Agradecimiento

Ha pasado un larguísimo año, imposible de olvidar y que será recordado para la eternidad en los anales de la historia de la humanidad. El coronavirus, Covid-19, conocido popularmente por el “bicho”, ha segado la vida de millones de personas, muchas de ellas sin haber podido despedirse de sus seres más queridos. En España el castigo ha sido brutal y demoledor, especialmente en el grupo de los más mayores. Las residencias se convirtieron en focos de propagación y transmisión descontrolada, imposible contener. Las ambulancias, el confinamiento, las restricciones perimetrales, el cierre de establecimientos, el teletrabajo, las clases virtuales y la vacuna, del laboratorio que sea, han sido, son y serán por largo tiempo, parte  del capítulo de esa historia cuya crónica se sigue redactando. Tres oleadas asesinas nos han azotado y, si no somos responsables, una cuarta ola se adivina después de las vacaciones de Semana Santa.

Demasiado sufrimiento, excesivo dolor, inmensa aflicción y duelo impuesto es la sentencia de la mortífera enfermedad. La vida ha cambiado mucho, quizá para siempre, y nada será igual, nunca volveremos a aquella normalidad injustamente secuestrada, viviremos de otra manera, valoraremos otras cosas y nos daremos cuenta de la vulnerabilidad del ser humano ante su propia existencia. Una verdad incontestable es que el hombre es finito, es decir, pese a los logros y los avances de la ciencia y la tecnología, seguiremos manteniendo un duelo interminable con la enfermedad y la muerte, con independencia de cómo se llame aquella, pues a la parca ya la conocemos desde el origen de los tiempos, paseándose con su guadaña, siempre afiliada y dispuesta, entre todos nosotros. Algunos la ven, otros no la quieren ver y tampoco faltan los que ni adivinan su infausta y lastimosa presencia.

Hoy, un año después, sigue el desigual combate, pues la muerte impone su fúnebre crespón de manera in misericorde, sin distinguir, pero saeteando con especial virulencia a los más frágiles y débiles por vulnerables, a aquellos que nos han dado lo que tenemos y disfrutamos, nuestros ancianos. Recordaré a perpetuidad las citas, que cada tarde con los acordes de la canción “Resistiré”, tributaban un merecido homenaje a nuestros sanitarios. Me emocionaba ver los aplausos de la gente desde sus casas, sentía la necesidad de expresar mi gratitud, al menos con un gesto simbólico. Ellos han sido verdaderos héroes en el silencio del desafío de arrancar vidas a la muerte. Ellos sí han resistido y siguen aguantando en su particular trinchera. No hay día que no me acuerde de su coraje, profesionalidad, vocación, entrega, sacrificio, esfuerzo, trabajo e ilusión en su empeño entusiasta. Hoy, el cansancio y los altos niveles de estrés, la fatiga mental y emocional ante tanto quebranto y desolación es demoledora. Muchos se han contagiado, algunos han dejado su vida en el servicio a los demás, otros están de baja por cansancio acumulado, pero pese a todo, siguen siendo nuestra vanguardia en la defensa de la vida. No me cansaré de decir, con todo merecimiento y sin ninguna exageración que son nuestros ángeles custodios, nuestros ángeles de la guarda. Todos ellos sin distinción: médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, conductores de ambulancias, limpiadoras, servicio de cocina y personal de gestión y administración. Si no he nombrado a alguno que me disculpe por mi involuntaria omisión.

No hablo de oídas, no les comento estas cuestiones por afinidad o por cercanía familiar, lo hago en primera persona ya que he sido víctima del maldito “bicho”. He sido testigo y he presenciado el buen hacer del personal sanitario en todo tipo de situaciones. Quiero tener un especial recuerdo para el personal de urgencias que me asistió en mi ingreso y cuyos nombres no pude llegar a conocer; también al personal de la décimo primera planta del Hospital del “Río Carrión” de la ciudad de Palencia. Debo hacerlo y así me lo exige mi cariño, admiración y respeto, reconocer el excelente trabajo del doctor Francisco del Castillo y todo su equipo. Siempre atento, dispuesto, pese a las largas jornadas de sustituciones y guardias, mantenía una jovialidad impropia en aquellas circunstancias tan adversas. Sus palabras, su conversación demostraban una vocación incontestable como he conocido en pocas personas. No se quejaba, no se daba aires de grandeza, ni tan siquiera se protestaba por las condiciones de su trabajo, más al contrario, con sencillez, humildad y naturalidad manifestaba que ésa era su vocación, por tanto, nada se le debía agradecer. Mi aplauso es general a todos los que me atendieron con diligencia, siempre con una palabra amable y una sonrisa en el gesto.

