gotas

En mi corazón y en mi alma de cristiano este año, un año más, mi espera se la lleva el viento. Se verán muy entristecidos, por un lado, ver en estos momentos una alarma e inquietud por esta maldita espera. Las procesiones de Semana Santa, se han vuelto a quedar en silencio. Córdoba, mi Andalucía se ha vuelto a quedar sola y callada. Hoy Lunes Santo, mi Plaza de San Lorenzo vuelve a quedar sola, Una vez más, las hileras de penitentes rezando el rosario con sus faroles amarrados y el apagón de sus calles, hace que el silencio no tenga ruidos. El Cristo de Ánimas es una cascada torrencial, te ahoga si lo miras, pero te ofrece una paz infinita, de ver como Dios se hizo Hombre para morir en una cruz para salvar a todos los seres humanos.

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Todo el mundo cofrade, hace sus singulares saetas, flechas que a modo de oratoria podrían mermar el sufrimiento del Cristo en su calvario hacía el Gólgota, desde aquí, le envío mi oración en forma de saeta: Yo quisiera ser saetero/ para hacerte una saeta/y en ella mandarte entero mi corazón de poeta/saeta de pintadas finas/ mojadas en sangre de amores /.

La Semana Santa, nuestra Semana Santa vuelve a estar con nosotros con su silencio. Dos años más, ha vuelto ser como dos gotas de agua. Unidas como siamesas que fueran llovidas del cielo. A mis oídos, la saeta vuelve a romper como un quejío de lamento en el silencio de la noche. Un rosario de plegarias envuelve el aroma del incienso y el azahar de los naranjos en flor. No sé por qué, en estos días de la Semana Santa, se nota aún más la amargura en el rostro de la Madre que vuelve a ver morir a su hijo. Un hijo que, siendo Dios, quiso morir en una cruz para la redención del mundo.

No sé por qué estos días para mí, traen una tristeza inenarrable, me aportan una amargura que se adoquina en mi rostro y cuando ha pasado esta semana, se cascarillea y poco a poco va cayendo, dejando en ella la huella del dolor, del arrepentimiento, de la impotencia de querer hacer y no poder, de querer manifestarme, y es, en ese instante cuando un silencio sepulcral, el silencio del Gólgota que baja con una luz sin determinar, imprecisa; una luz que presagia dolor, sufrimiento y de esperanza.

Dios te salve María, bendita entre todas las mujeres. Los pasos de Palio de la Vírgenes llevan en sus caras unas lágrimas como dos gotas de agua caídas del cielo. Los cirios del paso también van llorando. Y, en ese silencio de estos dos años sin Semana Santa, le canto una saeta a la Virgen del Mayor Dolor de San Lorenzo: una saeta enhebrada /con el hilo de mi vida/ para coser esa herida que rasgó la lanzada. Saeta para volar/ cuando ya sienta la muerte/ y atravesar sin manchar/ las nubes, para ir a verte…

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