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Cuentan que, en el año 1938, un joven talento del negocio radiofónico, llamado Orson Welles, logró que mucha gente se cagara de miedo con su versión de la novela “La Guerra de los Mundos” (Y eso que, durante la transmisión, dijo varias veces que se trataba de una ficción). Si tal cosa se logró solo con sonidos, imagina lo que se lograría hoy si, en la tele, te muestran imágenes de enfermos agonizando en un hospital, infectados por un supuesto virus. Imagina si, además, en vez de emitir un solo día, como hizo Welles, emiten el culebrón durante un año.

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Apuesto a que no sabes quién inventó la tele ¡Ya ves, el invento más famoso de todos los tiempos! Se llamaba Philo Farnsworth. Si no aparece en los libros del cole es porque se portó mal con “el sistema”. Se dio cuenta de que había inventado la más poderosa arma de destrucción masiva y quiso enmendarlo, y eso, “el sistema” no se lo perdonó.

¿Cuántas veces hemos oído llamar “caja tonta” a la tele? ¿Acaso una caja tonta puede estar indicada para listos? ¿Acaso no somos lo que comemos? Ciertamente, la tele no destruye cuerpos, como las armas de fuego, sino que destruye mentes que luego destruyen cuerpos. Por muchos años se ha usado para infantilizar a la gente, para idiotizarla y así poder dirigirla mejor, para hacerla débil, dependiente e impedir así su independencia, su libertad. ¡Qué sino la tele ha diseñado el mundo-matrix que te rodea! ¿Acaso puede uno convertirse en sabio tragando tonterías? ¿Pero quién quiere ser sabio? ¿Mejor ser engañado?

Ahora toca ser humildes, y reconocer que la tele, una vez más, nos la ha pegado porque, si no lo reconocemos, si el orgullo nos puede, nos la volverá a pegar y las consecuencias serán aún peores. Cuando nos engañaron con aquello de la Gripe A los perjuicios tan solo fueron unos cuantos cientos de millones de euros malgastados en un medicamento del que nadie se acuerda.  Aquella vez, un reputado periodista llamado Iñaki Gabilondo denunció la estafa alto y claro, pero fíjate que, esta vez, incluso su propio hermano ha sido estafado.

Y a fin de que no vuelva a suceder lo sucedido, ya que vamos de globalistas, no estaría de más crear la “Fiesta Internacional de la tele apagada”. Podríamos hacer muchas cosas ese día: Cantar, bailar, charlar, pasear, follar ¿Por qué no? Mucho mejor que ver cómo lo hacen otros. También podríamos lanzar una tele desde lo alto del campanario. Como poco, las cabras lo agradecerían, aunque lo censure algún que otro cabrón.

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