ser

Si el capítulo anterior hubiera sido un examen final, la mayoría lo hubiera reprobado. Si bien respondieron al llamado de forma masiva y cada uno a su manera, la interpretación y el análisis del porqué lo hicieron, fue mayoritariamente erróneo. Muy pocos leyeron e interpretaron con su Ser el mensaje y la finalidad de la llamada, la mayoría lo hizo con su ego y la consciencia artificial. Se notó la duda y el miedo a la acción de algunos y también la justificación de sus “yoes” para no tomar un compromiso que los expusiera ante aquellos que no opinan como ustedes y que todavía son sus referentes. La ceguera causada por la manifestación de sus distintos “yoes”, no les permitio percatarse de los cambios de texto del capítulo y de los párrafos agregados, como tampoco comprender la finalidad del mensaje. Dije muy claramente:

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“Convoco a todo aquel que tenga los conocimientos necesarios en cada materia, tema y área, para estudiar, desarrollar y exponer, las comprobaciones científicas de lo aquí expuesto, para poder ser utilizadas por quien quiera para el desarrollo interior y exterior del hombre, para el bien del prójimo y de la humanidad”.

En ningún momento dije que se comprometieran de forma diferente a lo que lo están haciendo o que se expusieran de alguna manera, solo que actuaran desde sus posibilidades. ¿Quién se hizo cargo?, Nadie. A la mayoría de los que iba dirigido le temblaron las piernas de solo pensar en tal compromiso. Indudablemente no hay espíritu investigador entre los profesionales participantes o su falta de confianza de que en realidad pueden más de lo que les dijeron, los frena y limita. Los demás solo se responsabilizaron de algo que supuestamente ya están llevando a cabo desde hace tiempo y se los agradezco, pero no era el propósito. Igualmente, la propuesta sigue abierta, y solo tienen que comunicarse y transmitir sus intenciones o investigaciones y serán publicadas. Toda esta confusión y falta de compromiso tiene que ver también directamente con el Ser, y de él hablaremos hoy tratando de comprender su verdadera naturaleza y cómo tiene que ser usado para decidir y discernir sus actos.

El camino de la cinta de Moebius no es un curso de autoayuda, tampoco una clase de filosofía, ni un compendio de información y conocimiento esotérico. El camino de la cinta de Moebius es eso, un camino, donde lo que importa es el viaje y no el destino. Si el camino es recorrido correctamente siguiendo y respetando las señales, y el viaje se disfruta observando sus paisajes. Pese a todos los inconvenientes, percances y tormentas que puedan distraer nuestra atención, seguramente lleguemos a destino amarrando en el puerto que nos corresponde, y habiendo cumplido el propósito por el cual iniciamos el viaje. Pero para que esto sea así, el navegante y capitán de la nave, tiene que ser indefectiblemente, el Ser. Ahora intentaremos sumergirnos en las profundidades del hombre y la realidad general, tratando de comprender y conocer la naturaleza de tan maravillosa creación. Como el Ser es adimensional, y no podemos “elevarnos” a su plano para comprenderlo y estudiarlo, intentaremos “bajarlo” al nuestro, y analizarlo desde la tridimensionalidad acotada de esta realidad. Les recomiendo suma atención, pues el tema será tratado mediante analogías, así que no se confundan dándole a este atributos y características que solo le pertenecen a la materia tridimensional.

Como ya sabrán, el Ser fue creado en el choque (fa-mi), en la primera octava descendente de creación. La vida consciente en el universo era necesaria para mantener en curso la octava y que no entrara en recurrencia sobre si misma. Antes de la creación del Ser, la única vida consciente que existía era el “Do”. Tomaremos como analogía que el Ser es para el “Do” lo que las unidades de carbono (UdC) son para el Ser, o sea, LA TRAMA SAGRADA[1]. Si el Ser es el enlazado a una serie de UdC (49) en el entramado espacio-tiempo, el “Do”es el enlazado a una serie de Seres (300.000) en el entramado espacio-consciencia de este universo, de los cuales 156.000 pertenecen a la octava del Demiurgo y 144.000 a la octava del “Do”. Tengan en cuenta que estoy hablando de Seres y no de UdC, en el caso de las UdC se tendría que elevar 49 a la séptima potencia[2], para tener una idea aproximada de la cantidad total de enlaces. Podríamos definir entonces al Ser como las unidades de luz (UdL) del “Do”. En su composición molecular, el Ser está formado por energía electromagnética, luz vibrando a una frecuencia muy alta, muy superior a los rangos conocidos, a tal punto que su característica adimensional le es dada por tan alto nivel de vibración.

