empatía

Adaptando el pensamiento de grandes pensadores a lo que nos pasa hoy en día en España y de igual manera en gran parte del mundo, teniendo en cuenta que la repetición de los errores del pasado, es presente; les recomiendo que lean a Hobbes y sus ideas sobre la moral, por cierto, algo sencillo de describir para él ya que creía es un sentimiento propio e individual de carácter egoísta. Y del mismo modo, también les invito que lean a Hume y su manera de interpretar lo que para él significa la empatía y lo que ella provoca en nosotros.

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Sobre lo de no aprender de los errores del pasado no vamos a descubrir nada nuevo a estas alturas, salvo poner nombre y apellido a los responsables de los nuevos fracasos a los que vemos asistir a la política española. Asuntos enquistados como el proceso catalán, o la desigualdad social tan en boca de nuestros actuales dirigentes desgraciadamente no son novedosos, de hecho los padres de la constitución ya lo vieron venir cuando la desarrollaron basándose en la doctrina de intelectuales mucho más anteriores a ellos. Y los acontecimientos que han ido haciendo subir de temperatura ambas cuestiones desde entonces hoy tan de moda, no son sino el resultado de las reinterpretaciones del mismo texto constitucional blindado en sí mismo para no poder ser reformado fácilmente y digamos además, que gracias a Dios y a su pericia. Por esto mismo estoy en condiciones de afirmar que gracias a la Constitución, España es así; es decir, una descosida agrupación de odio y venganza bien identificada acotada bajo el amparo de lo que fue la vieja Castilla.

Un país que soporta un esqueleto estatal elefantiásico fruto precisamente de esa desigualdad territorial que a base impositiva ha desarrollado de forma artificial esa supuesta igualdad ante la Ley, gracias a los diferentes estatutos de autonomía bajo los cuales se permite todo, incluso aquello que el propio estado central recomienda muy a su pesar, sabiendo que las competencias ya no son suyas en tantas cuestiones que casi lo hace en ocasiones hasta innecesario. Esta percepción es la que machaconamente nos han vendido las elites progresistas, alineándose al nacionalismo más salvaje y repugnante que muchos no conocían hasta hace unos pocos años atrás, en tiempos de Rajoy y Arturo Mas, pero sin duda los más mayores saben que las piedras y el fuego que quemas las calles, son peccata minuta si lo comparamos con las bombas y asesinatos perpetrados en nombre de la libertad enfermiza de los secesionistas e independentistas.

Leía un artículo de un antropólogo de la Universidad de Burgos que afirmaba que la pirámide de población en nuestro país tenía forma de “V” y que la capa superior, era muy preocupante puesto que los mayores de 65 años se cuentan en más de nueve millones de personas. Concluía en autor afirmando que la ultraderecha en España está creciendo debido a que ese estrato social mantiene en su memoria principios y valores de épocas anteriores, donde según él,  la calidad democrática era de peor calidad lo cual, le servía para justificar tal afirmación. Claro está que contesté dirigiéndome al periódico que lo publicó -el Diario de Burgos- a través de Twitter, que es de donde lo saqué para que me explicaran, cómo es posible que el arraigo antidemocrático haya calado tanto en los nueve millones de sexagenarios españoles y no, en el resto de la población. Porque si las ideas y comportamientos según el autor de pésima calidad se corresponden a la edad ¿Cómo es posible que los cachorros o también llamadas nuevas generaciones de nacionalistas y antifascistas, hayan heredado quizás también según su punto de vista las ideas y valores de lo mejorcito de cada casa? Es decir, el odio intrínseco a España reflejado en sus actitudes totalitarias vistas y plasmadas en los gobernantes de Cataluña y el País Vasco históricamente y desde hace poco, también en la Comunidad Valenciana y Baleares.

Si partimos de la base de que la vieja Castilla es culpable estaremos interiorizando las teorías marxistas que de manera orwelliana culpabiliza al camino más recto, a los bien nacidos, en definitiva, a los que luchamos por mantener una moral digna y carente de odio al diferente, respetando su idiosincrasia sin matarlo por ello.  Pero sufrimos un Gobierno que defiende que indultar a los criminales o hacernos a todos más pobres fortalece al Estado. Su Estado, gestionado temporalmente por ellos, una elite de indocumentados con ínfulas de reyezuelos carentes de escrúpulos que  se atreven a rebautizar al delincuente Oriol Junqueras como “el Mandela español”, simplemente por ir en contra del país del que vive. Es obsceno pensar así y más aún defender esas tesis desde el Gobierno de España asumiendo que ese planteamiento aplacará la sed de venganza, de aquellos que tienen la mirada inyectada en sangre nacionalista, sectaria y hasta racista diría yo.

Sánchez y sus asesores pretenden aplacar la sed, con más financiación para la Generalidad al amparo de que las dos principales fuerzas independentistas en Cataluña han firmado un pacto que deja fuera el valor de la carta de Junqueras, el cual habla por sí mismo  y no por boca de su partido, la Esquerra republicana, “matacuras” y “violamonjas”. Ya han avisado los de Puigdemont que la vía unilateral está firmada. Lo cual demuestra que el problema es simplemente, el manejo y control de los dineros públicos ahora en manos de los republicanos de izquierda radical.

Sin duda es necesario la aplicación de la Constitución tal y como fue diseñada para estos casos sin necesidad de retorcerla conceptualmente como hace este Gobierno. Por eso defiendo a capa y espada la aplicación -de momento- para Cataluña del artículo 155 ya per secula seculorum y el consecuente desmantelamiento de la administración separatista e inhabilitación de todos sus cargos al amparo de la Ley y quien no esté conforme, que se largue…

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