falso precio

Muchos pensamos que el llamado “Proceso catalán” no es ni más que menos que un juego en el que los poderes facticos manejan el dinero público y el control de las instituciones sin pudor. Y esto es gracias a las elites con buena mano en Madrid indiferentemente de quien gobierne -clase política, empresarios e Iglesia básicamente-. Y esta afirmación la podemos disfrazar ideológicamente y envolver como nos dé “la real gana” ya que siempre los acuerdos habían sido entre la derecha nacional y la derecha sectaria catalana o entre la izquierda sectaria nacional y la izquierda radical catalana. Es más, el equilibrio se rompió desde que los herederos de Pujol perdieron la iniciativa en la Generalidad de tal forma que la muleta silenciosa, es decir el PSC, tomo directamente la iniciativa política en el PSOE de Sánchez una vez que perdió Andalucía, pervirtiéndose ese orden factico dentro del partido y entre las dos administraciones tal y como lo vemos ahora.

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Las luchas intestinas entre la ERC y los herederos de la corrupción sostenida, recurrente y permitida desde Madrid, es decir, los Pujol -llámense como se llamen políticamente- en esta última etapa se han visto reforzadas probablemente gracias al acuerdo entre el Sánchez más débil jamás conocido -me refiero al que fue expulsado de su propio partido- y Junqueras, mientras este hacía de escudero de lujo -muy a su pesar- de Puigdemont, cumpliendo el papel de segundo de la Generalidad en la legislatura del golpe. Sin duda la balanza se ha desestabilizado desde el momento que Torra salió obligado, provocando la convocatoria de las últimas elecciones donde su partido no solo perdió las elecciones sino que además, se fracturó con la aparición del grupo de Arturo Mas. Si a todo esto le sumamos que el vencedor virtual fue el PSC con el exministro de Sanidad Illa al frente del asunto, y una vez que la cuota en Madrid se equilibró con la llegada de un más que quemado Iceta al ejecutivo; el caldo de cultivo era perfecto para que el entendimiento entre Madrid y la nueva Generalidad con la ERC controlando el Gobierno autonómico, fuera posible.

Por supuesto que la figura de Puigdemont sigue estando presente aunque me da la impresión que para todos -incluso hasta para los suyos- no deja de ser más que una molestia prescindible, aunque hay que reconocer que en el ámbito de  la simbología tan importante en estas causas, la figura de los “exiliados” -como ellos los denominan- alimentan más aun el relato carente de sentido en tantas cuestiones. Por eso hemos visto patéticos Consejos de Gobierno en Waterloo, respetando entre comillas la jerarquía del irrisorio alto mandatario internacional denominado por ellos mismos, “Presidente de la República Independiente de Cataluña”. Un presidente sin gobierno ni patria a la que gobernar con un figurante legalmente colocado en su puesto, que lo visita para darle vaselina y así calmar el escozor que provoca en los herederos de Pujol la falta de control de la situación en este nuevo escenario.

Que los nueve delincuentes están ya por la calle un poco más de que lo hacían antes es por todos conocido, por lo que no incidiré más en el tema ya que lo interesante es avanzar en el análisis por ser una decisión irrevocable. Pero lo curioso es comprobar como desde el Gobierno en Madrid ya continúan adelante si ni tan siquiera plantearse ponerse como históricamente ha sucedido, la careta. Y observamos atónitos como el Ministro Ábalos sin inmutarse, declara que el camino pedregoso debe ser limpiado definitivamente para hacer frente de una vez por todas a la liquidación de las deudas, perdonando precisamente las ocasionadas por el golpe con responsables con nombres y apellidos, con sentencias inculpatorias dictadas por ello y pendientes de ser resueltas, como se está defendiendo desde el Tribunal de Cuentas.

La broma en el caso del fugado de la justicia Puigdemont -como responsable principal- y “la trupe soliviantada”, suman muchísimos millones de euros en pérdidas no solo por la malversación juzgada y sentenciada sino por los innumerables costes provocados por los colapsos de la región; por lo que no me extraña que pese a la invitación para que regrese a España -efectuada públicamente por el Ministro de Justicia-, que desembocaría en su arresto y juicio posterior pese a la evidente golosina del indulto casi seguro, no sea del agrado del “Molt Honorable President”. Pero es que el inicio del desempedrado de Ávalos con el debido reconocimiento de los órganos a los que se van deslegitimando -como ha pasado con el Tribunal Supremo- va a toda marcha. La nueva normalidad para el Gobierno sin duda significa desandar lo andado desde 1978 desguazando el Estado de Derecho sin pudor para perdonar lo que sea pertinente para contentar a sus socios de Gobierno -sin cargos- en Madrid.

La impunidad por los costes de la revuelta en las calles quedo sufragada por las compañías de seguros y las diferentes administraciones catalanas vía impuestos y fondos nacionales, pero la malversación tiene un precio monetario tasado por el Tribunal de Cuentas que es al que ahora se quiere mancillar vulnerando su protagonismo para dar de nuevo gusto a los excarcelados, provocando que se vayan definitivamente de rositas. Ahora que el valor moral ha sido catalogado como cero para el Gobierno de la falsa concordia, lo demás es baladí para ellos.

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