Su genética está dada también por su jerarquía, que es además la más alta de este universo: 33 pares de cromosomas forman su ADN distintivo, y este número representa también su edad espacial con respecto a cualquier otra forma de vida de este universo. Por eso dicen de forma esotérica, que la edad de Cristo era de 33 años, porque representa la edad espacial del Ser Cristo. Jesús ―la UdC asociada a Cristo― posiblemente tenía cuarenta años terrestres cuando fue crucificada, aunque no tiene importancia pues podría tener también 26 años, porque hay un desfasaje de siete años entre la historia real y la oficial. Esos 33 pares de cromosomas ―diez más que los de las UdC― son los que le dan al Ser las características espirituales superiores y la capacidad de trascender toda materia.

Tengan en cuenta que estamos utilizando términos y características materiales para comprender algo que escapa a nuestra consciencia tridimensional, por favor no saquen de contexto mis palabras, todo esto es una analogía a término de comprensión. Geométricamente se podría definir al Ser como una esfera u orbe de energía electromagnética que se expande o contrae según las cargas y circunstancias por donde se desplaza. Si pudiéramos ver un orbe desplazándose entre dimensiones o realidades, lo veríamos moviéndose a una velocidad altísima, y el Ser vería a esta realidad como una imagen estática. Si por el contrario el orbe se desplazara por esta dimensión y realidad, lo veríamos haciendo movimientos muy lentos, como los efectuados en el tai chi chuan[3], y el Ser vería que todo a su alrededor pasa vertiginosamente, pudiendo observar todos los detalles y movimientos de la vida, como ver crecer el pasto o abrir y marchitarse una flor. Todo esto se debe a la diferencia vibracional del espacio raíz del Ser con respecto al entramado matricial de la realidad en la que se desplaza. En su centro, el orbe dispone de una “masa” que le da su centro de gravedad, formada por la consciencia del “Do”, o sea que, si nosotros disponemos de la consciencia del Ser, el Ser dispone de la consciencia del Do, y asi como nosotros disponemos de una consciencia artificial, el Ser dispone de una consciencia material y es con la cual se maneja habitualmente. Cuando nosotros logramos el acceso a la consciencia del Ser, el Ser logra el acceso a la consciencia del Do, y se comunica directamente con el padre. La trinidad padre-hijo-espíritu santo, de la iglesia católica, es el enlace Do-Ser-espíritu de la UdC. Como también ya sabrán, el espíritu es el cuerpo de enlace entre el Ser y la materia, y el alma entre el espíritu y la personalidad o “yo”, por consiguiente una persona que enlaza su Ser mediante el espíritu, enlaza también su alma, y sus “yoes” quedan entonces supeditados a la voluntad del Ser, haciéndose este cargo de su ego.

Etimológicamente, la palabra «santo[4]» proviende del latín sanctus, y en hebreo significa “elegido por Dios” (qâdosh), por consiguiente el término o adjetivo “santo” empleado al espíritu, le da la característica o atributo de conexión, y es por tanto aquel que logró el enlace y formó la trinidad o cadena de conexión UdC-Ser-Do. Tenemos entonces que asi como el espíritu es el cuerpo de enlace entre la UdC y el Ser, el Ser es el cuerpo de enlace entre el espíritu y el Do. Como verán todo está a la vista y oculto a la vez, y es mucho más sencillo de lo que parece pero más complicado de lo que se cree, «simple y complicado[5]» a la vez.

