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Todavía recuerdo a Albert Rivera saliendo en hombros al finalizar la última corrida de toros, hasta la fecha, celebrada en la Monumental de Barcelona. Desde aquel día, no se me alcanza haberlo visto en ningún otro coso. Ni a él, ni a ninguno de los suyos. Podría haberse dado el caso, pero.

Para todos los partidos políticos, el dosier “Toros”, es muy molesto. En el mejor de los casos, lo tienen arrumbado en el cajón de las vergüenzas, sólo lo sacan cinco minutos durante la campaña electoral y ni uno más.

Desconozco a estas alturas, cuántos de los cientos de miles de aficionados a los toros, siguen apoyando en las urnas a los partidos del consenso progre, y cuántos quedarán, tras comprobar que tanto Ciudadanos, ya completamente desnortado, como el decadente PP genovés, forman parte del globalismo más desaforado.

El caso de Madrid, altamente instructivo, sirve para desnudar un comportamiento no demasiado edificante. Las Ventas, se ve mancillada una y otra vez, sin ningún recato por parte de las autoridades, tanto locales como regionales. De las nacionales: meglio non parlare. Sale completamente gratis, o salía, humillar a los aficionados al rito taurino y a un recinto, que muchos tenemos por sagrado. Mucho antes del trampantojo que se esconde tras la COVID-19, ya nos amenazaron con unas obras, que nunca se llevaron a cabo, o sea, que la partida de pimpón viene de lejos. Aprovecho esta digresión, para confesarles que, en varias décadas de religiosa asistencia, no he conocido a nadie que haya sufrido un esguince o roto el colodrillo, yendo y viniendo por sus galerías, escaleras o andanadas. Mas, aunque dudemos, creamos a los técnicos y sospechemos de tan taimado edificio.

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A los amantes del arte de Cúchares, en sus diferentes formatos, nos las están poniendo como a Fernando VII, puesto que sólo hay una formación política que se dirige al pueblo español tratándolo como adulto y sin complejos. No sólo dicen defender lo nuestro, aunque habrá que estar muy alerta, sino a todo el sector primario de nuestra maltrecha economía.

El actual burgomaestre madrileño, se exhibe por las televisiones con indiscutible éxito y el viento soplando fuerte en la popa y ya se le está poniendo cara de “dejadme solo”. O está mal aconsejado o no es consciente de que los millones de decentes votantes de la gaviota, andan en la duda hamletiana deshojando la margarita. A poco que se descuiden, él y sus correligionarios, encallarán en cualquier nuevo Bárcenas, con afán de notoriedad. Entonces, las cañas catódicas, se convertirán en lanzas.

La presidente, parece algo menos refractaria y, de vez en cuando, nos saca de la clandestinidad, a pesar de que bastante tiene enarbolando con gallardía, el estandarte de la libertad frente a toda la Brunete mediática manipuladora, obsequiosa, rastrera, servil y cómplice, al servicio del psicópata de La Moncloa. Ella, Díaz Ayuso, sí se ha dejado ver en día de festejo. Desde la administración se podría hacer más, mucho más, pero ya llegará la hora de ajustar cuentas. Resulta descorazonador, que los que, presuntamente, son nuestros aliados, nos ninguneen y escondan con tanto desparpajo.

Sigo soñando con posar mis reales, muy pronto, en un tendido de una plaza cualquiera, ya sé que no será en Las Ventas, muy a mi pesar. Tendrá que ser en Leganés, en Sevilla o en Vic-Fezensac, tanto da; de lo que ya no me cabe ninguna duda es, que mi voto será verde. Infiero, por lo que escucho, leo y veo, que no soy el único que piensa así. Es una mera cuestión de supervivencia, más allá, de que es la primera vez en mi vida que siento que unos políticos me hablan sin faltarme al respeto. La primera.

Sigan, sigan yendo de plató en plató a hacer gracietas, y no cejen en seguir despreciando a la gente del toro, que es de balde.

*Un artículo de Bienvenido Picazo

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