CERO a la izquierda

Cada vez quedan menos, pero todavía demasiados, españoles –25’4% según una reciente encuesta de GAD 3– que siguen sin querer darse cuenta del desastre de personaje que tenemos al frente del gobierno de coalición que, 84 años después, nos devolvió al frente popular que llevó a España al episodio posiblemente más triste de su Historia, y tuvimos varios. Algunos ya vimos cuando alcanzó por primera vez la secretaría general del Partido Siempre Opuesto a España, allá por Julio de 2014, que este clon de José Luis Rodríguez –por cierto que su homónimo, más conocido como El Puma,  debería plantearse cambiar de nombre si finalmente da el salto a la política venezolana–, estaba llamado a superar al modelo, aunque tal vez no llegáramos a pensar que con tanta holgura como está demostrando a su vuelta, sobre todo desde su alianza con el socio que no lo iba a dejar “dormir tranquilo, como al 95% de los españoles”. Lo he escrito y dicho varias veces, pero no me resisto a repetir que aquella Gestora, que presidió de Octubre de 2016 a Junio de 2017 un buen socialista asturiano, Javier Fernández, cometió el gravísimo error de no haber expulsado del partido a Pedro Sánchez, cuando lo despojó del cargo tras su intento de manipulación de las urnas para continuar en él después de su segundo fracaso electoral que dejó el suelo del PSOE 25 escaños por debajo del ya exiguo resultado de 110 escaños con que lo dejó Alfredo Pérez Rubalcaba (q.e.p.d.), en 2011. Nunca se puede dejar a un potencial enemigo malherido y con posibilidades de reaparecer. Y tampoco me resisto a preguntarme de nuevo por qué Mariano Rajoy –¿se habrá arrepentido alguna vez? – no se atrevió a repetir elecciones, que cada día estoy más convencido de que con Sánchez de gira y la tendencia de las anteriores, hubieran evitado más que probablemente la situación actual, pese a su falta de arrestos para actuar con firmeza ante el breve golpe de Estado de los nacionalistas catalanes en Octubre de 2017. “Agua pasada no mueve molino”, pero ahí lo dejo de nuevo.

[Todas las vacantes de la multinacional Zoetis en España e internacionales]

Mucho se ha escrito estos días sobre el antepenúltimo show del “presimiente” Pinocho que, lejos de ser capaz de ver la realidad actual, pensar para mañana y valorar los problemas que su “superego” ha causado a España desde su llegada –que nos abocan a un penoso futuro inmediato, incierto e impredecible a corto plazo–, se engola en un “viaje al futuro” a 29 años vista –se ganó de Carlos Herrera el nuevo epíteto de “Futureitor” (perdónenme la licencia de verbalizar el “anglicanismo”, que diría Carmen Calvo)para engrosar la larga lista de los que ya lo “adornan”–, producto de su megalomanía egocéntrica y el inocultable deseo de perpetuarse hasta entonces, para lo que no dudará en intentar todos los vericuetos legales y alianzas perversas y perniciosas para tratar de conseguirlo, Dios no lo quiera. Porque es evidente que ya no será la España que hemos conocido, la que vivirían entonces nuestros descendientes, ya que los de mi generación y anteriores, que andamos todavía por aquí, no es muy probable que sigamos para verlo, ya sea por ley natural o por mor de esa incertidumbre de posibles efectos derivados de las “vacunas” que anuncian muchos científicos silenciados por la oficialidad en los medios de comunicación y que vamos sabiendo por otras vías, que revelan los perversos intereses de los que manejan ese Nuevo Orden Mundial y demás tinglados que quieren a toda costa reducir a la Humanidad, eso sí, perpetuándose ellos que se deben creer inmortales. Pero este tema no toca hoy.

