam Díaz-Aroca Solo Por Respetar A Quien No Quiere Vacunarse]

Cierto que en lo que va de siglo XXI llevamos justo tres septenios, aunque no voy a tomar esos periodos tal cual y de forma correlativa, sino que voy, de momento, a prescindir de los primeros tres años y, por añadidura, del último año del pasado Siglo XX –el año 2000–, que supuso la mayoría absoluta de José Mª Aznar. También, que casi todo lo que vendrá a continuación será de sobra conocido por muchos, pero no me importa repetir lo que debería estar siempre presente en los españoles que lo vivimos y en las generaciones posteriores, por ser, en buena parte, causa de no pocos de los despropósitos de hoy, aunque no sólo vengan de ahí sino que más de otros tres septenios anteriores tuvieron su parte de culpa, pero escrito está en otras reflexiones y no quiero ir tan atrás para centrar un poco más el tiro, pero vuelvo a traer la conocida frase de Ruíz de Santayana: “El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”.

Para la reflexión que quiero hacer voy a tomar tres septenios, no exactamente consecutivos, insisto, sino con parte de sus años compartidos en los dos últimos. Concretamente, mi breve análisis va a centrarse en los periodos 2004/11, 2011/18 y 2014/21, tres septenios al fin y al cabo pero, como decía, con ese particular periodo 2014/18 que, en el final del segundo y el principio del tercero, condicionan especialmente los tres últimos años, 2018/21 y, esperemos, no muchos más por el bien de España y de los españoles que queden –o quedemos– después de este nefasto trienio que se completaba el pasado martes, tercer aniversario de la llegada al poder del ya, sin duda, “consagrado” como el peor gobierno desde la transición, agudizado por los efectos de la crisis del COVID19.

El primero de los septenios, 2004/11, se inicia como todo el mundo sabe tras la manipulación del terrible atentado del 11 de Marzo –192 muertos y más de 1.500 heridos y mutilados– por parte del Partido Socialista Obrero Español –cómo no–, promotor entonces del asalto a la sede del Partido Popular, en el que comenzaba sus pinitos públicos un todavía desconocido joven con coleta “de cuyo nombre no quiero acordarme” –que llegaría nada menos que a vicepresidente segundo del gobierno en el último año del tercero de estos septenios– y la inobservancia de la jornada de reflexión de las elecciones generales convocadas para el 14 siguiente –que el citado Sr. Aznar no se atrevió a posponer–, por el entonces cerebro del partido del puño y la rosa, un tal Alfredo Pérez Rubalcaba (q.e.p.d.): “España merece un gobierno que no mienta”.  No se sabe, por ahora, si hubo algo más que manipulación –indicios de que pudo haberlo, sí los hay– de ese atentado sobre el que “Los españoles no están preparados para saber la verdad”, que decía el juez Javier Gómez Bermúdez, instructor del juicio, pero con este atentado llega al “gobierno” José Luis Rodríguez Zapatero, que en sus siete años de permanencia consigue dejar a España en la ruina, económica, social e internacional, hasta entonces. Su nefasta “herencia” legislativa, que empezaba por derogar o retroceder lo que recibía de la legislatura anterior –una característica de la izquierda que nunca lleva a cabo la derecha, que se limita a parchear los “pinchazos” recibidos–, nos deja una serie de “avances” progresistas entre los que, sin ánimo de ser exhaustivo, destaco estos: Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género que, para empezar nos introducía uno de esos términos de perversión del lenguaje, otra característica de la izquierda para, desde la victoria de esa batalla del lenguaje, ir avanzando en la de las ideas, su propósito final; Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio, que establece el matrimonio homosexual –tampoco se atrevió Aznar con su demanda de igualar sus derechos–; Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE) –siento ser tan repetitivo, pero la LOCE de Aznar se quedó para “mejor” momento tras 8 años y pese a su mayoría absoluta–; Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, algo ya establecido en el Art, 14 de la constitución de 1978, pero ahora con una vuelta de tuerca hacia el feminismo que poco a poco se iba imponiendo en la sociedad desde los planes de educación nunca reformados por el PP; Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, más conocida como Ley de Memoria histórica, selectiva para un bando, el perdedor de la Guerra Civil de 1936/39, que reabría heridas y resucitaba las dos Españas de Antonio Machado –esta vez fue Mariano Rajoy el que no se atrevió a derogarla–, destapando una caja de los truenos que hoy apunta a repetir la historia por parte de los mismos que provocaron entonces el conflicto; Ley 2/2010, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo –que ahí sigue–. Todas con un sesgo tendente a modificar la moral ciudadana desde la abolición de los elementos básicos del humanismo cristiano, el hombre y la familia, objetivo comunista.

