Papa que prohibió los toros

Siempre han existido antitaurinos y el Papa Pío V fue uno de ellos, así promulgó la bula ‘De Salute gregis Dominici’ en noviembre de 1567. En ella quedan expresamente prohibidos todos los juegos taurinos al ser considerados «sangrientos y vergonzosos». Este fue el Papa que prohibió los toros.

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Pío V imponía duros castigos, negando la sepultura eclesiástica a los que falleciesen víctima de los morlacos y excomulgando a todos los que participasen en esos festejos en los que hostigase a toros y otras bestias salvajes.

La bula Papal rezaba así: «Ordenamos a todos nuestros hermanos patriarcas, primados, arzobispos y obispos, y a nuestros ordinarios locales en virtud de santa obediencia, apelando al juicio divino y a la amenaza de la maldición eterna, que hagan publicar suficientemente nuestro escrito en las ciudades y diócesis propias y cuiden que se cumpla lo que arriba hemos ordenado. Queremos que el presente escrito se haga público en la forma acostumbrada en nuestra Cancillería Apostólica y se cuente entre las constituciones que estarán vigentes perpetuamente».

La misma se llevó a cabo sin problemas en Italia, en Portugal tardó tres años en hacerse pública, en Francia nunca llegó a publicarse, en México fue ignorada por los poderes públicos y en España supuso una gran oposición por parte del pueblo.

De hecho, ni siquiera fue hecha pública y el rey Felipe II intentó que fuese derogada. No lo logró hasta que Pío V falleció y su sucesor, Gregorio XIII, en 1575, promulgó la Encíclica ‘Exponi nobis’ mediante la cual levantó para España la prohibición de organizar espectáculos taurinos y quitaba la pena de excomunión a los laicos y caballeros de órdenes militares no ordenados que asistiesen a los mismos.

Eso sí, los festejos no podían celebrarse en días festivos y los clérigos tenían prohibido asistir.

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3 Comentarios

  1. Antonio Michele Ghislieri (Pío V) es la típica persona que no pasa desapercibida en la historia ya sea como Papa o bien como hombre de Estado. Este Papa trató de reunir a los reinos cristianos y hacer frente a la nueva división de Europa contra los protestantes (los judíos detrás de todo ello) y el peligro musulmán –está visto que el problema no llegó a resolverse y que hoy en día cobra especial actualidad-, fue Inquisidor y reformador de costumbres en sus posesiones (a los clérigos –justamente hice un comentario hace poco- que eran pillados realizando actos contranatura eran llegados al Tribunal de la Inquisición y sí recaían después de la sentencia inquisitoria eran enviados a un Juzgado Ordinario que era el que ejecutaba la sentencia –con los herejes y pervertidores tenían los conceptos claros: los consideraban un grave peligro para la sociedad). Hacer hincapié que los herejes –en muchas ocasiones- actuaban haciendo una doble vida; por ejemplo, haciéndose pasar por un gran defensor del catolicismo y al mismo tiempo financiar y promocionar a los enemigos de la Iglesia y de la sociedad – ¿os suena a algo?
    Este Papa organizó una armada que participó en una de las batallas navales más significativas de la historia: la batalla de Lepanto; ordenó el rezo del Santo Rosario a los componentes de dicha armada y, desde sus aposentos, Pío V tuvo iluminación divina del momento de la victoria y lo comunicó a sus próximos –eso se comprobó posteriormente con la fecha y la hora del anuncio-.
    Como nadie en este mundo es perfecto, excepto DIOS- prohibió los festejos taurinos-.
    Ghislieri fue un personaje muy austero en su vida y lo extrapolaba a su alrededor. Fue canonizado.
    Estoy convencido que Morféo de Gea ve la historia de otra manera.

  2. San Pío V fue un gran Papa, el penúltimo Papa Santo, el último fue San Pío X. Pues no se creerán ustedes que son realmente santos desde Roncalli hacia delante, esas canonizaciones tienen la misma validez que un billete del monopoli.

    Bien, entremos en materia, que es de tipo religioso. La de los toros es de de ese tipo de cuestiones espinosas en las que la Iglesia ha debido ser prudente para evitar males mayores de forma innecesaria. Como el pecado de la prostitución, que se tolera para evitar revueltas, violaciones, etc… Pero no por tolerarse deja de ser pecado. Y la fiesta nacional, nos guste o no, en opinión de muchos es pecado, otra cosa es que se tolere para evitar males mayores e innecesarios. No sé si hay doctrina fija pero por lo mismo como si no tuvieran los teólogos cuestiones mas importantes en las que centrarse. Personalmente yo lo tengo claro pues se trata de un pecado contra el quinto mandamiento, no matarás, al exponer la vida, bien preciado, de forma totalmente innecesaria y estúpida, por puro juego o morbo. El toreo en este sentido no se diferencia mucho a jugar a la ruleta rusa con un revolver, y así hay un montón de situaciones similares. Además parece un pecado contra contra el Creador por la tortura innecesaria a la que se somete al animal, que es su creación. Ojo, no confundir esto con el infame pecado ecológico bergogliano.

    Por tanto, como la materia religiosa no es vuestro fuerte, andaos con tiento. Si os gustan los toros pues que bien, pero dejad a la Iglesia y a San Pío V en paz. Personalmente no me gustan los toros y me parecen aberrantes y anacrónicos, pero tampoco voy a hacer causa con esto sabiendo como sabemos que se ataca a la fiesta nacional por ser precisamente nacional. Los toros deberían de ser prohibidos, pero desde el debate sereno y no de la manera que se pretende, como un ataque contra la Patria a cargo de la piojera comunista y antiespañola. En lo que a mí respecta, que se prohíba y penalice severamente primeramente el crimen del aborto, algo que a la piojera comunista y antiespañola se la trae al pairo, y después hablamos de prohibir los toros.

  3. Este artículo me parece respetuoso con la figura de Pío V, tan solo describe una disposición papal y como repercutió en diversos reinos de la época con respecto al tema de las corridas de toros.
    Evidentemente existe el peligro de muerte, lo mismo que en otras materias como puede ser el alpinismo, el motorismo, automovilismo,… o el ver la TV inculcando una inyección.
    La primera vez que asistí a una corrida de toros fue siendo adolescente acompañando a mi padre, realmente fue una novillada en una plaza de quita y pon, de esas en que este tipo de cuadrillas iban recorriendo los pueblos. Solo puedo decir que tengo buenos recuerdos.

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