Llegado a este punto es necesario ahondar un poco más en el funcionamiento de nuestro cerebro. Volviendo a la analogía del hombre y la computadora, tomemos al microprocesador (equivalente al cerebro) como ejemplo; éste está dividido en distintos sectores de trabajo, que se ocupan cada uno de una función determinada en el procesamiento de los distintos datos que va recibiendo, tanto del exterior (órdenes que le damos mediante el teclado y el mouse), como del interior (puertos de tarjetas gráficas, red, sonido, y demás componentes de la máquina). Esto puede llevarlo a cabo porque tiene perfectamente claro y preestablecido qué sector se ocupa de cada tipo de datos, de otra manera sería tal la confusión, que usted estaría escribiendo una palabra en el procesador de texto, y en vez de eso se abriría el navegador de internet o pasaría cualquier otra cosa hasta el punto que el sistema dejaría de funcionar. El cerebro de la unidad de carbono humano trabaja exactamente igual, tiene sectores o centros de control, que se ocupan —o al menos debieran ocuparse— de funciones determinadas.

Ahora veamos cuales son y que función cumple cada uno de ellos. Nos ocuparemos solo de los centros tridimensionales que son cinco: el instintivo, el motor, el intelectual, el emocional, y el espiritual. Comencemos con el centro instintivo; este se ocupa del funcionamiento interno del cuerpo, todos los procesos interiores se llevan a cabo con su intervención. Tanto el funcionamiento de los órganos como los procesos químicos que se llevan a cabo están a cargo del centro instintivo (sistema circulatorio, digestivo, nervioso, etc.). Este centro comienza a funcionar desde el momento mismo de la concepción, y toma su programación inicial de la memoria genética; usted no es conciente de él, su cuerpo funciona sin que tenga necesidad de intervenir. 

Pasemos ahora al centro motor; este toma su programación inicial del centro intelectual y es el encargado de las acciones automáticas y repetitivas como caminar, manejar cualquier utensilio, conducir un vehículo, etc. Cuando usted aprende a hacer algo, primero lo piensa (usa el centro intelectual) pero cuando lo procesa toma el mando el centro motor. Por ejemplo, cuando usted aprende a manejar un vehículo, primero tiene que pensar cuando usar el embrague, que cambio  poner y cuando, en que momento usar la luz de guiño , o el freno, etc. Luego de un período de práctica, Ud. lo hace automáticamente, señal de que el centro motor tomó el control. A partir de ese momento, si usted quisiera pensar lo que está haciendo, seguro que no manejaría tan bien. Igual pasa con los distintos procesos automáticos, usted no piensa “ahora tengo que levantar un pie y moverlo hacia adelante, mientras trato de mantener el equilibrio hasta que lo vuelvo a apoyar, y luego me impulso y levanto el otro pie…”, etc., cuando camina, usted solo camina, el centro motor está a cargo. 

Veamos ahora el centro intelectual; este toma su programación inicial de los datos recibidos del exterior (a través de los cinco sentidos), intelectualiza la información y saca sus propias conclusiones. Por ejemplo, usted tiene un problema, lo piensa, ve las opciones y decide que acción tomar. Este centro es el encargado de los acontecimientos cotidianos de nuestras vidas y de enseñarle al centro motor las acciones que debe realizar. 

Continuamos ahora con el centro emocional; este toma su programación inicial de los estímulos, es el encargado de manejar las emociones: tristeza, alegría, euforia, melancolía, etc. Todas ellas están a cargo de este centro, su trabajo es procesar los estímulos y reaccionar ante ellos cuando es necesario. Usted no se entristece porque se le cayó el tenedor de la mesa, solo lo levanta y lo lava, pero sí se entristece si se le muere por ejemplo su mascota. Por último tenemos al centro espiritual; este debería tomar su programación inicial de la conciencia genética, pero como no tenemos acceso la toma del centro emocional, y eso es una complicación, pues constituye digamos que un “agujero de seguridad”. Como podemos ver, el centro espiritual ya funciona mal de entrada, complicando las cosas para la unidad de carbono humano.

Los centros (tridimensionales) de control

Entonces tenemos dos centros, el instintivo y el motor, que no tienen grandes problemas, pues por lo general hacen su trabajo sin complicaciones, pero con relación a los tres restantes la cosa es más complicada, pues su funcionamiento no es el correcto. Ya de entrada el centro espiritual tiene una programación inicial errónea, dada por el centro emocional; como consecuencia, este último muchas veces se hace cargo de lo que le corresponde al intelectual y viceversa, surgiendo emociones cuando no deberían, o bien intelectualizando cuestiones emocionales y no permitiendo de esta manera la consideración hacia el prójimo. Esta falla en el sistema es utilizada para la manipulación; la oratoria es un arma por excelencia en este sentido, porque es utilizada para activar o desactivar ciertos centros aprovechando ese mal funcionamiento y procesamiento que acabo de describir y así inducir a determinadas opiniones o actos, que de otra manera no serían posibles. Esta es una de las formas del control de masas más común y el mal funcionamiento de los centros de control es la puerta de entrada de la manipulación social. Estén atentos ahora que lo conocen y tal vez logren ver las cosas más claras la próxima vez que escuchen un discurso  en los medios, venga este de un político, un religioso, una multinacional, un producto, una noticia, o de quien sea. 

 

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