Stop Sánchez

Hablando de política y de la foto de Colón, decía hace unos días Pedro Sánchez Castejón con gran énfasis, llevándose incluso las manos a la cabeza mientras que escenificaba de una forma desgarradora su más absoluto malestar y preocupación, que España no se podía permitir volver involucionar a tiempos pasados con fuerte olor a naftalina, trasladándose a los tiempos más rancios de la antigua Alianza Popular de Don Manuel Fraga o incluso destrozando la historia reciente a tiempos más pretéritos. Y le preocupaba de forma manifiesta y descorazonadora, que parte de la sociedad actual se estuviera retrotrayendo como si sufriera un proceso involutivo, aupada por un discurso incendiario, rupturista con el orden constitucional y a veces hasta euroescéptico, a la vez que sonaba de música de fondo poco   menos que una oda catastrofista bastante conmovedora.

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Mientras yo trataba de interpretar no sin problemas sus argumentos por lo incongruentes que eran, me surgió la duda y me pregunté si merece la pena invertir tiempo en presenciar a tal esperpento dedicado a calentar con su voz de barítono, sus ideas subjetivas y sectarias, graznadas desde su altillo norcoreano. Retumbaban sus odas a la imbecilidad ante su absurda audiencia para finalmente dedicar quince minutos para ir directamente al grano, es decir, a lo que los telediarios deben sacar, ya que como buenos vasallos le prestan atención como si fuera un actor político de los que, desde el respeto a la ciudadanía, explican sus programas y opinan sobre lo que dicen sus rivales ideológicos desmontando sus argumentos con fundamentos educadamente expuestos. Afortunadamente la sociedad marca los ritmos y decide libremente y sin complejos cómo y cuándo compra información y nos encontramos ante un fenómeno muy interesante para cualquier investigador político y social que es, comprobar como un supuesto movimiento social espontáneo empieza a calar y la gente acude en masa para ver y escuchar los argumentos de una nueva forma de hacer política de fuerte y marcado carácter españolista. Unos nuevos servidores públicos manejando ideas claras y sencillas, aun a riesgo de caer en lo conocido como lenguaje populista.

Y observo hombres y mujeres de mediana edad con y sin hijos, pensionistas, “millennials”, urbanitas, miembros de la comunidad rural, defensores a ultranza de las tradiciones, todos de diferentes niveles culturales ¿Curioso, verdad? Olvidémonos por un instante de los factores externos que nos puede provocar ofensa por su tratamiento, como los valores de la familia, la inmigración, el aborto, el terrorismo, la corrupción, el paro, la Administración territorial o las posibles reformas necesarias que afrontar sobre la Constitución.

¿Que hace posible que diferentes colectivos al unísono se movilicen en la misma dirección mostrando su apoyo de nuevo a la derecha más tradicional y silente? El hartazgo.                         

Están hartos de que ofenda vivir en paz y tranquilos, están hartos de que los impongan fronteras invisibles, están hartos del adoctrinamiento en las escuelas, están hartos de la corrupción como forma de alcanzar los logros rápidamente sin esfuerzo inculcando dicha manera de vivir a nuestros jóvenes, están hartos del mal uso de las instituciones con fondos públicos, están hartos de la presión fiscal que nos deja exhaustos, están hartos de que se pretendan establecer principios ideológicos para marcar el desarrollo del mercado laboral con imposiciones lingüísticas, están hartos en definitiva de la deriva que tantos años de socialismo ha provocado con una pérdida de soberanía popular, amparándose en el falso desarrollo de libertades ya conseguidas y protegidas por nuestra Constitución, creando artificialmente infinidad de grupos de presión y opinión financiados al amparo de la Ley, haciendo que una gran mayoría tranquila, pacifica, tolerante y defensora de la paz social haya dicho ¡BASTA!

La población con sus lecciones de hartazgo en las últimas elecciones, ha dado una senal de vida a la sociedad confusa, acomplejada e intransigente valedora por derecho propio de la justicia divina y social como vivo ejemplo del narcisismo partidista de las elites progresistas en los diversos estadios del poder factico, demostrando que la presión sistemática de la mayoría de los medios de comunicación, de la mayoría de las fuerzas políticas del arco parlamentario (incluida algunas afines) e incluso de lobbies de presión europeos, ha generado que todavía estén buscando la manera de afrontar con alguna garantía, un nuevo escenario político y social de cara a los futuros comicios que celebren en nuestro país y que deberían significar un cambio en la sociedad española.

De momento usan la mentira, el miedo, el franquismo,  las cunetas, la cultura (su cultura), la confrontación social, la imposición de libertades sexuales garantizadas por Ley, pero que sin embargo aun representando un porcentaje ínfimo, tienen una repercusión social exacerbada y desproporcionada, la destrucción de los símbolos de la nación, el desprestigio maniqueo de La Casa Real, la burda manipulación de las tradiciones más intrínsecas de nuestra cultura como las tradiciones religiosas, la tauromaquia, la caza, la pesca, la vida en el campo tan olvidada por los tecnócratas y gurús universitarios al frente de los nuevos partidos de izquierda rupturistas y del socialismo históricamente belicista, que nos insulta y nos llama “casposos” por disfrutar de las fiestas tradicionales olvidando lo más sagrado; su procedencia, sus padres, sus abuelos, su historia sea del bando que sea, rural, sana, de campaña pero autóctona y pura.

“Reinventemos nuestro futuro”. Evidentemente la sociedad más avanzada en edad, debe imprimir un ritmo endiablado que hagan estar preparado para los cambios que la sociedad le demanda a las fuerzas de bien, teniendo en cuenta que su electorado en muy alta cuota ha hecho como suyo el programa aceptando incluso como propias aquellas  cuestiones más difícilmente realizables como la revisión de asuntos nuevamente debatibles como la funcionalidad de  las CCAA para lo cual hacen falta mayorías suficientes para reformar la Carta Magna. Es el momento más delicado, no podemos desfallecer, la izquierda nos atenaza sin piedad ahogando nuestras más simples esperanzas de volver a vivir en una España libre de corrupción de un lado y de otro al servicio de unos poco que diariamente se ríen de nosotros con una desvergüenza sin igual.

Votemos correctamente, busquemos alianzas coherentes y sobretodo exijamos después responsabilidades.

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1 Comentario

  1. Nada, que la gente común no aprende… y siento mucho tener que decirlo así, pero es que sigue creyendo en las elecciones, en que este sistema “político”, basado en los partidos que existen, el Parlamento, el Gobierno, etc., son la base de cualquier país que se crea democrático y libre… Cree que si se cambia de gobierno, puede haber posibilidad de que venga otro y lo haga mejor. Pero es que está convencida a tope. Y TODO este sistema hay que romperlo, para salir de una vez y comenzar a mejorar de verdad.

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