amos

Imagine por un momento que gran parte de las cosas que ha aprendido en la escuela o en la universidad, que ha leído en diarios o enciclopedias, que ha visionado en rigurosos informativos… Fueran falsas.

Imagine que hubiera sido usted manipulado desde niño, y que sobre todo de unos años acá, absolutamente toda la información que le han suministrado los medios hubiera sido minuciosamente filtrada.

Al final, siempre acabarán surgiendo las incómodas preguntas: ¿Son mis opiniones genuinas?, ¿Si mi carácter, mi bagaje cultural, mis más personales afectos políticos, mi moralidad, han sido forjados sobre la base de conceptos adulterados, quién diablos soy Yo?

Imagine, incluso, que este humilde artículo pudiera pretender manipular su mente, engañarle o adoctrinarle. Creo que cualquier actitud que no sea vehemente escéptica no tiene cabida en el escenario actual. Se trata de hacer un esfuerzo de humildad y conciencia para desarmar ciertas ideas inoculadas durante años en el ser para, en una suerte de moviola cognitiva, hallar el inadvertido gazapo conceptual, o el ruin timo histórico. Esto nos conducirá a otear por dónde rolan los vientos de la verdad. Es duro. Las más de las veces se sorprende uno ruborizado ante aquel jovenzuelo engreído que, años ha, creía saberlo todo en su osada ignorancia. Así pues, y por si acaso, le animo a declararse en rebeldía intelectual.

¿Y qué tiene que ver todo esto con los “amos del mundo”?  Pretendo ofrecer aquí mi visión particular sobre los tremendamente controvertidos “Protocolos de los Sabios de Sión” (apócrifo editado por Sergei Nilus, 1905). No se asusten, no voy a practicar defensa alguna del antisemitismo. Dice Wikipedia que se trata de un panfleto antijudaico, y que sería la transcripción de unas supuestas reuniones de los «sabios de Sión» (Basilea 1897), en la que éstos detallarían los planes de una conspiración judeo-masónica que tendría como fin último hacerse con el poder mundial. Por si alguien aún divisa en mí aviesos propósitos racistas, no me andaré con ambages: “Los Protocolos”, tal y como fueron editados, no dejan de ser un libelo antisemita mal pergeñado que usa un sospechoso estilo autoinculpador (“nosotros los judíos…”). Es más, el autor, narrativamente en apuros para ilustrar sus ideas, reproduce más o menos literalmente bastantes pasajes (se estima un cuarenta por ciento) de la profética obra “Los diálogos entre Maquiavelo y Montesquieu en el infierno”, del atormentado Maurice Joly, 1864. Esta obra se ha catalogado, -quizás irreflexivamente-, como texto satírico, casi menor. Se publicó anónimo, aunque finalmente se descubrió la autoría de Joly, siendo este sentenciado a prisión. Joly critica mordazmente a Napoleón III en voz de Maquiavelo, dejando a las claras como una democracia liberal puede acabar mutando rápidamente en un despotismo totalitario merced a las intrigas tejidas desde el poder. Napoleón III era un masón con aires de filántropo. Creo que no es necesario indicar aquí que la masonería pudo haber jugado un papel primordial, por no decir instigador, en el desarrollo y expansión de las revoluciones liberales europeas. Así, no sería muy descabellado decir que el tema de “Los diálogos en el infierno” no sería otro que la denuncia de las intrigas masónicas para conseguir el poder total, en este caso, de una nación.

