Clint Eastwood

Que Clint Eastwood es un cineasta cinco estrellas, ya no hay nadie que lo niegue; que su carrera ha sido un empinado eslalon lleno de críticas faltonas, sectarias y analfabetas, tampoco; que hasta el más postmoderno de los cinéfilos progres, tiene que hacer ímprobos y patéticos esfuerzos para no incluirlo en el frontispicio de los grandes del Séptimo Arte; y que su filmografía está preñada, a partes iguales, de películas manifiestamente mejorables, aceptables, muy buenas y obras maestras, no admite muchos matices.

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El primero que lo vio fue el propio Clint, ¿cómo?, siendo fiel a sí mismo. Acabo de volver a ver toda la serie de “Harry”, y todavía me pregunto cómo fue capaz de aguantar toda la retahíla de improperios recibida durante décadas (mea culpa), por parte de todos, incluidos los más avezados conocedores cinematográficos. Perfectamente podría haber sucumbido al amaneramiento más políticamente correcto, pero Eastwood, al modo de Harry, ha demostrado ser un aguerrido corredor de fondo. Tanto, que al cabo de casi tres décadas de ninguneo sistemático, destapó el tarro de las esencias y empezó a regalarnos obras maestras, obligándonos a todos los listos a volver grupas, revisar su extensa filmografía y comprobar, con cierto estupor y algo de vergüenza, primero sus dotes como actor y más tarde, como director, productor y compositor musical. Tengan la bondad de revisar sus bandas sonoras y toda la poesía de la que está preñada la segunda parte de su carrera.

Pero si hay algo que destaque en su cine es, sin duda alguna, su respeto y amor a la mujer, así como suena. Acusarlo de racista o violento, es pueril y prueba irrefutable de que, o bien no se ha seguido su cine, o bien no se ha entendido o peor aún, no se quiere. Negarle el pan y la sal, es lo mejor que se puede hacer para seguir cabalgando a lomos de ignorancias precocinadas, a la hora de juzgar sus películas.

La tan traída y llevada violencia en su filmografía, está perfectamente imbricada en sus historias y palidece viendo todo lo que ha venido después; quizá lo que resulte menos defendible sea su faceta de justiciero solitario, pero todo queda en cuarentena si nos fijamos en sus inmisericordes y más que justificados ataques, al funcionamiento de la democracia o la justicia, con sus entramados de corrupción y delincuencia. Todo ello justifica por sí solo, todos sus arranques de cólera y muerte.

De racismo ni hablamos, ya que nunca tuvo en cuenta ni modas, ni paternalismos, ni otras zarandajas tan propias de nuestros policromados tiempos. Toda la miscelánea de personajes negros, amarillos, indios, blancos, enanos, militares, tenderos, policías, prostitutas, oportunistas, políticos, jueces y todos cuantos tienen a bien aparecer en sus filmes, son tratados con tanta ecuanimidad como la historia requiere, además ¿qué contador de cuentos de fuste, quiere quedar bien a cualquier precio?, se trata simplemente de hacer algo que trascienda la época en la que el relato se escribe. Eso sí, al delincuente, al ladrón, a la perversa, al asesino o al violador, ni agua.

Sorprende ver que sus películas de acción han pasado, lamentablemente con solvencia, el discurrir del tiempo. Hasta quizá parezcan más actuales hoy, que cuando se realizaron. Sus obras más dramáticas y humanas, esas, esas ya están por méritos propios en la mente de todos los buenos aficionados al cine.

He aquí un autor con todas las de la ley, a quien sólo la muerte ponderará y, cuando empiecen a llover los homenajes y agasajos a pitón pasado, que nadie dude que el bueno de Clint, se parará, mirará al objetivo y, presto a darnos definitivamente la espalda, se encenderá un puro a nuestra salud, así de gordo.

Excuso desvelarles lo que musitará entre dientes mirando con desprecio a la cámara, pero estoy plenamente seguro de que se lo imaginan.

*Un artículo de Bienvenido Picazo

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4 Comentarios

  1. Menos mal que este artículo no lo leerá nadie de la sociedad ofendidita hoy imperante. Si así fuera este octogenario conocería el infierno antes de hora.

    Asaltarían su bien ganado descanso y hasta su tumba después de haberlo matado a disgustos (que se decía antes). Porque señores, tengan a bien pensar antes de hablar (que también se recomendaba antes) en las consecuencias de lo manifestado, pues a veces por bien de manifestar nuestra admiración, le colocamos la diana a quien simplemente vive ajeno a nuestra existencia, o directamente le importamos menos que un pito.

    Con este señor que plácidamente disfruta de su bien ganado retiro, se puede hacer un nuevo chivo expiatorio de la inconmensurable frustración femenina, desenterrando viejas acusaciones de una exmujer resentida y madre frustrada, que lo acusa de no haber podido serlo, de maltrato y de toda la retaíla del manual de la buena femiloca. Cuidadín con quién sacamos a la palestra, que el horno está lleno de “bollos” rabiosos y anhelos de posesión fálica mal disimulados.

    En el imperio de la ley a la carta, ser o no ser no es cosa de hamlet sino del ofendidito insidioso y frustrado de turno, mucho cuidado hacia quien manifestamos admiración.

  2. Clint Eastwood es una trans-formada, una de tantas en Hollywood.

    Busca Clint Eastwood transvestigación

  3. Excelso homenaje a esta leyenda del cine. Pero no se quienes son los osados que le critican.
    Algún fan de Almodóvar I suppose.😊.
    Estas situaciones son las que nos ha traído las redes. Críticas por doquier a cualquier. Desacreditar gratis a quien a uno le plazca solo por el mero hecho de hacer daño.
    Long live Clint.

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