Lo he pasado muy mal y una vez dado de alta, ya en mi domicilio, los síntomas de fatiga, cansancio, falta de saturación de oxígeno en la sangre y algunos mareos, proseguí, no sin sobresaltos, una recuperación que todavía no ha terminado. Una artritis reactiva me ha tenido doblegado en mi afán por recuperarme. Heparina y paracetamol son los compañeros  de mi día a día en la vuelta, mas una revuelta, a la presunta normalidad de mi vida personal. Pero todo ha cambiado, ya todo no es lo mismo, pero he tenido ocasión de valorar muchas cosas y sobre todo, a muchas personas que me han ayudado con su presencia y compañía en tan amargos momentos. No cabe duda, en toda terapia sanadora el cariño y el consuelo de familiares y amigos es importantísimo. Es por esto que me acuerdo de cuantos no pudieron verse rodeados de los suyos en el último adiós. Debió ser inhumano el martirio, el tormento, la tortura y la imposible resignación de una merecida despedida. Para todos ellos elevo mi oración, familiares incluidos, y mi  más sonoro aplauso.

Ahora parece que respiramos más tranquilos con los datos conocidos, con las vacunas administradas, pero sería una irresponsabilidad incalificable, una temeridad inapropiada y un delito digno de castigo, el pensar que somos inmunes. Me comentan los facultativos que la cuarta ola llegará, quizá con menos virulencia, pero sin remisión y que pese a su inquebrantable ánimo, sus fuerzas ya están muy mermadas, y los ánimos –lógica consecuencia- ya no son los mismos. Me dicen que todos los días para ellos son iguales, más de lo mismo, especialmente en las UCI donde la presión sigue siendo muy alta, que de llegar ese nuevo envite –me señalan- será muy difícil poder dar respuesta satisfactoria por los medios técnicos y por los propios recursos humanos.

Es momento de ser civilizados y conscientes del grave riesgo con el que nos enfrentamos, responsables del bien general y del de nuestros sanitarios en particular. Aquellos aplausos iniciales deben dar paso a un ejercicio de civismo y generosidad para quienes nos defienden, nos asisten, cuidan y curan. Que mis últimas palabras sean una vez más de una gratitud infinita e incuestionable para los que han sido, son y serán, pese a todo, pese a la necedad negacionista de pocos, el hedonismo de tantos y el egoísmo de los irresponsables, nuestros ángeles de la guarda. Una petición les pido al finalizar la lectura de este artículo, aplaudan una vez más y tengan claro lo apuntado. Se lo debemos a ellos.

COLABORA CON NOSOTROS CON PAYPAL

5 Comentarios

  1. Me alegro que se encuentre bien y espero que nunca olvide que si se ha recuperado, está vivo gracias a esos irresponsables y negacionistas. No lo olvide nunca, ya que gracias a esos médicos italianos que se negaron a seguir la versión oficial e hicieron autopsias, se dieron cuenta que con antiinflamatorios y anticoagulantes a se salvaban muchas vidas. Nunca se olvide de agradecérselo a los negacionistas. Un saludo