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Muy bien, recapitulemos…  Si los protocolos están basados en gran parte en la obra de Joly, si el tono es claramente antisemita, si al buscar referencias de este texto en Internet los términos más comúnmente devueltos son “libelo antijudío”… Pues todo está claro, no hay que preocuparse de nada. No hay plan secreto alguno. El control de la gran banca mundial no está en las pocas manos que está desde hace siglos, no estamos inmersos en un proceso globalizador acelerado, la élite política no lleva anunciando desde los años noventa un nuevo orden mundial, y no anuncian ahora un “gran reseteo”, no hay manipulación mediática y no se impone un pensamiento único, nadie nos fuerza ni degrada, no se dictan una serie de postulados progresistas que pretenden dinamitar nuestros principios morales. El mundo es libre, las guerras son fortuitas y los ciudadanos dirigen su propio destino gracias a su derecho a voto con total transparencia. Es mejor escoger la píldora azul. Es mejor decir “es lo que hay”. Es mejor aguantar un poco más. Nos inocularán vacunas cada año, por nuestro bien. Un día unos adinerados bienhechores fumigarán los cielos para protegernos del cambio climático que nosotros, irresponsables, hemos provocado, y el sol se oscurecerá tras deliciosos tonos pastel cargados de felicidad. Fin.

¿Fin?

Si usted ha continuado leyendo, es que decidió tomar la píldora roja. Quizás le espante lo políticamente correcto. Yo ídem, así que, contumaz, vuelvo a “Los Protocolos”. De estos textos no me interesa otra cualidad que su valor profético. Lo demás no es tan relevante, ya que es sabido que la profecía gusta de hablar por las bocas más insospechadas. Repito, Los Protocolos, aún burdos y rebosantes de odio antijudío, van mucho más allá, y es difícil no reconocer en ellos las intrigas de un poder pasado y presente.  Quizás estemos ante un pésimo intento de transmitir una buena información, y esta buena información, en mi criterio, no es otra que la existencia de sociedades secretas que, desde hace siglos, se mueven en la sombra para conseguir la dominación mundial. Son amos del poder financiero global, han encadenado a las naciones merced a crisis recurrentes de deuda, y poseen una red de agentes infiltrados en todos los gobiernos e instituciones del mundo. Nos conducen a una gobernanza supranacional, totalitaria y adoctrinadora que nadie ha reivindicado jamás. Su modus operandi contempla someter secretamente a los pueblos a toda clase de privaciones, guerras, enfermedades, crisis, conflictos, etc. A tal grado, que serán las masas, totalmente manipuladas y extenuadas, las que encumbrarán finalmente al globalismo. Nuevos líderes mundialistas serán presentados a la opinión pública como salvadores filantrópicos, y todos los males serán achacados al sistema político actual. En definitiva, un gigantesco cambio de régimen que implementará el control y la restricción de libertades como principales medidas. Frecuentemente, la distopía deviene rutina con pasmosa facilidad bajo la fuerza de la costumbre.

Las guerras mundiales que estaban por llegar parecen encajar con lo predicho en los textos, así como la crisis del veintinueve. Ahondando un poco más, no es descabellado intuir un tercer cataclismo global, quizás en forma de crash económico con tintes de conflicto urbano generalizado. El origen de estas disputas estaría en todo tipo de factores inducidos, como el choque cultural, la delincuencia nihilista o la agitación ideológica. Temas como el adoctrinamiento de la población, la reeducación de la humanidad, el rapto de los medios, la instigación de los nacionalismos, la degradación de las virtudes, el socavamiento de la familia tradicional, aparecen inquietantemente reflejados en “Los Protocolos”, y se muestran ahora como temas de triste actualidad. No deja de ser llamativo que la arcadia feliz que propugna el nuevo orden se parezca tanto a un sistema pseudo comunista populista, controlador y adoctrinador, al estilo de la actual China. Sí, es un gigantesco “solve et coagula”. Disolver la sociedad primero para que solidifique después, en nueva forma. Le toca a usted valorar en qué punto nos encontraríamos ahora mismo, ¿En el polo “Solve”, o en el “Coagula”?

