vergüenza ajena

Ya pasó, sin pena ni gloria, otro festival de Eurovisión. Bueno, en realidad, con un poco de pena pues, los que tenemos cierta edad, aún recordamos, con nostalgia, aquellos años en los que los buenos resultados de los artistas españoles levantaban nuestro “instinto patriótico”. Muchos son los que se acuerdan aún de Massiel, de Salomé, e incluso del banjo de Micky pero ¿quién se acuerda del que nos representó hace un par de años?

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El último rescoldo de patriotismo musical se enfrió con “la Rosa de España”: Aquella chica ingenua y bonachona con la que jugaron arreglistas de todo tipo hasta convertirla en un juguete roto. Desde entonces, el orgullo patriótico se convirtió en vergüenza ajena.

Los globalistas querían monopolizar también el negocio de la música y, para ello, se sacaron de la manga sus academias de triunfitos, en las que los verdaderos artistas no tienen opción. Para ganar hay que saber llorar y berrear. Aplicando los estándares de hoy, Sabina seguiría pasando la gorra en el metro y Serrat sexando pollos. Hoy no se trata de tener talento, si acaso, un buen vozarrón.

Arruinaron el negocio discográfico saturándolo con docenas de insulsos discos de triunfitos. Los tuvimos que soportar hasta en las fiestas de nuestros pueblos. Pura corrupción aplicada al arte ¿Alguien se cree que Bisbal y compañía recibieron, alguna vez, íntegro, su caché? ¿Alguien se cree que Fabra pagó a Ripollés los cincuenta kilos que facturó por la falla que levantó en el aeropuerto de Castellón? Pero, ¿seguro lo facturó?

Hoy, como los ayuntamientos se han quedado sin dinero para fiestas, los que monopolizan el mercado de la música han reciclado a Bisbal y compañía como seleccionadores de talentos ¿Y a quién van a seleccionar sino a aquellos que más lloran y que más berrean?

Mucho me temo que tendremos que seguir soportando esta vergüenza, mientras se presten a ello jóvenes ingenuos y bonachones, que no aspiran más que a gozar del premio reservado a los ganadores de la berrea. Ellos sueñan con ser berreadores profesionales, y si no, jueces de otros berreadores, y si no, embajadores de Unicef (Ese corrupto organismo que se ha propuesto vacunar a todos los niños del mundo). Creen que, sirviendo al globalismo, ganarán un buen harén. A cambio, se les pide muy poco; si acaso, que graben un sencillo “spot” diciendo “las vacunas son seguras”.

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2 Comentarios

  1. Es cierto, de aquella Eurovisión que aglutinaba a toda la familia en torno el televisor ya no queda nada; ahora se ha convertido en una escenificación vacía y absurda que no interesa a nadie. No sólo han acabado con aquel festival eurovisivo familiar, sino que además llevan camino de acabar con la música y con los artistas en general… Ahora de lo que se trata es de exhibir grandes tatuajes por todas partes, unas buenas arandelas colgadas de la naríz, pelos despeluchados pintados a brocha y basta con lanzar cuatro alaridos de cualquier manera, pero eso sí, resilientes, transversales y con un toque de perspectiva de género… ¡Ah! Y cuanto más mariconos y mariconas, mejor…

  2. Ganó la Italia de Mario Draghi, y lo hizo mediante el voto telemático – que es la manera junto al voto por correo – como se ganan ahora festivales y elecciones políticas.
    Porque Italia ,con su canción de rock desfasado y sus desmelenados trasnochados y con esnifamiento público y visible incluido, no era ni de lejos la favorita para ganar ….y sin embargo gracias al voto telefónico (ese que nadie controla ni se puede demostrar su veracidad ) se alzó con el premio.

    La vida misma nos lo pone delante de los ojos una y otra vez y seguimos sin darnos cuenta de nada….

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