docentes

Hace ya unos meses que comenzó este curso tan atípico al igual que terrible, un tiempo más que discreto para que alguna voz de protesta se hubiera elevado por encima de la más mediocre y nauseabunda masa funcionarial, sin embargo, todo sigue igual, todos seguís con un bozal haciendo como si nada pasara, mientras han dilapidado la misma esencia de la educación, la misma esencia de vuestro trabajo, plagando de miedo y terror los centros educativos, donde ya no se enseña en libertad ni en pensamiento crítico, donde ya los niños han de portar un bozal y, en teoría, aprender o adquirir conocimientos mientras siguen amordazados perjudicando su salud tanto mental como física. Pero nadie alza la voz, parece ser que a nadie le importa ni su profesión, ni la calidad de su trabajo, ni la educación misma, solo el dinero. Entiendo que hay un amplio sector que tenga familia que mantener, deudas que pagar y un sin fin de menesteres monetarios, sin embargo, lo estáis, lo estamos, perdiendo todo. No es hora de tener miedo, ni de ser egoístas, es hora de dar un paso al frente, plantarse y luchar por lo que merece la pena, que es la libertad, la salud, y por encima de todo, la educación, y cuando hablo de educación, me refiero a una educación real, no a este fantoche subproducto de cuatro políticos trasnochados y que parece ser que tanto place a muchos.

Una de las bases de la educación y el desarrollo de los niños pasa por la socialización, la creatividad y el desarrollo del pensamiento, decidme dónde está, y no solo eso, dar clase implica un acto fundamentalmente comunicativo y expresivo que se ve completamente anulado y dilapidado por el uso de un bozal, que ha quedado demostrado ser, más que un elemento preventivo de enfermedad, un instrumento político de sometimiento y tortura.

No soy científico, solo soy un simple profesor que decidió no participar en este genocidio educativo y social, una simple persona en un mundo terrible rodeado de seres abducidos por el ansia de dinero o prestigio social, un ser humano que completamente devastado y sin ningún tipo de recurso ha visto cómo se ha pisoteado todo su esfuerzo, toda su vida y sus creencias educativas mismas, una vez tras otra, hasta llegar a este derrumbe y desmembramiento total de la naturaleza de la enseñanza.

No entraré en diatribas ni leyes educativas, ni pormenores que no son de mi agrado; no es momento de perder el tiempo, la mayoría de los docentes saben mejor que yo las consecuencias de todas estas décadas de adoctrinamiento y manipulación de la población joven en detrimento del librepensamiento y la instrucción en las diversas materias cursadas.

Repito, no soy científico ni médico, igual que Bill Gates, Soros, Pedro Sánchez, Illa y toda esa retahíla de personajillos del telediario de las dos, tampoco lo son, pero sé lo suficiente como para afirmar, tras nueve meses de observación directa, lecturas, conversaciones, experiencia, que no hay pandemia. Ahora podéis tildarme con la etiqueta que más os plazca, pero así es, no hay pandemia ninguna.

Vayamos a la RAE, una organización que en general no es de mi agrado pero que ha hecho una gran labor, al menos hasta la época reciente, en materia lingüística. El DRAE define pandemia como: «1.f. Med. Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región». Sí, como leéis, «a casi todos», decidme si eso es lo que tenemos, porque hasta hace cuatro días desde que se publicaron los datos estadísticos de muertes en, y permitidme la licencia, S-Pain, iban menos muertes que el año pasado. ¿Dónde está esa pandemia que anuncian a bombo y platillo en la todopoderosa y omnipotente televisión?

En base a esto se están tomando medidas totalmente dictatoriales sobre la población, restringiendo absolutamente todos los derechos vitales de los ciudadanos, con ello han eliminado prácticamente la salud pública y lo que más nos debería preocupar a los docentes, la educación. Porque sí, y lo sabéis muy bien, el trabajo que estáis llevando a cabo deja mucho que desear en cuanto a la calidad de la enseñanza. Un enfermo no puede ser atendido por teléfono, igual que un niño no puede ser educado a distancia y mucho menos con un bozal siete horas de media al día. No es el camino, no es educación.

Podría tirarme horas en cientos de disquisiciones y pormenores, pero creo que he dejado claro el mensaje. Hay que negarse a esto, hay que luchar por un futuro profesional de calidad, donde la salud y la libertad sean las dos columnas principales del mismo, de lo contrario más que docentes seréis las cobayas de laboratorio de cuatro indeseables y más que educación será mero adoctrinamiento puro y duro, enfermizo además.

Con esto me despido, creo que he puesto mi granito de arena, espero que muchos de vosotros reflexionéis y seáis conscientes de si este es el tipo de vida profesional que queréis, si por eso os hicisteis docentes, si queréis estar con un trozo de tela pegado a la cara el día entero mientras os asfixiáis, porque es como mínimo para cuestionárselo.

Un saludo y mis restantes ánimos tanto a padres como compañeros conscientes del gran mal que se está cometiendo.

 

*Un artículo de “Un docente disidente”

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