  2. Es muy curioso que en este lastimoso año que todos hemos soportado, al tiempo que apareció un invisible bicho, envuelto en enésimas e insufribles olas, desaparecieron inexplicablemente todos los resfriados, gripes y demás lacras como por arte de magia, es muy curioso, y es más curioso aún que este bicho se haya llevado por delante a una ingente cantidad de pensionistas, liberando de carga a las castigadas arcas de la seguridad social. Es realmente sorprendente que aparezca de debajo de las piedras un bicho, que favorezca de manera extraordinaria a los gobiernos de turno en su loco afán de crear un caos que propicie la ensoñada gobernanza global…
    Digo que este bicho es invisible, porque parece ser, que a día de hoy, todavía no ha sido identificado, no ha sido aislado, es más, ni siquiera se sabe con certeza que sea un coronavirus, así están las cosas… Y en medio de esta dantesca interpretación, nos vienen con una vacuna milagrosa, casi obligatoria, que no previene de nada, que no es garantía de nada, de la que nadie se hace responsable y de la que no se tiene control ninguno sobre sus efectos adversos, que al parecer son muchos y en algunos casos letales… Todo un poema, una vacuna para un virus desconocido, desarrollada en dos días que no cura ni previene nada, y que al parecer es agua bendita para más de un incauto…
    Pero hombre de Dios, ¿de qué telediario se ha caído usted? ¿Seguro que lo que usted ha padecido es un coronavirus? ¿O ha sido una gripe A o B envuelta con todos los atrezzos teatrales de esta miserable obra? Es que es muy extraño que le hayan diagnosticado coronavirus, cuando al parecer todavía no se sabe de qué virus estamos hablando…
    Los sanitarios siempre han tenido nuestro apoyo, pero en este circo sólo son víctimas, que no necesitan espectáculos ni aplausos balconeros. Muy lamentable tanto falso aplauso, que los propios sanitarios rechazaban y de los que se apropiaba indebidamente, el embustero de la Moncloa…
    Su artículo señor Nieto, llega muchos meses tarde, penosamente tarde, porque ya no quedan tantos tontos a los que dar la lata, ni creo que pueda convencer a nadie de nada….
    Cuídese esa neumonía o lo que sea que haya sufrido y disfrute de su tiempo y de su familia. Saludos.

    • Amigo,
      cómo le agradezco su valiente contestación. Usted merece esta otra a modo de agradecimiento por mi parte. Y es que, hoy día, la estupidez, la contumacia del tipo medio del ignorante, del tipo medio del necio español, al respecto de semejante engaño, se ha convertido ya desgraciadamente en corresponsable, en colaboradora necesaria del despótico poder globalista en nuestra patria con la amenaza más grave y más peligrosa que desde la época de Stalin _puesto que esta es anterior a la época de Hitler aunque acaso sean ambas una y la misma_, o de Musolini, planea ahora sobre nuestra integridad física y moral _he ahí la llamada, temible “Ley Auswitchz”…_ y hasta _creo sin exagerar un ápice_ sobre la supervivencia de la vida humana en la tierra. ¡Mas ni usted ni ningún español de bien están solos en esta lucha legítima por la defensa en España de la vida, de los derechos y las libertades!
      Un saludo.

  3. ¿Debemos dar gracias a los sanitarios por ocultarnos el dióxido de cloro?

  4. Ante todo, me alegro muchisimo de que se haya recuperado. Espero que sus secuelas vayan sanando más pronto que tarde.
    Muy bonito lo de los aplausos y eso. Aplauda usted, si un caso, que Yo aún ando digiriendo el hecho de que un familar entrase por su propio pié en el Hospital por un desajuste en su marcapasos, y saliera con los pies por delante, incinerado tras semanas de aislamiento nazi, sin autopsia, por la covid y su puta madre, claro.
    Aplauda usted, que Yo me siento algo confundido para hallar explicaciones.
    Jamás piense que quizás se salvó porque Dios lo quiso, ni que sus amados sanitarios pudieron haber elegido una pauta medicamentosa mejor. No piense que si usted hubiera tenido unos lustros más, es muy posible que sus estimados galenos le hubieran metido un chute de midazolam, y a tomar por saco, una pensión menos.
    Aplauda, aplauda hasta que sus manos sangren, y no se planteé porqué un virus respiratorio, que se transmite presuntamente en aerosol por culpa de nosotros los irresponsables (excepto feministas), se comporta como un síndrome inflamatorio generalizado, cómo una enfermedad de la sangre, más propia de un daño ambiental por radiación o ataque químico.
    Pongasé ocho vacunas, no piense, aplauda, y que sea feliz.

Comments are closed.