Background (Pixabay)

Siempre me gustó la analogía de la computadora con el hombre: tiene un disco rígido, que es la memoria, un procesador o CPU, que es el cerebro, un software (programa) de reconocimiento de hardware (componentes) llamado BIOS, que es la parte motora, un programa base inicial para que arranque DOS, que es la parte instintiva, y por último un sistema operativo, digamos Windows, que se va cargando a medida que la persona va creciendo e interactuando socialmente. Tomando en cuenta las diferencias en cuanto a que el hombre es un ser biológico con base de carbono (C) y la computadora es una máquina con base de silicio (Si), la forma de procesar la información es muy similar, sobre todo cuando todavía no se reconoce a sí mismo como ser, y actúa como ego (fulano, mengano, doctor, ingeniero, cargo y rango, etc.) creyéndose el papel que le tocó en la obra de turno.

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Pues bien, siguiendo con la analogía, lo que usted ve en la pantalla de la computadora son sólo una serie de datos binarios, “ceros” y “unos” que el procesador gráfico transforma en imágenes. Igual pasa con el hombre: la vista transmite información química y el cerebro la transforma en imágenes, lo mismo sucede con el sistema auditivo (equivalente al micrófono y el sonido), el tacto (equivalente al teclado o pantalla táctil) y dejemos por ahora fuera el gusto y el olfato, que si bien tienen sus respectivas analogías, no son tan frecuentes encontrarlas en las computadoras personales, solo son usados en determinados casos de interfaces para discapacitados y sistemas de seguridad y científicos. Tomando como base esta exposición, el cerebro arma una imagen de la realidad basándose en el procesamiento de datos, sumando además la subjetividad del individuo. 

Queda claro que lo que vemos en la pantalla de la computadora con la que interactuamos no es en realidad lo real, (ceros y unos) sino una proyección armada por el procesador interpretando esos datos. En nuestro caso es exactamente lo mismo, nuestro cerebro forma la ilusión de esta realidad procesando los datos que recibe de nuestros sentidos, combinándolos con la realidad subjetiva de cada uno de nosotros, y esto es solo la parte más simple del proceso de la ilusión, luego entraremos en los detalles más profundos y complejos. Ustedes dirán: “bien, pero cuando me como una hamburguesa me la como, y cuando toco un árbol lo toco”, y es verdad, yo no digo que no esté ahí, que no exista, solo digo que no es exactamente lo que creen que es. Más adelante hablaremos de la manipulación de la ilusión de la realidad, y la forma y los procesos de llevarla a cabo, pero por ahora basta comprender cómo uno percibe el mundo que nos rodea. 

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5 Comentarios

  1. Que bueno. Menudo tamdem el diestro y ddla. Gracias a los dos. A morfeo por ser quien es y llevar casi 12 años en la capitania de la perla negra y al diestro por entrar en la tripulacion. No os arrepentires… os lo aseguro.

  2. Lo de la analogía entre hombre y máquina parece lógica, pues un ordenador hace las funciones que haría un cerebro humano: construye nuestra realidad basándose en las propias percepciones. Hasta aquí vamos bien, pero me da por pensar que la cosa se complica…
    El ordenador puede hacer un trabajo y llegar a un resultado, que puede ser más o menos complejo, y una vez obtenido lo muestra, lo muestra en pantalla para que el usuario decida qué hacer, pues la máquina no decide nada, no tiene poder de decisión alguna, sólo hace lo que tiene programado hacer. En esta parte de la analogía existe un usuario que decide y toma decisiones…
    Bien, cuando el cerebro humano recibe datos de nuestras percepciones y construye una realidad, un resultado o cualquier otro artificio, ¿a quién se lo muestra? ¿Se lo muestra a sí mismo? ¿Toma las decisiones por nosotros? ¿Para quién procesa nuestro cerebro? ¿Nosotros somos el cerebro, o somos sus usuarios…?
    ¿Quién sufre, quien padece, quién desea, quién siente?
    Me temo que aquí se pierde toda analógica posible, pues no somos un ordenador sin usuario, somos el usuario mismo…

  3. El paradigma de conocimiento científico “humanista” existente minoritariamente en las ciencias sociales se basa precisamente en la comprensión subjetiva de la realidad. No encaja ni con el paradigma “positivista” (neopositivista), materialista-mecanicista, dominante en la “ciencia” académica actual ni con el “estructuralista” que es el que usaban antes los marxistas porque los neocomunistas actuales ya no piensan de una forma estructuralista funcionalista, ahora se limitan a transmitir y ejecutar como papagayos las consignas que les lanzan sus popes (Soros y compañía)

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