El enemigo… aquel extraño y oculto personaje, aquel que atenta contra nuestras vidas, conceptos e ideas, que nos desvela por las noches, y nos preocupa por el día, aquel que nos manipula, engaña y miente, aquel que nos acongoja, oprime y deprime, aquel que nos somete y atemoriza, el enemigo al cual estamos dispuestos a enfrentar en batalla, a combatir hasta la victoria o la muerte, y del cual desconocemos su verdadero plan e intención, ese que se oculta en el centro de los círculos de poder, ancestral y poderoso, ese enemigo nuestro… ¡Cuán equivocados estamos!

Pensamos que hay que enfrentar y combatir al poder en las sombras, a la élite gobernante y a sus fieles representantes, destruirlos y tratar de cambiar las cosas, llegando hasta el interior para desenmascarar a aquellos que se ocultan en el centro de los círculos concéntricos de poder, los programadores, los enemigos… Creemos que la batalla es con ellos, que podremos vencerlos, doblegarlos, someterlos, y ese es el gran error, porque el enemigo no son ellos, somos nosotros mismos, nosotros vulnerables máquinas de carbono somos el enemigo, está dentro de nosotros, oculto en nuestra programación, que nos tiene convertidos en fieles siervos de sus deseos, esclavos de nuestros temores, incapacitados de actuar y pensar por nosotros mismos, manejados por su mejor arma: el miedo. Miedo al cambio, miedo al qué dirán, miedo a la soledad, miedo a equivocarse, miedo a decidir, miedo al prójimo, miedo al amor, miedo al miedo. 

Si queremos alguna vez lograr ser libres, la primera batalla que tenemos que enfrentar es la batalla con nosotros mismos, con nuestro enemigo interior, nuestros temores, nuestra programación, nuestra inseguridad, nuestra estupidez. Dije que ellos no pueden destruirnos porque nos necesitan, pero nosotros sí podemos destruirnos como máquinas de carbono para renacer como Humanos, si ganamos nuestra batalla ganamos la guerra, porque quedarán solos, sin nadie a quien manipular, engañar, asustar, serán reyes sin reino, emperadores sin súbditos, serán ellos los esclavos de su propia naturaleza, porque su creación resultó ser su perdición.

Es preciso entender esto, para tratar de lograrlo y luego poder decidir cómo seguir. Si siempre dependemos de alguien que nos diga que hacer, nunca lograremos la victoria, porque siempre aparecerá la duda, la indecisión, la inseguridad… solo consiguiendo la certeza podremos enfrentar la batalla final, y esta se otorga como medalla después del combate, solo entonces podremos hacer lo que tengamos que hacer, sin dudas ni culpa, porque tendremos la seguridad que es lo correcto, y que todos marchamos al unísono para un fin en común, levantando la bandera de la verdadera libertad.

 

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1 Comentario

  1. Nos vienen a la memoria las palabras del Cardenal Vigano,hay mucho satanismo y los cristianos sonn cada vez más minoritarios…pero debe triunfar Cristo,por es así como siempre estuvo establecido.

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