próxima ola

Dice Wikipedia que la claustrofobia es miedo a estar en espacios cerrados o limitados. El claustrofóbico imagina que puede asfixiarse y eso le provoca ansiedad. Se estima que, en principio, entre un 6 y un 8% de la población sufre este trastorno, pero el porcentaje puede aumentar exponencialmente pues también cabe la posibilidad de “contagiarse” viendo a otros pasar por experiencias claustrofóbicas. Es por todo ello que los expertos recomiendan evitar esos lugares cerrados que identifican como “factores de riesgo”.

La claustrofobia es pues una sensación de ahogo que surge debido al miedo a permanecer encerrado en un sitio que se considera demasiado pequeño pero ¿Cuándo un espacio puede considerarse demasiado pequeño? ¿Alguien lo ha concretado? ¿Podemos asegurar, por ejemplo, que un apartamento de 20 m2 puede resultar claustrofóbico y no uno de 90 m2? No, porque la aparición de la ansiedad depende, en primer lugar, del miedo que ya ha acumulado el individuo –Es decir, de lo miedoso que se ha hecho- y, en segundo lugar, del tiempo de exposición al “factor de riesgo” –Eso es, de lo que dure el encierro- Es evidente que, la misma persona que puedo no agobiarse por permanecer unas horas en una habitación puede agobiase mucho tras permanecer unos días.

Si preguntamos a un claustrofóbico ¿Cuáles son los síntomas? seguramente nos dirá que siente miedo y ahogo ¿Puede ser el miedo un síntoma siendo la causa? En cualquier caso, ese miedo o ahogo, hace que la respiración se vuelva poco profunda, por la propia tensión muscular que provocan los síntomas y el claustrofóbico entra en un bucle en el que no puede discernir si es el miedo que está experimentando lo que le provoca la asfixia o es la asfixia la que le provoca el miedo.

Al volverse la respiración menos profunda, el cuerpo sufre una falta de oxigenación que puede conducir al desmayo. En cualquier caso, esa falta de oxigenación de las células compromete el buen funcionamiento del cuerpo. No es extraño que la sensación de ahogo, si se prolonga en el tiempo, acabe somatizándose como enfermedad respiratoria pues el cuerpo siempre trata de expresar aquello que “siente” la mente. Así, si la mente percibe asfixia, el cuerpo tiende a fabricar una situación asfixiante, por simple coherencia; pues el cuerpo no es más que la máquina de la que se sirve la mente y la máquina siempre seguirá a su conductor. Negar que la mente es el conductor del cuerpo sería asumir que somos seres irracionales.

Son muchos los países en los que los gobernantes han recomendado a la población permanecer en sus viviendas, pero muy pocos los que han prohibido salir, como han hecho en España. Recomendar y prohibir son cosas distintas. Lo segundo es establecer límites, y eso crea las condiciones para que pueda darse la sensación claustrofóbica ¿Alguien ha pensado en los efectos que tendrá esa prohibición en ese 6 u 8% que, ya de por sí, es población de riesgo? ¿Alguien ha calculado hasta qué porcentaje aumentarán los claustrofóbicos debido a la prolongación del tiempo de exposición? ¿Cómo podrían hacerlo si no sabemos siquiera cuánto durará el encierro? ¿Qué se diagnosticará a esas personas cuando ingresen en un hospital manifestando problemas respiratorios? ¿No podemos entrar en un bucle en el que, cada vez más personas sufran problemas respiratorios y eso lleve a los gobernantes a prolongar, aún más, el tiempo de encierro y eso cause, a su vez, más problemas respiratorios, y más ansiedad, más miedo? ¿No dicen los propios médicos que el miedo baja las defensas? ¿No es de vital importancia tener las defensas altas, el sistema inmunitario en forma, para superar cualquier enfermedad?

La medicina holística o integrativa critica a la medicina alopática imperante por partir de la premisa de que un ser humano puede reducirse a un conjunto de procesos químicos que, en caso de malfuncionamiento de alguno de ellos, se repara con más química. Eso no es más que tratarnos como cuerpos, ignorando que también somos mente, e ignorando que es la mente la que crea las condiciones que luego expresa el cuerpo.

Hoy día, pocos médicos alopáticos dudan, por ejemplo, que una situación prolongada de stress, de ansiedad, de miedo, puede producir una úlcera, pero hubo un tiempo, no muy lejano, en que se burlaban del que les planteaba tal posibilidad. Al final, tuvieron que rendirse a la evidencia, que es, al fin y al cabo, lo que hace todo buen científico. Para ello, tan solo hace falta darse cuenta de que el miedo (mental) es lo que causa la asfixia (corporal), de que el miedo es lo que nos deja indefensos frente a la enfermedad ¡Negarlo sería asumir que somos seres irracionales!

PD: El texto anterior lo publiqué hace un año, cuando empezó el confinamiento, con el título ¿Quién se acuerda de ellos? Entonces no era políticamente correcto hablar del tema, así que ningún político se acordó. Hoy, también ellos “se ven obligados” a consumir drogas psiquiátricas porque les resulta imposible soportar el miedo -que ellos mismos sembraron- Recientemente, uno de nuestros representantes nombró algunas drogas psiquiátricas, y desde la tribuna del Congreso preguntó a los otros ¿Cómo es posible que nos resulten tan familiares sus nombres?

Los políticos vaticinan, ahora, que la cuarta ola puede ser de enfermedades mentales y ellos mismos se reconocen enfermos. Ya se ven como drogados gobernando a drogados, algo así como “ciegos guiando a ciegos”. De vez en cuando, alguno parece despertar del coma inducido y se pregunta ¿Valía la pena pasar por todo esto para evitar un resfriado? Sin duda, se contesta, pues las acciones de las farmacéuticas siguen subiendo.

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1 Comentario

  1. A mi las olas que me van son las de vino o cerveza y las de la naturaleza, las del mar, nos quieren prohibir todo hasta pescar, lo único que quieren es tenernos encerrados y separados de nuestros hermanos los humanos, no quieren que nos amemos ni que nos abracemos, quieren que nos odiemos porque los que nos están haciendo esto no son humanos sino demonios, pero al final el amor triunfará, aunque va a costar sangre sudor y lagrimas, por favor si no queréis visitar el panteón no os pongáis la inyección, que se la ponga el embustero enterrador.

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