Netflix
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Si contemplamos cualquier serie producida por las plataformas que operan en los mercados mundiales o nos fijamos en la publicidad que llega a nuestro móvil y televisión veremos una serie de rasgos comunes. Ideología globalita por todos lados, personas de color, parejas gays, velos islámicos o animales tratados como personas.

Sin embargo, la serie Bridgerton, estrenada recientemente por Netflix, se lleva la palma en cuanto a ridiculez y manipulación de la verdad. En esta serie, ambientada en círculos aristocráticos de la Inglaterra de principios del siglo XIX, se nos quiere hacer tragar con que la reina consorte era mulata y una gran parte de la alta nobleza británica de origen africano. Es cierto que la serie no tiene ningún interés más allá de las prototípicas cuitas de una señorita casadera que busca el amor en contra de los intereses de su familia. El típico clan que quiere casar a su flor más bella para acrecentar el prestigio y patrimonio de la familia. Nada nuevo bajo el sol.

Lo que sí es novedoso es que se dé una visión deliberadamente torticera de la historia del Reino Unido en la que se pretende convencer al público actual de que la aristocracia de hace dos siglos estaba formada, en un significativo porcentaje, por gente de color. Se trata de una aberración histórica tan grande, una falacia tan ridícula, que solo puede explicarse por el deliberado interés de la ideología moderna por destrozar nuestro presente y desvirtuar nuestro pasado.

Solo un imbécil puede creer que la alta sociedad londinense estaba formada en 1.800 por blanco y negros a partes iguales. Sin embargo, esta es la imagen que las elites que controlan los medios de comunicación nos quieren hacer creer. No solamente las series, todos los contenidos audiovisuales han arrinconado al hombre blanco occidental y lo han sustituido por mujeres, personas de color o estereotipos del ámbito homosexual. No hay más que ver algunos anuncios publicitarios para darse cuenta. El contenido es lo de menos, el argumento no tiene relevancia, lo importante es extender el ideario globalista desvirtuando la historia europea y escondiendo deliberadamente los arquetipos humanos que le son propios. Nadie plantea una película en la que el jefe de una tribu africana sea blanco, o nadie hace publicidad en entornos musulmanes mostrando parejas homosexuales en sus spots.

Sin embargo, en Occidente, tratan de sobredimensionar estos colectivos y, lo que es peor, retorcer nuestra propia historia haciéndonos creer que la nobleza británica estaba formada, en gran medida, por personas de color. Es ideología pura y dura, son mensajes acordes con el interés de las elites mundiales que lo único que quieren es acabar con la clase media occidental. Cualquier instrumento les vale: los medios de comunicación, las plataformas audiovisuales, la publicidad… todo para convencer a los europeos de que no defendamos nuestra historia y nuestras tradiciones y sucumbamos a la importación masiva de población, religiones y tradiciones que nos son ajenas.

Cada vez que vea un anuncio en el que pretendan venderle ropa de alta costura utilizando una persona de color, en el que le muestren dos chicas besándose para anunciar una aplicación para buscar pareja acuérdese de este artículo. No es casual, se trata de ideología globalista, directamente de la pantalla del móvil o televisor a nuestro cerebro.

*Un artículo de David Pasarin-Gegunde

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