elecciones generales

Las elecciones generales celebradas el 16 de Febrero y el 1 de Marzo de 1.936, que fueron las terceras y últimas de la II República, siguen siendo motivo de polémica, aunque, como es lógico, menos que antaño por aquello de que agua pasada no mueve molino; debido a la polémica entre la izquierda y derecha en relación a si fueron fraudulentas, se realizó un pucherazo, o, por el contrario, todo ello es un mito y fueron legales.

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Es difícil saber cuántos votos recibió cada Partido, ya que la ley electoral era por listas abiertas y los votantes podían elegir candidatos de distintas listas. Pero hay un hecho relevante; el gobierno de la II República nunca publicó los resultados en su integridad, como estaba mandado. ¿Qué pensaría hoy si se celebran unas elecciones, no se publicaran los resultados y se adelantara el nombramiento del presidente del gobierno? Esto fue lo que ocurrió. Después de las elecciones, dimitió el que era presidente del gobierno, Portela Valladares, y el presidente de la república adelantó el nombramiento del líder del Frente Popular, Manuel Azaña, como presidente del Consejo de Ministros; nombramiento llevado a cabo antes de la celebración de la segunda vuelta de las elecciones en las circunscripciones en donde procedía.

En el archivo de la Diputación de Jaén, se encuentran actas manipuladas a lápiz para atribuirle más votos al Frente Popular, el cual estaba constituido, nada menos, que, por más de ocho formaciones políticas, todas de izquierdas; de los que había tenido en realidad. Pueden observarse en las mismas, raspaduras y cambio de dígitos, habiendo más votos que votantes.

En lo que no se ponen de acuerdo distintos historiadores es en sí se trató de un fraude en distintas mesas y circunscripciones, un pucherazo, o fueron legales; pero lo que no discute ninguno es que las elecciones habían sido manipuladas.

Siguiendo a los historiadores Manuel Alvarez Tardío y Roberto Villa García, autores del libro “1936: Fraude y violencia”; no solo en Jaén se habían manipulado actas, dado que en Coruña se había adulterado gravemente el recuento; en Cáceres se había producido fraude; en Valencia se habían hecho escrutinios cerrados y sin testigos; en Santa Cruz de Tenerife, donde se consideraba la victoria del centro derecha, se convirtió en un corto triunfo del Frente Popular. En Berlanga, Don Benito y Llarena, todos pertenecientes a la provincia de Badajoz, Orense, Lugo, Pontevedra, Málaga, Granada y Cuenca; los escrutinios fueron amañados para perjudicar a la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). A través de estos “enjuagues”, más de 50 escaños fueron adjudicados al F.P., sin los cuales no llegaría a gobernar.

En La Coruña fue un escándalo; el escrutinio se prolongó hasta el día 24, que los resultados de nada menos que de 188 actas no se correspondían con las certificaciones de las mesas; papeletas que aparecen a última hora, recuentos interrumpidos, votos en conjunto, y a veces en sobres abiertos, tachaduras y raspaduras en otras. Tal había sido el fraude, que Niceto Alcalá Zamora llegó a escribir: “España se ha vuelto Coruña”. De tal forma se habían desmontado las falacias sobre el rotundo éxito del Frente Popular, que el historiador hispanista, de origen estadounidense, Stanley G Payne, señaló que las investigaciones ponían “fin a uno de los grandes mitos políticos del siglo XX”.

Como en casi todo en la vida, y sobre todo tratándose de política, no todas las opiniones y puntos de vista confluyen en la misma realidad, incluso que la misma esté avalada por hechos históricos plasmados en pruebas documentales. Así, mientras historiadores como Alvarez Tardío, Villa García, Juan Robles, Pablo Gea, César Vidal, Alfonso Bullón, Hugh Thomas y varios más; afirman que hubo pucherazo generalizado, unos, y otros que solo se trató de fraude o manipulación de actas en algunas provincias; pero que fueron  definitivos para darle la mayoría al F.P.; otros, como Enrique Moradiellos, , Gerald Brenan, Abella, Aeróstegui, Tuñón de Lara, González Calleja, Pérez Sánchez, y otros más; aun admitiendo que hubo irregularidades en varios colegios electorales, estas no fueron suficientes como para deslegitimar el triunfo del Frente Popular.

Este que suscribe, no obstante, es de la opinión de cuando estos fraudes, que para suavizar la expresión les llaman irregularidades, existen, es equivocadamente porque la intención de los autores es un claro deseo e intención de influir en el resultado electoral; de otra forma esas “irregularidades” no se llegarían a producirse. Si esos desmanes se llegaran a llevar a cabo hoy en día, ¿Cómo se llamaría y que solución tendría?

De este modo el que era presidente de la II República, Niceto Alcalá Zamora, realizó unas declaraciones, desde el exilio, a un periódico suizo, de tal guisa: “A pesar de los refuerzos sindicalistas, el Frente Popular obtenía solamente un poco más, muy poco, de 200 actas, en un Parlamento de 473 diputados. Resultó la minoría más importante; pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla, consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia…

Primera etapa: Desde el 17 de febrero, incluso desde la noche del 16, el Frente Popular, sin esperar al fin del recuento del escrutinio y la proclamación de los resultados, la que debería haber tenido lugar ante las Juntas Provinciales del Censo el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden…

Segunda etapa: Conquistada la mayoría de este modo, le fue fácil hacerla aplastante. Reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el Frente Popular eligió la Comisión de validez de las actas parlamentarias…”.

Por el contrario, Portela Valladares, a la sazón jefe del gobierno, opinó todo lo contrario: “…No puede hablarse en justicia de que se falseó el sufragio, porque ello significaría un alegre embuste. Estoy dispuesto a afirmarlo en todo momento, para que la conducta de cada cual quede en su lugar.”. Debe tenerse en cuenta que el que esto afirma, no tuvo inconveniente, desde su exilió en Francia, en cursarle una carta a Franco felicitándole por su acción, que éste ni llegó a contestarle.

