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Con razón decía el escritor y humorista estadounidense, Mark Twain que es más fácil engañar a la gente, que convencerlos que han sido engañados. Celebradas las elecciones catalanas, y encuestas varias, se constata que la gente, aunque un poco menos, no se desengaña de que ha sido constantemente engañada y que ciertas promesas se han ido por el desagüe del olvido y sin esperanza de recuperarlas y llevarlas a efecto.

Si hay un político que mienta más y con más descaro, ese es Pedro Sánchez; si bien Pablo Iglesias no le va a la zaga. Este último miente de forma sermoneada dando la impresión que se está dirigiendo a adolescentes; por eso quiere que voten los niños y mueran los mayores. No me dirigiré a él, dado que sus mítines solo van dirigidos a los que, por su edad, están en la etapa de la rebeldía; todos pasamos por la misma, pero salimos de ella con más educación, civismo y sentido común. Por otro lado, no estaría en el puesto que está si no fuera por aquél, si bien tanto, monta monta tanto.

Pedro Sánchez ha hecho de la mentira su ley de vida, su forma de llegar y mantenerse en el poder. Sus mítines se convierten en una sarta de mentiras y promesas que, al tratarse de engaños, la mayoría no llega a plasmarse en realidades cumplidas. Sócrates aseguraba que “Las mentiras son las mayores asesinas, pues matan la verdad”.

Haremos un recorrido por sus actuaciones por las cuales en su ánimo está el decir lo que no piensa con la intención de engañar. Así, y, para empezar con promesas que nunca pensó en cumplir, nos remontamos al 31 de Mayo de 2.018, cuando en el debate de la moción de censura contra Rajoy, prometió que su gobierno iba a “entender como uno de sus principales cometidos, la construcción de un consenso para convocar las elecciones generales”. Esa promesa si fue cumplida, pero casi un año después de haber sido formulada y después de decir que agotaría la legislatura. No es que quisiera cumplir su ligera promesa, que no la cumplió inmediatamente, como prometió, si no que tuvo que convocar las elecciones debido a que los Presupuestos Generales del Estado no fueron aprobados por el Congreso y se estaba ejecutando en el ejercicio de 2.019, el presupuesto del gobierno de Mariano Rajoy.

Por ese motivo o causa, el PS, léase Sánchez, cometió la ignominia de aceptar acuerdos con independentistas golpistas y con filo etarras, que hay que sumar al desafuero de aliarse con ultra comunistas que desean destruir la unidad patria y las instituciones del Estado de derecho.

Una de las promesas estrella del actual mandatario, tanto en la oposición como en la precampaña y campaña electoral, fue la derogación de la reforma laboral del PP. Además de ser una promesa fundamental para sus fieles; consciente de ello, la repitió hasta en seis ocasiones; la primera en Febrero de 2.013 prometió que sería su primer compromiso cuando llegara al gobierno. En Septiembre del mismo año señaló que cuando gobernaran derogarían esta ley. En Julio de 2.014 prometió que a partir de Noviembre de 2.015, cuando empezara a gobernar, derogaría la citada ley. En Febrero de 2.015, no solo en derogarla, sino que se comprometió a aprobar un nuevo Estatuto de los Trabajadores. En Mayo de ese mismo año, recalcitrantemente, volvió con una promesa que no cumpliría. Y en Septiembre del mismo año, en una entrevista televisiva, insistía en derogarla; pero a la pregunta de si lo haría íntegramente, Sánchez se limitó a decir que si lo harían para aprobar un nuevo estatuto de los trabajadores.

A pesar de la repetitiva promesa, Sánchez, El Prometedor, tuvo que echar el freno a la misma y admitir que solo trataría de cambiar los aspectos más lesivos de la misma. Tampoco cumplió esto último, dado que en Marzo de 2.019 hizo oficial su renuncia a reformarla, ya que sería imposible su consenso, en palabras de la ministra de Trabajo. Más que la falta de consenso, se debió al descontento de la patronal y los vientos más que desfavorables de la UE.

Otra gran promesa, esta de la mano de Pablo Iglesias, fue la de poner en marcha el ingreso mínimo vital de carácter no contributivo “que asegurase a las personas un nivel básico de renta…”. Hasta la fecha, la mayoría de las solicitudes han sido rechazadas, siendo mínimas las personas a las que ha beneficiado.