Compareció nuestro showman “Napoleón Sánchez” durante hora y media el pasado jueves–sigue sin entender que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”–, tras la antesala que su telonero “Squaler Redondo” le hiciera el lunes anterior en el diario El País –sobre lo que ya escribí mi artículo anterior– y aunque, como decía, se ha escrito mucho, no quiero pasar por alto algo que el “lector” resaltó en su charla, a la que le dieron plantón por cierto varios de los empresarios fuertes del IBEX. Se mostró ufano el ponente del descenso poblacional para 2050, cercano al millón de niños y adolescentes entre 3 y 15 años, que supondrá el cierre de 33.000 aulas, lo que permitirá al Estado “duplicar su gasto por estudiante” para “alcanzar el nivel de Dinamarca sin aumentar el gasto público” o. lo que es lo mismo, añadiría yo: “muerto el perro, se acabó la rabia”. Esta “ambiciosa” visión de futuro me recordó también algo que este “rey del progresismo” parece que también olvidó respecto a la Educación, cuyo abandono en las últimas décadas está, en mi opinión, en el centro del problema que asuela España. Pero no hay que preocuparse, el descenso de españoles lo va a cubrir este “mago del futuro” con la “importación” de 250.000 inmigrantes al año, casi “ná”.

Y tras el recuerdo voy con la realidad de este “caballero” que sigue dando pasos hacia la ruina en su único objetivo de continuar al mando, aunque se hunda o se parta, del barco español a la deriva.

La penúltima de estos días, se produjo en su vista escoltada a FITUR, la Feria Internacional del Turismo que este año volvió a ser presencial y en la que una señora se infiltró entre los periodistas para gritarle que “Ha arruinado a muchos españoles”, algo se dice de pasada y se diluye, pero que ya viene siendo más habitual de lo que le gustaría al personaje en las pocas apariciones en las cada vez menos ocasiones en que el inquilino de la Moncloa pisa las calles, como también le pasó en su visita a Ceuta. O como la escritora manchega Ana Iris, a la que invitó a un acto sobre los Pueblos con futuro y habló de una de sus coletillas preferidas, la España vaciada, pero cuando subió al atril la escritora, la loa que él seguramente esperaba, se convirtió en una avinagrada réplica, directa al mentón, a su cacareado proyecto de futuro que al principio citaba: “Está muy bien ayudar a empresas ecológicas y ponerle wifis al campo. Pero no habrá agenda 2030 ni plan 2050, si en 2021 no hay techo para las placas solares porque no tenemos casas, ni niños que se conecten al wifi porque no tenemos hijos”. Aprovechó esa comparecencia “turística” Falconeti para “presentar” a bombo y platillo el famoso “pasaporte COVID” –que Isabel Díaz Ayuso le pedía sin éxito en Julio del año pasado–, diciendo que “Nos va a permitir un verano mejor que el de 2020”, no mejor para él que, como mínimo, será igual, entre La Mareta de Lanzarote y Las Marismillas del Parque de Doñana, donde el verano pasado se gastó más de 8.000 € en colocar mosquiteras para proteger el descanso de la familia y la comparsa de amigos y familias que lo acompañaron y seguimos sin saber las cuentas de langostinos y jamón de Jabugo, que se mantienen como “secretos de Estado” para este “transparente” político.