En la Tesis para optar al grado de Doctor, presentada por la historiadora, Licenciada en Ciencias Políticas y varios títulos más, Pilar Mera Costas, la cual obtuvo númerus clausus, cum laude, sobre la biografía política de Manuel Portela Valladares, dice: “¿Quiere decir eso que el Frente Popular triunfó gracias al fraude electoral? Nadie podría defender que las elecciones estuvieron libres de manipulaciones y engaños ni tampoco que cada quien puso de su parte para favorecer sus intereses o los de sus patrocinados. Y en gran medida, especialmente en los territorios más reñidos, el control de las redes clientelares por parte de unos u otros contribuyó a que la elección se inclinase hacia el lado correspondiente. Sin embargo, esto no justifica las teorías conspirativas de ese sector de la derecha que se negó a aceptar el resultado. Que el reparto final de los escaños fue desproporcionado no admite discusiones ni tampoco que la situación irregular que se vivió tras dimitir el gobierno favoreció que las derechas perdieran algunas actas tras las elecciones..

No obstante, lo anterior, en otro apartado de dicha Memoria, la mencionada autora llega a denominar de pucherazo a las irregularidades habidas; es más, señala lo siguiente: “Los movimientos de los presidentes del consejo de ministros y de la República buscaban controlar, intervenir y manipular los comicios a partir del entramado institucional del Estado. Un control que no tenía reparos en recurrir a la falsedad y a la alteración de una voluntad popular a la que se le concedía una importancia relativa.”.

Encuentro algo de contradicción entre ambas afirmaciones. Lo que, si está claro, es que las elecciones generales de 1.936, no fueron limpias y hoy serían inconcebibles, al menos en la forma en que se realizaron dichos desmanes.

Si bien todos los autores están de acuerdo en afirmar en que las elecciones se celebraron en un ambiente de tranquilidad y ausencia de altercados y violencia, también lo están, aunque algunos lo suavizan, y propensos a la disculpa de los actos de la izquierda y resaltar negativamente los de la derecha; tal es el caso de Enrique Moradiellos; en que en la campaña electoral, incluso antes, se produjeron actos de gran violencia, tanto física como política, en la que hubo muertos, entre ellos 7 de las fuerzas de orden público, y más de 80 heridos graves, se incendiaron y saquearon iglesias; lo que pareció un más que probable intento de influir en el recuento; e influyeron en los resultados que, finalmente, a pesar de todo lo sucedido, fueron admitidos.

Habiendo ocurrido toda esta violencia anterior a las elecciones; la izquierda radical no esperó a que prosiguieran las elecciones en aquellos colegios y distritos en los que procedían una segunda vuelta, para tomar las calles y generar una violencia inusitada, a fin de presionar a que se produjeran cambios en las instituciones. De tal forma, se asaltaron e incendiaron casas rectorales, iglesias y conventos; registrando más violencia contra las sedes de la derecha. Se tomaron Ayuntamientos, algunos con violencia, y más de un Gobernador Civil tuvo que huir.

Ante tales hechos, es difícil de comprender como historiadores que, mediante el estudio y revisión de documentos históricos, puedan tener visión distinta sobre los hechos acontecidos y consumados; no de los actos violentos, que todos admiten en mayor o menor grado, si no ante el resultado electoral de ese año.

Si existen actas falsificadas, urnas desprecintadas, más votos que votantes en algunas mesas, recuento de votos habiendo previamente desalojado colegios electorales, anulación de escrutinio en una provincia y repetición en otra, si se nombra un presidente de gobierno sin haber finalizado las elecciones; no cabe duda de que, si no existió fraude electoral, se le pareció muchísimo. Si a todo esto añadimos las declaraciones de un testigo de primera mano, como son las de Alcalá Zamora; es como para tener una duda razonable sobre la validez de dichos comicios.

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3 Comentarios

  1. La izquierda fue una exitosa creación de la Banca usurera en el s XVII (revolución de Cromwell) y desde entonces ha sido promovida por los mismos para que les entreguen a los goyim “en nombre del pueblo”. Son maestros en el arte de la manipulación y la ingeniería social y nosotros unos pardillos credulonoicos psicoesclavizados. Ahora, dueños absolutos del planeta nos genocidan con el cuento mediático de su nuevo virus quimera … y nosotros sin enterarnos

  2. Aunque sin tantos circunloquios, estos de acuerdo con Vd. en afirmar que la izquierda y ultra, son maestros en el engaño y populismo. Le dicen al pueblo lo que quiere escuchar y luego, este, no es capaz de darse de cuenta de que ha sido engañado, para luego, en las próximas elecciones, volver a ser engañado. La prueba está en que se vende mejor la dictadura comunista que una de la derecha.
    La derecha sigue acomplejado, que la izquierda supo manejar y manipular, por el hecho del golpe militar que dio lugar a la guerra civil y, que sin embargo, fue provocada por hechos realizados por socialistas, comunistas y anarquistas.

  3. Es muy posible que esas elecciones de 1936 estuviesen plagadas de irregularides, tachaduras y fraude. Era lo habitual en aquella epoca. solo hay que retrotraerse al caciquismo rural que apañaba todas y cada una de las elecciones que se celebraron durante los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII. no tiene nada de extraño que los votos procedentes del mundo rural fuesen casi ni tenidos en cuenta, dada su escasa validez. eso mismo intepreto Alfonso XIII luego de las elecciones del abril de 1931, cuando huyo cual rata que abdona el barco escorado, sin esperar al recuetno de los votos rurales.

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