Así pues, propongo de nuevo desoír la diatriba antisemita de los protocolos (en el texto de Joly no se atisba tal odio) para quedarnos con su valor profético. Vuelvo a apelar, lector, a su sano escepticismo: Sí, es muy razonable no creer a pies juntillas en logias judeo-masónicas, contubernios o anticristos, pero tampoco es menos razonable tener fundados motivos para intuir que el poder siempre ha tenido un plan, y que a lo largo de la historia los malvados y los poderosos han unido intereses sea cual fuere su raza o credo. Poco importa que se trate de sionistas, masones, jesuitas o illuminati. Quién sabe si, a lo largo de tantos años y vicisitudes, alguna mente lúcida, o algún servicio secreto, hubieran podido tener conocimiento de los mecanismos ocultos del poder, de su hoja de ruta, que parece avanzar inexorable hacia su cumplimiento. Dude, investigue, maldiga mis palabras… Pero hágalo por usted mismo.

Anexo adjunto un breviario de las veinticuatro sesiones. No he recurrido a la hermenéutica ni a arcanas lecturas. Todo es bastante literal. Me he referido sólo a “Los Protocolos” por una mera cuestión de comodidad cuando, en justicia, habría que indicar cuáles son los fragmentos plagiados a Joly, para mí, verdadero augur.

 

De la tercera edición española (1936), traducido de la obra de Gottfried Zur Beeck:

Protocolo I: El concepto de libertad no existe (ni igualdad o fraternidad), es una falsa idea introducida para derrocar el antiguo régimen aristocrático. El concepto de derecho se basa al final en la fuerza y en la imposición. Cuentan con todo el dinero del mundo, lo que les otorga un poder invisible y amoral para subyugar naciones enteras. Este poder invisible usa con frecuencia el terror para la consecución de sus fines, así como todos los medios tecnológicos y científicos necesarios.

Protocolo II: Se promoverán las guerras, los consejos secretos, y el control total de la política y la prensa para desgastar a las naciones. Sus agentes estarán infiltrados en todos los ámbitos. En su día impulsaron las doctrinas de Darwin, Marx o Nietzsche, por su capacidad solvente sobre la sociedad. El antisemitismo es muy útil para sus fines.

Protocolo III: La negligencia de los gobiernos permitirá que incluso los terroristas lleguen a los parlamentos. Toda disidencia política estará controlada, de forma que el voto de las masas siempre favorecerá a la élite. El comunismo es un arma del globalismo, y se presentará como salvador de los desfavorecidos. Se promoverán los desórdenes sociales y la miseria para avanzar en el socavamiento de las sociedades. Se enseñará al pueblo a aceptar que la igualdad no existe. Crisis económicas cíclicas serán desatadas por el poder financiero, paralizando la bolsa y la industria, y acarreando altas tasas de desempleo.

Protocolo IV: La vida política de las naciones liberales tiene varias fases, y la final es siempre el caos merced a las fuerzas invisibles que se manejan desde la trastienda de las instituciones. Reconocen que la libertad, así como cierto grado de igualdad, no son imposibles en una sociedad, pero para que esto se dé es necesaria la argamasa social de la religión, especialmente la cristiana. La falsa idea de progreso vendida por el liberalismo creará sociedades sin ideales, materialistas, superficiales y carentes de sentimientos. Se promoverá el odio a la religión y a los valores tradicionales.

Protocolo V: Se crearán sociedades corruptas a todos los niveles, y se  fomentará la desconfianza, la discordia, la amoralidad y las bajas pasiones.

Protocolo VI: Se instaurarán monopolios comerciales y económicos (gran banca) capaces de destruir las finanzas y las economías de los estados en base a deuda e intereses abusivos cuando se precise. Favorecerán la especulación para impedir que se creen grandes capitales provenientes de la industria (teniendo así controlado a este poder, que de otra forma podría beneficiar a la economía dando prosperidad). Gracias a esta especulación bancaria, la industria les pertenecerá. Subirán el precio de los impuestos sobre la propiedad para evitar enriquecimientos no deseados, como ya hicieron con la aristocracia en su día. Favorecerán la subida de los salarios obreros, pero será una subida ficticia pues todo se encarecerá aún más. Se favorecerá el materialismo entre el pueblo, que realmente nunca podrá acceder a los lujos.