Y como no hay dos sin tres, la última, por el momento, ha sido su comparecencia el martes en Bruselas, en la que daba carta de naturaleza a lo que adelantaba su ministro de Justicia, Juan Carlos Campos “de Meritxell” –nadie dudará de que sin ese “complemento” a su nombre nunca hubiera sido el elegido para una cartera–, que pedía “ver con naturalidad” los indultos a los políticos presos por su rebelión en Cataluña, rebajada después en la sentencia del Tribunal Supremo a sedición, por la que sufren condenas de prisión e inhabilitación. Con su tono prepotente habitual decía sin empacho alguno que “tengo muy claro que la decisión que tome va a tener muy presente valores constitucionales como la concordia, el diálogo, el entendimiento, la superación de una crisis que desgarró no solamente la sociedad catalana sino el conjunto de la sociedad española en 2017, el encuentro… Esos principios y valores constitucionales serán los que para mí, como presidente del gobierno, pesarán en la decisión que tome… el consejo de ministros. Lo que para mí no son principios constitucionales y nunca lo han representado, son la venganza o la revancha”. Es decir, que esas dos palabras, venganza y revancha parecen ser para él las que motivaron la mencionada sentencia unánime del Tribunal Supremo que, por cierto, acaba de emitir su informe preceptivo, pero no vinculante –en mi opinión otro de los puntos débiles de nuestro sistema que vuelve a poner por delante la política a la Justicia–, en el que se opone rotundamente al indulto que, según recoge en el mismo “se presenta como una solución inaceptable para la anticipada extinción de la responsabilidad penal”, ya que su concesión no deja de ser más que una garantía de la estabilidad del gobierno socialcomunista de Sánchez que, sin el apoyo de los partidos cuyos líderes están encarcelados o exiliados, es evidente que decaería, llevando a una llamada electoral que no pintaría muy bien para el presuntuoso líder socialista. Sobre todo, teniendo en cuenta, no ya que no existe el arrepentimiento de los condenados y sus portavoces, al parecer no imprescindible para la concesión de tal gracia, sino que, reiteradamente, unos u otros, repiten cada vez que hablan al respecto de que lo volverán a hacer y eso sí que debería descartar la posibilidad siquiera del indulto o incluso encausar a los que quedaron fuera del anterior juicio, pero como decía, prevalece la continuidad del que decía en 2016, cuando no soñaba con llegar a tan alta responsabilidad, aquello de que “los líderes independentistas no son de fiar” y “no quiero que descanse la estabilidad ni la gobernabilidad de este país en manos de las fuerzas independentistas” e incluso en 2019, cuando ya había llegado de aquella manera al banco azul que “hoy podría ser presidente de un Gobierno que dependería en su estabilidad de fuerzas políticas independentistas catalanas”, exactamente lo que es hoy.

En fin, veremos lo que ocurre en los próximos días con ese indulto que, para el recién estrenado presidente de la Generalidad, se queda corto y aspira a la amnistía y lo que hace ese nuevo gobierno catalanista, formado en precario para evitar una nueva llamada a las urnas, al que ya se le abren grietas por ambos lados, a las veinticuatro horas de su constitución.

De la “Matronal” auspiciada por la no licenciada y directora de una Cátedra en la Universidad Complutense –trabajo cuesta ponerlo con mayúsculas– Begoña Gómez “de Sánchez” –con eso para qué necesita título o currículum alguno–, y de la futura Ley de Universidades –ídem– que contempla sanciones graves para el plagio de tesis –¿habrá leído Sánchez el borrador de ese punto? –, no hay espacio para comentar mucho, aunque me parece que sobra hacerlo porque se comentan solas.

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4 Comentarios

  1. Este cerdo amigo del adrenocromo y del demonio se piensa que va a ser eterno y que no va a pisar el infierno, yo creo que este psicópata ya tenía que estar internado en un manicomio.

  2. 250.000 inmigrantes africanos al año, acuerdo inmigratorio UE (PSOE-PP…..)-Marruecos.

  3. ¿Rubalcabra qepd? Fue un hijo de puta en vida y lo seguira siendo muerto, que por cierto es lo unico bueno que hizo por España. Ojala se esté quemando en el infierno para toda la eternidad.

  4. Completamente de acuerdo con todo lo expuesto por el articulista, si bien pondría en cuarentena lo que se refiere a que si Mariano Rajoy hubiese convocado elecciones en su día, no estaríamos como estamos. Me temo que aunque el PP hubiese ganado las elecciones, mucho le costaría gobernar, ya que el PS forzó la máquina en querer demostrar que el único Partido corrupto en España era el PP. La moción triunfó por la traición del PNV, que no es la primera que realiza a lo largo de su historia, ni será la única.
    Volviendo al artículo; todos los epítetos que se le adjudiquen a Sánchez, ni son mentira ni carecen de semejanza con los nombres dados. Un jefe de gobierno como Sánchez, actualmente, solo se puede dar en España, que, contando con la estimable ayuda de la pandemia, cuenta con la somnolencia de la ciudadanía; en caso contrario arderían las calles.
    De Iván Redondo no digo nada; es un trabajador de la indomia y aborregamiento de la sociedad, que va allá en donde le den un buen sueldo por hacer, posiblemente, lo contrario de lo que piensa.

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