Escandinavia

No cabe hacer reflexiones suficientes sobre las medidas anti-covid impuestas, entre las cuales la más draconiana y anti-humana, probablemente, habrá sido la de la imposición del uso de las mascarillas al aire libre.

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No es que solamente se está atentando al derecho a respirar aire libre, cosa la cual jamás en la historia de los seres humanos se le había privado a nadie, sino que, y para empeorar las cosas, las exenciones al mandato fueron prácticamente nulos y en todo caso escasos.

En otros países, como aquí desde donde se escriben las presentes líneas, la imposición de mascarillas al aire libre jamás existió, y tampoco somos alienígenas. Los pueblos de mayor población cuentan con una densidad por metro cuadrado bastante intenso y el factor contagio nunca llego a ser una problemática de imposible superación.

Es más, aquí en Dinamarca, aparte de nuestros vecinos noruegos y, por supuesto, nuestros vecinos de Suecia, jamás llegaron a implementar la norma del uso de las mascarillas en interiores como una obligación sin exenciones – salvo por discapacidades en porcentaje superior a… -. La realidad de la imposición en Dinamarca conto con la posibilidad tan sencilla y prevista por la normativa de poder decir “Fritaget (exento, librado, extenuado, exonerado o etc)” frente a lo cual las autoridades NO te podían imponer multa y NISIQUIERA te podían exigir que demostraras la razón por la cual estabas exento de la imposición antihumana. Simplemente ha bastado, en los centros comerciales, los bares o los restaurantes, decir “fritaget”, y consiguientemente por la legislación danesa se te exoneraba del uso.

La razón principal de la exoneración, descrita en la norma – aparte de la evidencia científica que demuestra eficacia del 0,3 respecto a su uso que prácticamente es irrisorio sopesando y haciendo balance con las perdidas en vida social y, por supuesto, también salud, ya que las mascarillas tienen consecuencias secundarias muy pero que muy negativas – se cenia al hecho de que ciertas personas sufren con la respiración y tienen dificultades de índole psicológica al llevar la mascarilla. En tales casos, siendo causa suficiente invocar la palabra “fritaget”, la consecuencia jurídica sería la legítima exoneración del uso.

Y frente a esto nos preguntamos ¿y como no”? Como es posible que esto no ha sido una posibilidad con respaldo normativo, para incluirla como causa de exención en la norma – caso de España – ¿Si sabemos que para algunas personas se puede producir dificultades taparse la boca con tela, o que el mero hecho de ver a otras personas llevar la mascarilla enciende una alarma en nuestra parte reptiliana del cerebro que puede causar temor, como es posible que no hemos contemplado la exención debida?

Para presuntamente solucionar el problema de un virus que tiene una tasa de letalidad del 0,1 porciento – los cálculos reales demuestran una hiperinflación exagerada respecto al número de contagios y muertes -, ¿vamos a imponer medidas antihumanas con las correspondientes consecuencias psicológicas negativas, sin ponderar el principio de proporcionalidad entre daño de la medida y daño que se pretende evitar?

Todo esto jamás se contempló en la medida española correspondiente al panal de boca, tanto como en muchos otros países, respecto esta medida realmente “global” – por primera vez hemos sentido la repercusión de un hipotético gobierno mundial –. Ahora que le medida anunciada por el presidente de turno se acaba de publicar, conviene hacer una reflexión sobre la sociedad en la que queremos vivir. La complaciente que nada exige, o la escéptica que nada se traga, que son los dos y únicos tipos de ciudadanos que podemos contemplar de cara al futuro. Yo sé de que lado me posiciono.

*Un artículo de Christian Gefke

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3 Comentarios

  1. Un atraco a la libertad. Un golpe de estado en toda regla. La pasividad de algunos países, es vomitiva.
    La rana cocinándose y ni se entera.
    ¡¡ Ni los tiránicos, pensaron que fuera tan fácil!!