Protocolo VII: Aumento armamentístico, del ejército y de la policía. Ambos poderes serán suyos, así como los servicios secretos. Se fomentarán el caos y la discordia entre los pueblos por todos los medios. Cualquier nación rebelde sufrirá guerra contra naciones aliadas al globalismo. En caso de un frente común disidente, desencadenarán una guerra mundial. Textualmente “he aquí nuestro sistema de coerción de los gobiernos  Gentiles  en  Europa.  A  uno,  le  haremos  ver  nuestra  fuerza  por  medio  de los  atentados,  esto  es,  del  terror;  a  todos,  si  es  que  todos  se  revuelven  contra  nosotros, contestaremos con los cañones americanos, chinos o japoneses.”. Interesante mención a China como colaborador del nuevo orden.

Protocolo VIII: El derecho será retorcido hasta cotas inimaginables para que sentencias injustas e inmorales sean disfrazadas de legalidad. Así, ciertos fallos serán construidos de arriba a abajo según criterios políticos. El globalismo contará entre sus agentes infiltrados con los mejores “publicistas,  jurisconsultos experimentados, hacendistas,  diplomáticos”, que se encargarán de vaciar el derecho de forma digerible para las masas, con la ayuda de los medios de comunicación, todos suyos, y la manipulación del lenguaje.

Protocolo IX: La reeducación de la humanidad es uno de los objetivos, de forma que en un periodo no superior  a diez años sea posible que las masas más obstinadas acepten cualquier idea por abyecta que esta sea. “Libertad, igualdad y fraternidad” serán desdibujadas como tales. Los derechos serán desposeídos de su carácter fundamental para pasar a ser informativos y no vinculantes, aunque deseables. El pueblo acatará.  Destruirán con mano de hierro las utopías que ellos mismos incitaron. No habrá paz social hasta que las sociedades se sometan al nuevo orden. La educación también será corrompida para desterrar el pensamiento crítico. Dicen abiertamente que en caso de que hubiera un despertar humano y se vieran derrotados, no dudarían en lanzar un ataque subterráneo para destruir las principales ciudades. Este siniestro plan se habría comenzado a urdir  aprovechando la ingeniería de los transportes metropolitanos europeos.

Protocolo X: Los “derechos populares” serán susceptibles de ser alterados o eliminados, gracias a la manipulación del lenguaje en la redacción de leyes, no entrando nunca en el detalle y cayendo siempre en la ambigüedad interpretativa. Los derechos populares que específicamente pueden ser laminados o mutilados son: Libertad de palabra, prensa y creencia, de reunión, de igualdad ante la ley, inviolabilidad de la persona, de la propiedad y del hogar, contribuciones y retroactividad de las leyes. El objetivo de este poder oculto es sumir al mundo en un caos social, económico y cultural sin precedentes. Se envenenarán las relaciones entre los pueblos (culturas). Serán habituales la envidia, el odio, los conflictos internos y las guerras, las privaciones físicas, el hambre, y la propagación de epidemias (“inoculación de enfermedades”, en la edición española de 1936). Todo parecerá irse a pique. En el momento más propicio se darán a conocer públicamente nuevos líderes disfrazados de filántropos, pudiendo participar incluso en procesos electorales. Mediante propaganda se convencerá al pueblo de que la solución a todos los problemas pasa por: Eliminar las naciones estado, eliminar las fronteras e implantar una moneda única. El sufragio universal fue promovido por ellos, ya que les ofrece amplias formas de manipulación popular (“Las votaciones populares serán preparadas”).

