Lágrimas de cocodrilo
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El acoso y derribo sufrido por la Cruz de Aguilar de la Frontera, a manos de la alcaldesa Carmen Flores de extrema izquierda (IULV-CA) y la complicidad de la delegada de Cultura Patricia del Pozo (del PP) en la Junta de Andalucia, ha provocado un intenso y clamoroso rechazo popular en el pueblo, en la provincia y en el resto de España.

Pocas instituciones han clamado contra este desafuero, ataque a los creyentes, manifestación de odio al cristianismo y profanación de un símbolo religioso. La carta a sus feligreses del párroco D. Pablo Lora es una excepción en el mundo clerical. No siendo esta la primera Cruz profanada, del primer pueblo donde haya ocurrido, llama la atención el clamoroso silencio de la Jerarquía eclesiástica, tanto el de la diócesis respectiva, como el de la Conferencia episcopal. La Agrupación de Cofradías ha levantado su queja y José Cabezas ha leído el Manifiesto donde ha recordado que “La simbología que la Ley de Memoria Histórica quiere aplicar a dicha Cruz dejó de estar presente en el año 1981 del pasado siglo por decisión plenaria de nuestro Ayuntamiento” y la Hermandad de la Penitencia ha anunciado un acto de desagravio para el domingo 31. Satisface también el Manifiesto de la Comunión Tradicionalista, entre las instituciones de ideología política y, a la vez, convocaba a concentrarse el sábado siguiente a los creyentes junto al Llanito de las Descalzas para desagraviar por la profanación. Entre los partidos`políticos, que los periodistas denominan de derechas (PP,  VOX y C’s), solamente se personaron, en el lugar de los hechos, políticos de la Junta y y del Municipio de Córdoba de VOX.

No es la hora de lamentaciones, justificaciones, ni de lágrimas de cocodrilo.

Es la hora de que una Institución, la que sea, se dirija al Consistorio de Aguilar, a la Diputación de Córdoba y a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y solicite los permisos requeridos para colocar una Cruz, donde fue rebanada la anterior, con el compromiso de evitar que el agua del arriate perjudique el muro de la Iglesia de las Descalzas y que pagará la factura de su reposición.

Y esa institución, la que sea, se dirija también a la alcaldesa para decirle que es cierto lo que ella ha leído en el ABC (30-01-21), donde se explica que la Cruz no fue levantada para celebrar la lucha, ni la victoria, de unos contra otros, ni cae dentro de la Ley de Memoria histórica, sino para recordar y rezar por los 43 aguilarenses que perdieron la vida a causa del bombardeo republicano, sin que estuviera el pueblo en zona de guerra. Y lo sabe la alcaldesa además, porque cuando niña, antes de perder la fe, al pasar por delante de la lápida de marmol con los nombres de sus 43 paisanos y de la Cruz, le habrá rezado por el eterno descanso y pedido perdón para los aviadores. Seguro que ha reflexionado, en todo esto y en las niñas que entonces quedaron huérfanas. La alcaldesa demuestra tener un nivel no pequeño de sentido común, al ser elegida alcaldesa por segunda vez, el haberse adelantado a los jóvenes que iban a la escrombrera a rescatar la Cruz (sabe cuánto perjudican las reliquias a su ideología) y por haber presentado excusas a los vecinos. Si después de esta reflexión, sigue los dictados de su sentido común y consulta a Garzón, este coincidirá en que, visto lo visto, conviene más dar marcha atrás sin perder la dignidad y además coincidirá en que “rectificar en política es de demócratas”.

Con todos estos antecedentes, finalmente, Carmen Flores hará llegar, a la institución que ponga en marcha aquella iniciativa, su apoyo para reponer la Cruz y su opinión de que “rectificar es de sabios”. Y que más vale paz y concordia, que fabricar odios, porque con lágrimas de cocodrilo no se va a ninguna parte.

Y colorín colorado, este cuento s’acabao.

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1 Comentario

  1. Y entonces se despertó y vió que la realidad era otra y que la sectaria esa no daba ningún paso atrás ni permiso para reponer cruces ni nada que se le pareciera.

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