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Como comento en “Carta a los lectores” al principio de este libro, mi camino de la búsqueda de la verdad comenzó a temprana edad. Cuando tenía 12 años, solía sentarme bajo la sombra de un viejo nogal en la casa paterna y mi mente volaba y se hacía cientos de preguntas para las cuales no hallaba respuesta, una de ellas era: ¿Por qué motivo el conocimiento del hombre parecía estar estancado en una limitada visión de la realidad? ¿Por qué con miles de años de historia el conocimiento científico, espiritual, religioso, tecnológico, etc., parecía estar todavía en la época de las cavernas comparado con la inmensidad del universo? No encontraba una explicación que me resultara satisfactoria, no tenía sentido que siendo seres supuestamente inteligentes nos conformáramos con los conceptos preestablecidos, y no viéramos que más allá del horizonte estaba la inmensidad esperándonos.

Un día mientras continuaba con estos pensamientos filosóficos, vi como subían por el tronco del nogal una fila de hormigas; estas llegaban hasta donde el tronco se bifurcaba y en vez de seguir subiendo hasta la copa del árbol, se desviaban hacia una pequeña rama, la recorrían buscando recolectar el alimento y volvían a bajar para dirigirse a su pequeño hormiguero; me quede pensando en el enorme árbol que tenían ante sus ojos y que ignoraban por haberse desviado hacia una pequeña rama. En ese momento una luz brilló en mi interior y entendí todo: nosotros éramos las hormigas recorriendo el árbol de la vida y habíamos equivocado el camino, creyendo que en esa pequeña rama terminaba todo, que todo el conocimiento estaba solo ahí; teníamos que volver al tronco y comenzar a subir por el camino correcto para llegar a las alturas, y desde ese lugar ver la inmensidad del árbol y del bosque que lo contenía, podríamos entonces —como las hormigas— pasarnos de árbol a árbol para seguir alimentándonos del conocimiento de su follaje, y salir de la absurda idea de que todo es nada más que la rama del árbol.

Sin saber, había iniciado la reprogramación de mi sistema operativo; desde ese momento me empecé a cuestionar todo lo que los conocimientos académicos enseñaban, tenía la certera idea de que había que aprender todo de nuevo desde cero, que la ciencia conocida condicionaba el pensamiento para no poder ver el árbol, pero que paradójicamente era necesaria conocer, para no repetir sus errores. Valientes profesionales están reescribiendo el conocimiento, saliendo de la rama y comenzando a subir por el árbol; también hay muchos otros no tan conocidos trabajando en silencio, para que en un momento no muy lejano la humanidad ocupe el lugar que se merece, y por fin podamos decir: “el trabajo está hecho, ya no estamos tan solos”.

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