Se inculcará a las gentes la nueva estructura de poder. Las masas han de interiorizar y aceptar el nuevo orden. Es una reprogramación social. Se procederá a la destrucción de los valores tradicionales y del significado de la familia cristiana. Está destrucción de valores vendrá, aunque también desde los medios, sobre todo desde la educación, que se esforzará en que no surjan personalidades relevantes entre las masas. Se procurará una educación visual de baja calidad, la lectura razonada y la lógica serán descuidadas, y se promoverá el culto al dinero. Surgirá así una masa dócil y ciega, manipulable y obediente. Durante este periodo aún no caerán totalmente las instituciones nacionales típicas, aunque ya estarán tocadas de muerte. El liberalismo, bien manejado desde la élite, está pensado para corromper la estructura misma de los estados. La corrupción será generalizada, y es cuestión de tiempo la caída de los gobiernos. Las constituciones fueron hábilmente diseñadas para promover las rivalidades políticas, siempre infructuosas, que paralizan y destruyen la sociedad. Los presidentes electos serán muñecos de paja en manos de las logias. Estos títeres de medio pelo tendrán siempre muchos trapos sucios que ocultar.  En definitiva, todos los partidos políticos estarán en manos del poder y acatarán sus órdenes. Cierta variedad de opciones políticas será útil para controlar la disidencia y distraer al pueblo. Acerca de la figura presidencial dicen esto: 1-El presidente siempre legislará a favor de las logias (auténtico legislador). En caso de tratarse de aprobación de decretos muy impopulares, se disolverían las cortes tras modificar la ley. 2-El presidente podrá declarar guerras en nombre del estado, siempre con la excusa de la defensa de la libertad. 3- Bajo pretextos, como “el secreto de estado”, los presidentes podrán restringir el derecho parlamentario de interpelación y control del gobierno. Al haber menos debate se obtendrá el amansamiento del pueblo. 4-Progresivamente, y bajo el pretexto del bien de la nación, se irán eliminando las sesiones permanentes, que serán sustituidas por cortas deliberaciones de algunos meses. El presidente podrá fijar cuándo comienzan y acaban estos periodos.  5-El presidente, incluso, con el apoyo parlamentario necesario (este apoyo estará bien acordado de antemano), tendrá la facultad de modificar la propia constitución, siempre con la excusa del “bien de la nación”.

Protocolo XI: Cuando se considere que la sociedad está en el punto de entontecimiento adecuado, se redactará una constitución supranacional, de la cual emanarán las leyes que serán aprobadas en cada territorio sin grandes contradicciones. En caso de que en determinados países no se acepte de buen grado la imposición supranacional, recurrirán a intervenir el poder, o a un golpe de estado. Merced a esta nueva constitución, derechos como libertad de prensa, de federación, libertad de conciencia, igualdad en el sufragio, y otros, serán radicalmente transformados. Este proceso será cuidadoso, pues intentarán que el pueblo acceda dócilmente, sobre todo mediante el engaño: Prometerán que el nuevo orden devolverá derechos que fueron sustraídos, pero esa libertad jamás regresará.

Protocolo XII: El concepto de libertad se irá modificando en este sentido: “la libertad es el derecho de hacer sólo lo que permite la ley”. Dado que los auténticos legisladores están en las logias y no en los parlamentos, cabe esperar un cercenamiento de las libertades a golpe de decreto ley.

Los medios de comunicación serán encadenados bajo el poder del dinero, de forma que el pueblo ignorará totalmente a quién sirven realmente. Ante  algún medio libre y genuino, recurrirían primero al soborno, a la difamación personal después, y finalmente al cierre legal, siempre amparándose el la incitación al odio (textualmente “por agitación injustificada de la opinión pública”).  Se impondrá el modelo de agencias de noticias (siempre en sus manos). Estas agencias filtrarán la actualidad informativa, y distribuirán a nivel mundial sólo las noticias que se consideren oportunas, y ya confeccionadas. Habrá un relato único de los acontecimientos. Tendrán especial cuidado en que sus medios de comunicación ofrezcan una aparente diversidad de tendencias y opiniones, que no será más un trampantojo para distraer el foco de la opinión pública, o bien manipularla hacia donde deseen. En cambio, se creará una única verdad oficial que raramente será puesta en duda por los medios.

