Canal Toros

Sucede que, no sólo de imágenes vive el taurino, puesto que, si de algo nos hemos jactado a lo largo de la historia, es de que las críticas de tan magno arte han estado preñadas de literatura, perdón, quise decir: Literatura. Se podría matizar que buena, mala y regular, pero el periodismo taurino, siempre ha hecho gala de cierta sensibilidad para con nuestro idioma y, amén de relatarnos en detalle lo que de sí hubiese dado, tal o cual corrida, aún tenía tiempo de emplearse a fondo en cómo describir lo acontecido.

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En este punto echo mano y doy la vuelta, a las mil imágenes y el consiguiente elogio de la parquedad verbal, ya que quién de nosotros no ha leído sublimes crónicas dedicadas en exclusiva, a un quite, a un natural así de largo, a un par de banderillas, a un brindis, en suma a un gesto cualquiera donde el lector encontró placeres de toda índole, siempre al abrigo de la liturgia taurina. ¿Qué sería de nosotros sin nuestro argot, tan entrañable como necesario, tan fino como gráfico, tan elitista y tan lleno de misterio para el profano?, por ello, un periodista que quiere especializarse en la cosa taurina, necesariamente, recalco: necesariamente, debe buscar la excelencia a la hora de expresarse, con lo que, resulta obvio, debe convivir o buscar, allá donde esté, la cultura en todas sus formas.

Hasta los que iban a buscar el sobre al hotel, trataban de escribir con elegancia sus ditirambos.

Leer la crónica de una justa deportiva, salvo contadísimas excepciones, es darse un garbeo por una retahíla de caminos mil veces trillados, a menudo escritos de cualquier manera, a modo de relato cronológico y sin mucha zarandaja literaria. Cuántos cuadernos de bitácora tienen más enjundia que los papeles deportivos y en cuántas barras de bar, se habla con más respeto que por los micros, todos ellos atestados de forofos y donde la deontología desapareció desde que el share se enseñoreó de todo y de todos.

Lamento profundamente que en uno de nuestros reductos, que no es otro que Canal Toros, el idioma se utilice como acompañante necesario y poco más. Las transmisiones son un compendio de muletillas, frases hechas y expresiones tan vagas como coloquiales, hasta tal punto que, como el abajo firmante es un pedante, a veces, tiene que desconectar el sonido para tomar un respiro y para no perder ripio de lo que ve, que rara vez coincide con lo que dicen que se está viendo.

Flaco favor se hace a la afición, por no relatar lo que acontece en el ruedo; sigo sin entender por qué se dice en todo lo alto, cuando todos hemos visto que fue cerca de la penca, cuando no directamente en el costillar. Los nuevos aficionados, tendrán que hacer cursillos de reciclaje en el futuro, si usan como única fuente de aprendizaje al canal de Movistar.

Lo bueno de ir directamente a la plaza, es que no se tiene que sufrir a los comentaristas habituales, salvo Maxi Pérez, que suele poner algo de orden, mesura, conocimiento y rigor idiomático, lo demás es sopor y sólo sopor.

Dejo como coda final la siguiente reflexión: desde que la muerte y la sangre del animal son tabú (cuando es el torero, no, cuando es el hombre, tenemos derecho a mil repeticiones), ya no vemos morir a nuestro sagrado tótem, porque como diría el gran Gustavo Bueno, Alicia se ha disfrazado de piadosa realizadora televisiva.

*Un artículo de Bienvenido Picazo

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2 Comentarios

  1. Tienes toda la razón. Estamos dejando caer la literatura en todos los ámbitos, y encima de aplaude desde el establishment del gobierno. Ahora con suspensos se puede hacer la prueba de la Ebau.

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