En Agosto de 2.018, este sujeto marketingniano de la política española se dejó decir que Mariano Rajoy había abusado de los decretos-ley “menospreciando al poder del Parlamento”, señalando que había que “limitar el decreto-ley a circunstancias indicadas para ello”. Esa promesa no es que no la haya cumplido, si no que ha abusado tanto de él, que no se ha legislado prácticamente de otra manera, ya que, en 33 meses, de Junio de 2.018 a Febrero de 2.021, Sánchez “le dio” al decreto-ley en 66 ocasiones, batiendo de tal manera el récord de legislar mediante esta forma.

Qué decir del mendaz, cuando recién elegido secretario general del PS, dijo en un mitin: “La RTVE no será ni de Rajoy ni de Iglesias, será de nosotros, los españoles y españolas que sois los que la pagáis, ya no va a haber más manipulación”. Una vez en el poder, el que escribe no recuerda, salvo en el franquismo, otra TVE más partidista, sectaria y manipuladora, junto con la de José Mª. Calviño, padre de la actual ministra de Economía, del 7-12-82 al 17-10-86, en la primera legislatura de Felipe González. Tanto es así, que Rosa María Mateo, administradora única del Ente, llegó a llamarla, en una comparecencia en el Senado en Mayo de 2.020, Televisión Espantosa; no sé muy bien si debido a un lapsus o al subconsciente.

Más promesas. Cuando, aún en la oposición, dijo que se publicaría la lista de defraudadores fiscales, a la que llamó “lista de la vergüenza”. Pues bien, llegado al poder, de lo dicho no hay nada, posiblemente porque había más de un nombre socialista. Lo que si se publica fue una lista de morosos a la Hacienda Pública; hecho que se efectúa todos los años y con anterioridad a este gobierno socialcomunista.

En Mayo de 2.017 Sánchez se comprometió acabar con el enchufismo. A día de hoy, ha metido en la Administración a todo aquel que se le acerque indicándole que fue su amigo del colegio o que haya jugado con el mismo al baloncesto; así, ha “enchufado” hasta a su esposa en el Instituto de Empresa, no sabiendo nadie cual era su cometido. Actualmente ha sido colocada para dirigir la Cátedra Extraordinaria sobre Transformación Social Competitiva, en la Universidad Complutense de Madrid. Me temo que ni recuerde el nombre de dicha Cátedra Extraordinaria. Ella dice ser licenciada, que en realidad no es una titulación homologada y por tanto carece de oficialidad.

Cuando en el año 2.016 dijo que nunca gobernaría con el apoyo de los independentistas, posiblemente no se imaginaba que llegado el momento tuviera que aceptar su apoyo, y por tanto pactar con los grupos independentistas del PNV, ERC y EH Bildu, de Otegui.

Pasaré por alto su gran mentira de que nunca pactaría con Pablo Iglesias y su insomnio y el del 95% de los españoles, por ser un tema de todos conocido y que ha servido incluso de chanzas de todo tipo.

Si se detallara una por una cada promesa de Sánchez incumplida, nos encontraríamos conque el que escribe se cansaría y un posible lector se aburriría. No obstante, sin dar detalles de cada una de ellas, citaré algunas. Tenemos la de reducir las listas de espera de las personas dependientes, hacer posible la accesibilidad universal para personas con discapacidad, la reforma del modelo de financiación autonómica, retirar las medallas que condecoraron a torturadores franquistas, derogación de la Ley de Seguridad Ciudadana (Ley Mordaza). Me quedo aquí. Ninguna hasta la fecha se cumplió.

La penúltima promesa, nunca se puede decir cuándo será la última, la ha hecho el 24 de Febrero pasado en la sesión de control al Gobierno, en la que, ante la sorpresa de las ministras de Economía y Hacienda, el prometedor, anunció subvenciones por valor de 11.000 millones de euros a la hostelería, pymes y pequeño comercio. Conociendo al que nos mal gobierna, que todos aquellos a los que va dirigida la promesa se tienten las ropas y se pongan en lo peor.

A Pedro Sánchez, bajo mi punto de vista, ya se le empieza a aplicar por parte del electorado, la cita de Aristóteles “El castigo del embustero es no ser creído, aún cuando diga la verdad”.

Por lo expuesto, se puede comprobar que Pedro Sánchez solo cumple años.

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