En este protocolo aparece un tema ya esbozado por Joly, pero que se amplía notablemente: Se favorecerán los movimientos centrífugos en contra de las capitales en muchos países, en otras palabras, se azuzarán los nacionalismos. Los medios de comunicación presentarán las pretensiones independentistas como legítimos derechos del pueblo. El objetivo de estas maniobras no es otro que el de establecer en las regiones gobiernos autónomos favorables al globalismo, que legislarán siempre a favor de éste, socavando así el concepto nación-estado.

Protocolo XIII: Los medios de comunicación lanzarán, cuando sea oportuno, ciertos “globos sonda”, que irán preparando a las masas para aceptar sin resistencia cualquier cambio, convenciéndola paulatinamente de que se trata de un auténtico clamor social.  De esta forma, cambios legislativos de gran calado serán vendidos a la masa como justa realización de sus supuestas pretensiones. Otro método fundamental para el abotargamiento de la población es la promoción desmedida de todo tipo de diversiones, juegos, pasiones, e incluso libertinaje sexual. Esto producirá legión de individuos incapaces de razonar independientemente, lo cual será aprovechado para introducir nuevos modos de pensamiento. Llegado el momento, se promoverá un gran debate social sobre los grandes problemas de la humanidad (sin apuntar, claro, a los auténticos instigadores), y las políticas globalistas serán presentadas como panacea.

Protocolo XIV: Las creencias religiosas, sobre todo la cristiana, serán destruidas merced a una gran labor educativa y de descrédito propagandístico. El nuevo orden desea una única religión. Según los protocolos estaría basada en la ley mosaica (nuevamente el antisemitismo).

La publicidad globalista ofrecerá orden y tranquilidad a cambio de pérdida de libertades, haciendo ver a la opinión pública que esta es la única forma de evitar las guerras, crisis y calamidades del pasado. De esta forma se procurarán ciudadanos adoctrinados y dóciles. Al igual que la prensa, la cultura y el arte estarán bajo su influencia y adolecerán de una marcada orientación publicitaria.

Protocolo XV: Se indica que, en el momento adecuado, se producirá una especie de revolución mundial simultánea. Esto marcará un punto de no retorno en su agenda. Este hito tendría lugar aproximadamente un siglo después de la celebración de la supuesta asamblea, que pudo tener lugar en 1897 (Los protocolos datan de 1905). Esto nos situaría en los inicios del segundo milenio, aproximadamente. Una vez el gobierno mundial esté consolidado, este fijará su sede principal en Europa, y los principales miembros de las logias (políticos sobre todo), serán desterrados y amenazados de muerte en caso de revelación de secretos. Indican que todos los servicios secretos y de inteligencia del mundo trabajan para ellos. El comunismo, al que consideran doctrina antinatural, es una útil herramienta para sus fines. Las leyes dictadas por el globalismo serán claras e inalterables, en contraposición a la degradación legal imperante (reconocen haber favorecido leyes injustas que premian al delincuente menoscabando a la víctima). La obediencia a la autoridad será primordial. Eliminarán la corrupción y la negligencia de cuajo. La clemencia y la reinserción se abandonarán en el ámbito judicial. Los castigos serán claros. Las filas de la judicatura se verán renovadas por nuevas generaciones adoctrinadas en el nuevo paradigma. El derecho a apelación será desvirtuado, de forma que la potestad de anular un fallo sólo corresponderá a una alta instancia política, nunca a otro tribunal. Este gobierno mundial, personificado en un dirigente único, se dirigirá muy habitualmente a la opinión pública, y su fama se extenderá por el mundo a la velocidad del rayo.

Protocolo XVI: Además de controlar la educación, la libertad de cátedra será suprimida en la universidad. Los estudios relacionados con el derecho serán cada vez de más difícil acceso. La historia será reescrita según criterio globalista, borrando toda memoria no deseada que pudiese invitar un pensamiento crítico. Los planes de estudio estarán más orientados hacia lo práctico y social, evitándose el conocimiento y la reflexión profunda. La opinión pública será reeducada continuamente por diversos medios, independientemente de su edad.

