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Negar a Dios es negarse a sí mismo. Negar a Dios es descartar toda posibilidad de trascendencia. El negador asume que no es más que una bestia con fecha de caducidad y queda reducido a un montón de órganos, formados por un montón de células, formadas por un montón de moléculas, formado todo ello por pura casualidad. Quién eso cree, ¿no debe creer igualmente que su propio pensamiento es casual? ¿Tiene pues algún valor?

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¿Qué probabilidad matemática hay de que, billones de moléculas, casualmente, ocupen el lugar preciso para completar ese puzle que es tu cuerpo? ¿Y para formar cada animal y cada planta? ¿Y para formar el mundo entero? ¿Cómo se puede decir que el universo se formó por casualidad sin conocer el universo y sin comprender lo que es la casualidad? ¿Cómo se puede defender que tenemos fecha de caducidad, ignorando ese principio de la física que afirma que toda materia es energía y la energía ni se crea ni se destruye? Quien niega a Dios niega su capacidad de conocer, de comprender.

-Pero Dios es malvado. En su nombre se han cometido las peores atrocidades. No quiero creer en un poder tan nefasto-

¿Qué Dios te parece malo? ¿El que te hicieron imaginar los curas, los sacerdotes, los intermediarios…? ¿Cómo los llamas tú? Si sus historias te parecen perversas, no las creas. ¿Qué te lleva a pensar que ellos conocen a Dios?

-¿A quién creer pues?-

¿Y por qué creer? ¿Te das cuenta de que es creer lo que te convierte en creyente? Unos quieren creer que Dios existe, otros quieren creer que no pero ¿No están pensando, unos y otros, en ese mismo Dios que pensaron los curas? Pregúntate por la utilidad de creer. Verás que tu mente se queda en silencio, no porque no encuentra respuesta sino porque no encuentra ninguna utilidad y su respuesta es “nada”. Pero no me creas, pregúntatelo: ¿Para qué sirve creer?

-¿Y para qué sirve no-creer?-

Si no crees, nada puede limitar tu mente. Toda creencia te obliga a pensar de una determinada manera. Sin creencias tu mente se vuelve ilimitada, infinita, y eso es Dios, infinitud.

-Pero, si no me limito, podría pensar cualquier cosa… ¡Qué miedo!-

¿Imaginas a Dios con miedo?

-No, claro ¡Por eso sé que no soy Dios!-

Y si dejaras de creer en el miedo, ¿sabrías que no eres Dios?

-¿Estás insinuando que sí lo soy?-

Si estás dispuesto a seguir creyendo que Dios es eso que los curas te dijeron que es, creerás que lo que yo digo son majaderías pero ¿Qué utilidad tiene aferrarse a la imagen que nos inculcaron los curas? Ellos cometieron la falta más grande que podían cometer. Faltaron a su principal mandamiento: “No formarás imágenes de mí”. Imaginaron a Dios, y como cada cual lo imaginó con una forma distinta, empezaron a pelear entre ellos. Imaginaron y se equivocaron, y propiciaron nuestra equivocación. Dios no tiene imagen porque no tiene límites. No puedes hacer un dibujo, ni una estatua, sin definir sus límites. ¿Qué forma tiene el Universo? ¿Cómo lo dibujarías?

-Entonces, si Dios no tiene límites y mi pensamiento tampoco…-

¡Vas comprendiendo!

-Pero, una mente ilimitada, ¿no podría causar un daño ilimitado? Si no reprimo mis pensamientos ¿no puedo convertirme en un asesino, por ejemplo?-

Si temes matar ¿no es porque, alguna vez, enfadado, pensaste en matar a alguien? Si no reprimes tus pensamientos, verás surgir pensamientos mejores y peores, y tú podrás admitir y rechazar los que quieras. Reprimir es lo mismo que retener. Si retienes un mal pensamiento, ¿Cómo vas a poder dejar de pensarlo? No conozco a nadie que, pudiendo pensar lo mejor, elija pensar lo peor ¿Qué utilidad tiene asesinar? ¿Crees que los que asesinan son más felices?

-Pues la verdad es que, la imagen que tengo de ellos, no me causa envidia precisamente-

¡Pues ya ves! Cuando te permites plena libertad de pensamiento, puedes alcanzar los pensamientos más elevados y te das cuenta de que Dios es la mejor versión de ti mismo. Nada más y nada menos. Entonces, las peores versiones de ti mismo dejan de interesarte ¿Quién conservaría lo malo pudiendo disfrutar lo bueno? ¿Quién conservaría el miedo pudiendo sentir amor?

-¡Por fin te he pillado! Eres tú quién está poniendo límites. Dices que Dios es Amor, es decir, solamente Amor, pero mi mente puede pensar otras cosas, puede pensar más cosas; por tanto, mi mente es más grande, más poderosa que la mente de Dios-.

Vaya, te sientes orgulloso por poder pensar en “cosas que no son amor”. ¿Reivindicas pues tu derecho a pensar con odio? ¿Defiendes pues tu derecho a enfadarte? ¿Crees que puedes asesinar al prójimo y también amarle? ¿Crees que mientras sientes miedo puedes sentir amor? ¡Compruébalo! Dios es solo Amor, pero no porque se limitó, sino porque comprobó que el Amor era la mejor versión de sí mismo. ¿Qué utilidad podría tener, para Dios, guardar sus peores versiones?

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3 Comentarios

  1. Interesantes reflexiones de Don José Miguel Ruiz Valls.
    El hombre, el ser humano, se enfrenta a sí mismo, en un debate sobre su propia naturaleza, sobre su propia existencia, pues desconoce los principios de todo. Pero, en medio de su profundo desconocimiento se da cuenta de que existe, de que es real, de que vive, de que su pensamiento es ilimitado, y de que en verdad, no sabe el por qué de nada…
    El hombre, el ser humano, no sabe de donde viene ni a donde va, sólo sabe que está aquí ahora…
    Desde mi absoluto desconocimiento, aún puedo entender que nada es por casualidad, que somos alma que vive y siente, y que no es posible dar sentido a nada sin asumir la existencia de Dios, pues es él quien da sentido a todo…

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