  2. Y yo.

    Pero vamos, que no soy ni más lista, ni más guapa que nadie, eso sí, más perspicaz sin duda. Más lógica también, y es precisamente la lógica y no la suspicacia (que también podría ser, a veces ni yo misma me conozco) lo que me ha posicionado en el lado de la desconfianza plena.
    Creo sinceramente que no es paranoia lo mío y sí pura lógica aplicada: no se fía uno de quien ha demostrado no ser de fiar. Y en esto es en lo que basé mi esfuerzo para intentar disuadir a mi entorno rojo, de su segundo voto al miserable y rastrero Pánchez. Con el primero ya lo intenté, pero no tenía más pruebas que mi intuición, con el segundo ya estaba clara la inconveniencia de votar a un ser tan mentiroso como inútil. Ahora que ya es directamente perjudicial, ni lo intento, porque obviamente les pesa más la ideología que el propio instinto de conservación y supervivencia. Sea pues el destino que han perseguido, no se puede salvar a quien no quiere ser salvado. Y aquí, en este punto es donde se me desgarra el corazón y entro en el mismo estado absurdo que ellos, “pues no quiero ver” y deseo con todas mis fuerzas que estemos equivocados y lo de quedar como una estúpida me la trae sin cuidado.

    Sufro, sí, sufro mucho por 2 motivos: 1) por no haber sido capaz de convencerle, 2) por la posible materialización de mis temores.

    No hay que odiar nos dice nuestra común doctrina cristiana, pero cómo no odiar a seres tan despiadados?. Les odio sí, y no me avergüenzo de ello porque ni aún pagando con su vida miserable todo el daño hecho, me quedaría la sensación de reparación. Nos han llevado al límite y han convertido nuestras vidas en rotas. Nos han robado la felicidad, la tranquilidad y la seguridad; nos han robado todas las certezas (engañosas sí, es cierto) menos una: que “no somos nadie”. Ahora he entendido por fin la frase en los entierros que tanto me irritaba de joven. Yo creía que era tan solo una fórmula para salir del paso, porque, qué le dices a alguien ante tamaña pérdida? Pero no, ahora he entendido que entrañaba algo más: una humildad emanada de esa sencilla sabiduría que ostentaban nuestros viejillos. Ahora nos han quitado ambas cosas: a nuestros mayores y su humilde y profundo respeto por la muerte. Hoy, toda esa gente que no se enfrenta a la suya propia, aplaude desde su balcón al ángel de la muerte – como creyendo ahuyentarlo con gesto tan banal – mientras recela de su propia lógica y la de los demás, en una suerte de beatismo reeditado ante la inmensidad que los desborda, abandonado por completo el criterio y el más mínimo sentido común.
    Lo han conseguido, pase lo que pase han triunfado en su objetivo de dividirnos, porque en adelante nada volverá a ser igual. Hemos descubierto – muy a nuestro pesar – lo que sospechábamos pero no queríamos admitir: estamos rodeados de esa gente “que está en el mundo porque ha de haber de todo”. Hasta ahí no pasa nada y nada nos dolía hasta hoy que hemos descubierto que esa gente que “despreciábamos” en genérico, son los nuestros.

    Quienes desde el minuto uno de toda esta performance, vimos la perversión en cada aplauso, en cada pastel compartido, en cada resistiré, tenemos que digerir a un tiempo nuestro amor y nuestro odio hacia ellos en esta dualidad tan humana, en esta dicotomía dolorosa de elegir defendernos o atacar. Nos han puesto en esa cruel situación de tener que elegir entre tú y tu ser querido, o entre un ser querido u otro, como en aquella película (el séptimo sello) donde el señor le daba a elegir a la pobre mujer entre matar a su esposo o a su hijo.

    Se han cubierto de “gloria” que se dice, pero la peor de sus “hazañas” sin duda, ha sido robarnos la fe en el ser humano, y ésta en adelante mientras nos quede vida, será imposible recobrarla.

  3. Excelente comentario.
    Se nos ha robado, nuestra vida. Desgraciadamente, ya nada volverá a ser como antes. Es un asco vivir en éste mundo, creado y forzado por esos malignos enfermos esquezofreni os. Han triunfado en sus maquinaciones.
    ENFRENTAR LAS MUCHEDUMBRES IRRACIONALES CONTRA UNOS POCOS HUMANOS COHERENTES.
    Mientras ésto ocurre, se frotan las manos y nos bombardean con las Alfa, Beta y Gama.
    Así estarán hasta llegar a la cifra estipulada de exclavos útiles. Quedan unas pocas semanas de libertad ficticia. Aprovechen cómo salir de ésta maraña, después ya será tarde.

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