Protocolo XVII: Se detallan una serie de características del nuevo orden una vez implantado: La abogacía dejará de ser una profesión libre, incorporándose al cuerpo de funcionarios. Las defensas legales serán honradas y no susceptibles al afán de lucro. La influencia del clero y la filosofía cristiana se derrumbarán. Desaparecerá la libertad de conciencia (de creencia). Los secretos y tesoros del Vaticano obrarán en poder del gobierno global. El soberano mundial será también patriarca de la nueva iglesia mundial. Existirá una “policía ciudadana”. Una parte de la población trabajará para el estado como espía y delatora de sus convecinos, siendo esta labor considerada como muy digna, propia de ciudadanos responsables.

Protocolo XVIII: Los ciudadanos no gratos podrán ser espiados, e incluso detenidos, merced a un hábil truco: Se creará una disidencia falsa, que sólo servirá para identificar y perseguir a los proclives a la insurgencia.

Protocolo XIX: El nuevo orden será populista, totalitario y adoctrinador. Así, se crearán mecanismos para que el pueblo transmita directamente al soberano mundial sus quejas y pretensiones, que, según el relato oficial, serán magnánimamente satisfechas. La lucha política será demonizada y estos delitos quedarán a la altura de los más bajos crímenes.

Protocolo XX: Esta élite posee todo el dinero del mundo, por ello, una vez instaurado el nuevo orden, habrá cierta bajada impositiva general, y las contribuciones se fijarán teniendo en cuenta la capacidad del ciudadano. El fin de esta justicia fiscal es tranquilizar a los más pobres. No obstante, el gobierno global será el poseedor último de todos los bienes del territorio, y podrá ejercer este derecho en cualquier momento. Los impuestos sobre la propiedad aumentarán, y la creación de nuevas fortunas será muy vigilada. Compras, recibos, herencias, transmisiones, serán gravados con impuestos, y toda transacción quedará registrada. Se aplicará el mayor control contable posible sobre la economía. Las compra-ventas de uso cotidiano serán gravadas con un impuesto de porcentaje fijo (se refiere a impuestos como el IVA). El dinero del estado estará destinado a la circulación, para evitar acúmulos en las arcas públicas. El dinero sobrante será destinado a obras y trabajos públicos, premios, etc. Todo esto contentará a las masas. En el pasado, el poder financiero velado ha provocado múltiples crisis económicas sobre las naciones simplemente eliminando la circulación de dinero y acaparándolo. Así, los países se han visto obligados a solicitar préstamos abusivos a los mismos que desataron la crisis, convirtiéndose cada vez más en esclavos merced a la usura y la deuda. El soporte físico de la nueva moneda única será indiferente. La cantidad de dinero en circulación será proporcional al número de habitantes. Cuando el nuevo orden se imponga, el dinero no se paralizará, y los créditos a los territorios se darán a un interés muy bajo, sobre el 1%.

Protocolo XXI: El objetivo de endeudar a los estados en base a préstamos tanto externos como internos es, a parte de esclavizarlos, conducirlos a un estado final de insolvencia (“default”). Un crash económico generalizado creará la ruptura definitiva entre los pueblos y sus gobiernos, hecho que será aprovechado por el nuevo orden para prometer la salvación. El nuevo régimen acometerá cambios sustanciales en la Bolsa, que será reemplazada por instituciones fiscales de crédito que tasarán el valor de la oferta bursátil de las industrias. Así, estas dependerán por completo del gobierno global.

Protocolo XXII: Igualmente, el mercado mundial del oro ha estado siempre en sus manos. El nuevo orden ofrecerá paz y estabilidad, pero no admitirá disidencia alguna. Se inculcará a las masas que la única libertad real es la inviolabilidad de la persona, que se respetará a cambio de obediencia.

Protocolo XXIII: El culto al lujo será innecesario una vez instaurado el gobierno global. Solo una minoría privilegiada gozará de la opulencia.