Al lograr la cadena de la trinidad UdC-espíritu-Ser, y por consiguiente la de espíritu-Ser-Do, se inicia una octava sin choques, un ciclo cerrado recurrente y ascendente, donde cada vuelta completada nos acerca a la cúspide de la cadena de ADN de 33 pares de cromosomas.

Hay vida en este universo muy cerca de su máxima expresión que nos asiste continuamente siempre y cuando nosotros se lo pidamos y se lo permitamos. Nuestra expresión tridimensional de 23 pares de cromosomas, responde a nuestra edad espacial de 23 años u octavas cósmicas de desarrollo como UdC. Muy posiblemente, en esta nueva Matrix que se avecina, las UdC que pasen de grado o nazcan a partir del cambio, dispondrán de 24 pares de cromosomas ―un par más cerca del Ser― y su conexión será mucho más evidente y sencilla. Mientras tanto, tenemos que seguir trabajando por dentro y por fuera para lograr por lo menos un pequeño enlace que justifique nuestro propósito en esta existencia. Si hubieran interpretado el capítulo anterior con su Ser, hubieran comprendido que la llamada estaba dirigida a los Seres y no a las unidades de carbono que los representan.

“Cristo le dijo a Lázaro, “levántate y anda” pero no se lo dijo al cuerpo, se lo dijo al Ser, y este levantó el cuerpo con el poder del espíritu porque escuchó la llamada y descubrió su propósito: ¡Vivir! Sean Lázaros resucitando de entre los muertos para vivir entre los vivos, aquellos que despertaron a la vida porque manifestaron a su Ser.” Fueron mis palabras en ese momento, y lo demás nacería de su interior por añadidura, trabajando en los cimientos de un nuevo mundo, con luz, amor y paz, sin importar ni el «para quien» ni el «por quien». Aunque si quieren un motivo, miren a sus hijos y sus nietos, las semillas de la nueva Matrix esperando que ustedes se levanten y aren la tierra. Si ustedes no preparan el terreno, lo prepararán los de siempre, los dueños del mundo, y las semillas no nacerán en tierra santa y la Sagrada Familia no se reunirá.

Advertí que en este nuevo nivel las cosas no iban a ser sencillas, pero no son imposibles, así que estén atentos, el más mínimo detalle puede ser la diferencia entre el fracaso y la victoria. Ya no queda mucho tiempo para actuar, cuando llegue el momento donde usted realmente tenga que tomar una decisión que defina su futuro y el de sus seres queridos, no podrá dudar, tendrá que tomarla y afrontar las consecuencias de su decisión. La inflexión en ese momento no será solo en su línea de realidad particular, sino que será una inflexión en lo general y sin retorno, y si elige equivocadamente, tendrá que recursar completamente la octava, y muy probablemente arrastre consigo a todas aquellas personas de los que usted es su referente, aunque no sea responsable por sus decisiones. No se equivoque, esto no es un juego, no es un curso de filosofía avanzada, esto es la pura realidad, y usted está en ella. Si bien todo está escrito, es uno el que elige que camino recorrer, que futuro proyectar, para que el Ser lo experimente. El futuro existe y ya pasó, pero también el pasado existe y no pasó, solo el presente le da a la realidad el contexto de vida, y puede modificar el pasado con su accionar del presente, y que el futuro se convierta en el pasado adecuado para que su presente sea lo que es. Sea Ser y será presente, escuchará en su momento el llamado y acudirá con el espíritu a abrir la puerta del templo para que todo aquel que esté preparado y lo desee, pueda entrar a reunirse con su destino y cumplir su propósito verdadero, que es el propósito del “Do”. Esté atento, el destino llama tres veces, después, sigue de largo.

[1] Cap. 14 de este libro

[2] 497= 678.223.072.849

[3] Complemento audiovisual en https://goo.gl/tVkKHY

[4] En griego άγιος (hagios)

[5] DDLA Tomo I, “La desprogramación”, cap. 66

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