El segundo septenio, 2011/18, tiene en mi opinión dos fases muy diferentes de gobiernos del Partido Popular, a cargo de Rajoy, que llega con mayoría absoluta tras el avance en esa línea de las elecciones autonómicas de Mayo anterior y lo convierten en el político con más poder territorial desde la transición, aunque más por el hartazgo de los españoles tras las ruinas antes mencionadas del nefasto ZParo que por méritos propios, pero se abría la esperanza. Una primera, 2011/15, en la que de la ilusión de casi once millones de españoles se va pasando a la decepción de cuatro, que a punto estuvo de provocar un cambio de gobierno de no ser porque el estrepitoso fracaso del PSOE de Rubalcaba en 2011 y el de su sucesor, Pedro Sánchez, en Diciembre de 2015, que todavía ampliaría seis meses después, no lo propiciaron y los nuevos partidos surgidos a derecha –VOX, que desapareció entonces–, centro izquierda –Ciudadanos, que absorbió la parte moderada del PSOE– e izquierda –Podemos, que fagocitó a Izquierda Unida–, desde el fracaso de los dos grandes partidos, no sumaron lo suficiente. Una pequeña pero “suficiente” recuperación del PP en Junio de 2016, permitió recomponer el gobierno de Rajoy que, como ya he escrito otras veces, se equivocó a mi juicio no convocando unas terceras elecciones que, seguramente, le habrían dado mayor estabilidad tras el comprobado nuevo fracaso del PSOE y la posterior expulsión, del cargo de secretario general, que no del partido –craso error de la gestora que lo sucedió–, del que ya había dejado muestras de que los principios no existían y la falta de escrúpulos y su ambición egocéntrica desbordaban cualquier atisbo positivo. La segunda fase, 2016/18, de manifiesta debilidad con el nacionalismo catalán, ya apuntada en Noviembre de 2014, y rematada con la falta de autoridad tras el corto pero auténtico golpe de Estado del fugitivo Carlos Puigdemont y parte de sus rebeldes, unida a la vuelta del expulsado socialista, que se impuso por escaso pero suficiente margen a la “Sultana” andaluza, Susana Díaz, dispuesto a venderse a todos por su ambición, auguraba los peores presagios.

El tercer septenio, 2014/21, del que los cuatro primeros años han quedado resumidos en el anterior, está consiguiendo en los últimos tres, 2018/21, el cumplimiento de esos presagios que citaba, en una realidad que muchos no quisieron ver en las dos elecciones generales de 2019, en las que la división de ese invento de unas falsas “tres derechas”, que a dos de ellas –Ciudadanos y VOX– le interesaba alimentar y el impulso desde los medios de comunicación, la mayoría altavoces del PSOE al que la división le venía que ni pintada para sus intereses y dos, “alimentados” por el despecho hacia el azul y el “patrocinio” verde del rescatado desde la Moncloa para tal fin, se tradujo en la reedición, 84 años después, de un nuevo frente popular que nos devuelve al recuerdo de los más tristes años de nuestra historia y a superar los peores récords de las crisis social, económica y de desprestigio internacional en los que nos había dejado el anterior desastre socialista del nieto del que colaboró con el General Franco en sofocar el golpe de Estado socialista de 1934 en Asturias. Parte de la historia se repite y otra parte podría hacerlo si no se impide que siga el más mentiroso, traidor e irresponsable “presimiente” que, desde la “morcilla” judicial y la posterior mentira: “Presento la moción de censura para convocar elecciones generales lo antes posible”, el plagio, el derroche, la reunión de gente tan desalmada como él o incompetente y el abuso de poder –por no extenderme en más “méritos–, está haciendo menos malo al asesor bolivariano al que clona.

Y así hemos llegado al tercer aniversario de la llegada al poder de este sátrapa, cuyo asesor nos ha dejado una perla de sumisión heroica: “no dudaría en tirarme por un barranco, por él”, que se comenta sola y dejo a la imaginación del lector las sugerencias de posibles barrancos.

COLABORA CON NOSOTROS CON PAYPAL

2 Comentarios

  1. Brillante artículo que suscribo totalmente.
    Mis felicitaciones, al autor y al medio.
    Y de modesto tertuliano, NADA, que es usted muy brillante, y da gusto oírle o leerle.
    La única duda que tengo es la siguiente:
    ¿Ustedes creen que España PODRÁ SOPORTAR SIETE AÑOS MÁS CON LA ÉGIDA DEL LOCO ESTE DE PERRO SÁNCHEZ…?
    Yo, NO.

  2. Buenos días. Felicidades a D. Antonio de la Torre, por el artículo. En mi modesta opinión, se ha pasado muy por encima un personaje , al que las circunstancias de cambio acelerado en Europa, le sirvieron para alzarse como un histórico en la exaltación de los valores patrios y en el relanzamiento de la economía española. Así cómo, durante sus primeros cuatro años de legislatura, tuvo más aciertos que errores, pues los vientos que soplaban le sacaron del pairo, los cuatro siguientes y tras sus aciertos, parece ser, se le subieron a dónde no debían y las decisiones dejaron de ser acertadas, sin hacer recuentro de éstos, ciertos es que marcaron de forma destacada, la decisión de los votantes, a pesar del 11 M, que no hizo más que agudizarla. Su sucesor, tampoco es que fuera el más indicado, entre los que parecían entonces , candidatos más idóneos y situaciones a parte, lo demostró tristemente. De su esplendido artículo, saco una conclusión no se si acertada, pero tras el periodo Aznar e incluido éste, la izquierda lo ha tenido realmente fácil, no ya por su maquinaria manipuladora, de todos conocida, tampoco por sus políticas populistas, sino por los desaciertos, complejos, cobardía y en muchos casos, falta de coherencia entre el dicho y el hecho del PP, que se lo ha puesto en bandeja. Esto seguramente , ha dado pie al alzamiento de VOX, el cual y cómo me ha parecido entender, ha sido de gran utilidad a la izquierda para el cuento de Pedro y el lobo y el divide y vencerás y que el PP de Casado, se ha apuntado al carro.

Comments are closed.