Se restablecerá la “industria casera”, lo que interpreto como cierto auge cooperativista o incluso colectivista. El objetivo es impedir la creación de grandes capitales industriales fuera de control. El desempleo, herramienta antaño útil para socavar las naciones, será eliminado con su gobernanza. El consumo de alcohol y drogas disminuirá. La antigua sociedad será suprimida para dar lugar a otra nueva, cueste lo que cueste.

Protocolo XXIV: Es fundamental una reeducación de la humanidad para la aceptación del nuevo régimen. El dirigente mundial será elegido por un consejo secreto de entre varios candidatos, en base a sus aptitudes y méritos. Los secretos de estado serán sólo conocidos por el soberano y tres sabios más. Por motivo de edad o incapacidad, este soberano será legalmente reemplazado por otro. Este dirigente informará a la opinión pública con mucha frecuencia. El adoctrinamiento y la educación social serán desmedidos.

*Un artículo de J. M. Moreno

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8 Comentarios

  1. La que tiene miga tambien es la carta del general confederado Albert Pike, tambien se discutre su veracidad, pero lo alli descrito se esta parece que se esta cumpliendo.

  2. Nuevamente aparece la leyenda negra sobre cualquier texto que les incomode. Las epístolas que menciona vienen recogidas en el catálogo del Museo Britanico. Igualmente, aún imaginando que fueran falsas, de dieron a conocer en 1955, en un libro de Guy Carr que merece otro artículo. Hablar con esa pre claridad sobre el islam en futuros conflictos, créame, es muy revelador. Una cosa es vaticinar conflictos por el reciente entonces estado de Israel, y otra el contenido de las cartas. Un saludo.

  3. Increíble, me dices que esto fue escrito hoy 21 3 2021, y me lo creo con naturalidad y absolutamente verdad y lógica, no lo pongo en duda, es lo que sabemos y creemos muchos, más que creer que esto es de hace unos 150 años.

    Gracias Enrique y J. M. Moreno, buscaré información sobre Albert Pike, o me espero otro artículo de J. M..

    Descolocao me hallo todavía que esto sea de 150 años apróx. o acercándonos a los 200 años, no tenía ni idea, y ese será su plan, algo había escuchado, pero nunca busqué información. Gracias.

  4. Le sumas el gran reseteo propuesto por los globalistas, y la foto se hace completa y panorámica.

  5. Amigo Je,tienes toda la razón. Es un plan tan viejo como sus sucias aspiraciones, casi como la serpiente. Lo malo es que ahora tienen todo Silicon Valley de su parte, y buena parte de la industria de desarrollo armamentístico. Es vox populi que la tecnología militar va 50 años por delante, y me quedo corto. Ojalá pueda publicar más al respecto, y créeme que hay muchísimo.
    Kalergi es sólo una re adaptación de sus planes ante la explosión de la ciencia “buena” y el espíritu cristiano que nos empuja a cuidar al prójimo,a vivir en paz y a construir. Pensemos que cuando Inglaterra y Francia, o sea, las logias, establecieron su vergonzoso imperio colonial, la Tierra tenía unos 500 MHab. Da qué pensar. O les sobramos porque sí, o quizás sobrevenga una gran catátrofe, y les sobramos aún más.

  6. Está claro que la raza Europea o Cristiana les incomoda, el líder “filántropo” sorros se gastó una buena propaganda en un artículo que hacía el mismo a su nombre pegado e idéntico en muchos periódicos de varios países hablando de la inmigración masiva y total hacia Europa de toda África y Asia sin control, orden, integración, límite o impedimento alguno, menudos disparates, y en parte lo consiguen actualmente.

    Y no está todo perdido, no son nadie sin el resto que dominan, extorsionan, corrompen y compran, se no nota que son humanos “normales”, que seguro mucha gente saben quienes son y dónde viven. Y lo de que incluso detonen armas nucleares si se les intenta capturar lo creo posible, simplemente habría que hacer bien la partida para las menores bajas o problemas posibles, solos, no son nadie, son “normales y corrientes” y aún no han ganado del todo en el disparate y la locura.

    Pues excelente J.M., pues aquí estaremos para seguir aprendiendo.

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