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Cada generación nace y crece en un contexto social diferente: política, economía, costumbres, avances científicos, tecnológicos, etc. Todo este conjunto forma parte del mundo que experimentan desde pequeños aquellos que pertenecen a esa determinada generación, siendo para ellos natural todo lo que les rodea. Una persona nacida en la década de los noventa (1990), no tendrá ningún problema en —por ejemplo— aceptar, comprender y usar una computadora, pues es tan común para ella como la televisión para una que nació en la década de los cincuenta (1950), porque nació y creció junto con ella; pero… ¿Es realmente la tecnología que nos rodea y que vemos tan común, algo para pasar por alto? 

Cuando hace ya tiempo me hice esa pregunta comencé a interesarme por la historia, fabricación y funcionamiento de algunas de esas tecnologías, que extrañamente, no me llegaban a cerrar del todo. Una de las más enigmáticas para mí era el llamado microchip; no voy a describir su historia, pues pueden encontrar la “historia oficial” en internet, pero si voy a centrarme en su fabricación y funcionamiento, que como voy a exponer, es una “tecnología imposible”.

El microchip, es un circuito integrado formado por componentes electrónicos como transistores, resistencias, capacitores, diodos, etc., que cumple una función determinada de procesamiento de datos. Ahora bien, cuando hablamos de micro, hablamos de medidas en micrones, siendo un micrón  la milésima parte de un milímetro (1 x 10-3 mm). Un microchip de un teléfono celular puede tener el tamaño de la cabeza de un alfiler; por ejemplo, los microprocesadores actuales tienen el tamaño de una uña del dedo meñique y albergan en su interior nada menos que seiscientos millones (600.000.000) de transistores por núcleo, eso quiere decir que un procesador Intel i7 de cuatro núcleos tiene dos mil cuatrocientos millones (2.400.000.000) de transistores en un espacio de —a lo sumo— un centímetro cuadrado (1cm²), no hablemos de la tecnología necesaria para su fabricación, pues la separación entre componentes es de treinta y dos nanómetros  (32nm) . Un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro, o sea es inimaginable. 

Concentrémonos ahora en el diseño del circuito: este tiene que ser diseñado por uno o varios ingenieros electrónicos antes de ser construido, supongamos que el diseño y ubicación de cada elemento (por ejemplo, un transistor) demore en el tablero un (1) minuto, para finalizar el circuito se necesitarían 4566 años ininterrumpidos de trabajo solo para el diseño. Ustedes dirán: “si, pero hay programas informáticos que reducirían notablemente ese tiempo”, pero… ¿y el diseño del primero? estamos entonces ante una singularidad, ¿quién fue primero, el huevo o la gallina? Sumemos a esto el que nadie sabe en realidad cómo se construyen y cómo trabajan, además del hecho que solo una persona tiene permitido el ingreso al lugar donde se fabrican y que este está catalogado como de máxima seguridad. Podría seguir enumerando más enigmas, pero como ejemplo es suficiente.

Con esto quiero mostrar y decir que el microchip —al igual que otras tecnologías que vemos tan comunes— no fue inventado ni diseñado por el hombre. Cuanto más lo analicemos, más veremos que se trata de una tecnología imposible. Saquen ustedes sus propias conclusiones, si esta tecnología existe y se conoce, es seguro que ya es obsoleta comparada con la que mantienen en secreto y no dan a conocer, igual pasa con muchas otras tecnologías de las que se habla tanto en estos tiempos, como H.A.A.R.P (High Frequency Active Auroral Research Program) o Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia, tan relacionado ahora con las llamadas “armas climáticas” causantes de huracanes, terremotos y otros acontecimientos. Con esto no quiero decir que dude de la causa de tales fenómenos, pero seguramente nos entretienen con el H.A.A.R.P mientras usan otras armas mucho más poderosas y efectivas. La tecnología imposible está entre nosotros: la tenemos en nuestras casas, la llevamos en nuestros bolsillos, está en muchos de los productos que adquirimos y hasta en nuestros alimentos, y sin embargo no nos damos cuenta de ello. Por si fuera poco, además no nos pertenece, tal vez tendrán que preguntarse algún día a quién le pertenece y estar preparados para una inesperada respuesta.

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