entristecida

Lo malo de acostumbrarse a los pucherazos, es que es un hábito que suele terminar muy mal. Siendo demasiados en tan poco tiempo, no es la cantidad lo grave, lo peor es que quienes los perpetran, lo hacen a sabiendas de que estas añagazas no suelen terminar con un simple y amistoso intercambio de banderines.

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Discuto últimamente mucho con los míos, a propósito de lo que para mí resulta evidente desde que la Moncloa es la guarida de un psicópata, a la que llegó, todo el mundo lo sabe, tras tremenda prestidigitación en Ferraz. Y ahí sigue nuestro prócer, con todo su tremendo papo. Son tan descaradas sus fechorías, que ningún medio de manipulación se hace eco y, aunque el dinero todo lo puede, no deja de resultar asqueroso el sospechoso silencio que guardan. Apenas una almorzada de camicaces, osan salirse del consenso progre. EL DIESTRO, es una de esas pocas agujas, dentro del ignominioso pajar donde se refocilan.

A quien quiere escucharme le digo, que la falla que hay entre nuestros representantes y su apoyo real, sigue creciendo de forma alarmante. Cuando el común quiera caer en la cuenta de que lleva siendo chuleado una buena temporada, a lo peor ya es tarde y terminamos haciéndonos un contra harakiri.

A mí se me abren las carnes, cuando veo la desenvoltura de nuestra izquierda en general y nuestros racistas pueblerinos en particular, cuando se dirigen a la chusma, o sea, a nosotros y nos tratan con un desdén nunca antes visto por estos pagos. Antaño los golfos se ocultaban, hogaño, no, ahora se exhiben impúdicos, a sabiendas de que no sólo nos les va a pasar nada malo, sino que van a seguir obteniendo pingües beneficios crematísticos, catódicos y periodísticos, tal es la decadencia en la que nuestra España querida vive ultrajada.

No hace falta ser un fino observador, para percibir la realidad y el pulso de la calle. Poca gente asume con naturalidad humorísticos proyectos de leyes, desastres económicos tan soezmente provocados, medidas absurdas y contradictorias que escuchamos por doquier, el desprecio del pueblo sutilmente va en aumento, hacia quienes nos pastorean desde el poder y desde los medios de desinformación. Hoy, las audiencias se mueven hacia los nuevos popes en forma de youtubers, influencers y, no sé qué otros anglicismos por el estilo. Las nuevas bestias andorranas, resulta que son los malos de la película que nos están emitiendo, en suma, que no veo sean mayoría quienes les aplauden, a pesar de los miedos que nos tratan de infundir.

El escalón entre lo que vemos y lo que sufrimos, es tan evidente, que temo que en un arrebato de desesperación, las gentes empiecen a sacar los distintos desasosiegos, de forma más o menos violenta. Lo que me asusta es que, los que provocan tales desmanes, aun a sabiendas, siguen apretándonos el cuello de nuestra ignorancia. Y, como la consecuencia lógica, debería ser pasar sin solución de continuidad de La Moncloa a Estremera, no parece que vayan a aflojar. De lo que se deduce que si queremos otro morador que nos guíe, vamos a tener que echar mano de métodos menos ortodoxos que unas simples urnas de atrezo.

Lo vivido en Cataluña es el ejemplo palmario de todo esto, difícilmente los resultados que nos han vendido son los reales. Lo que se respiraba no era, ni de lejos, lo que salió de San Valentín. El pucherazo, no es sólo contar mal, es predisponer (Tezanos), es malmeter (medios de incomunicación de toda laya), es atacar (hordas callejeras, ‘apreteu, apreteu’), es crear un ambiente asfixiante (camisas pardas del humor sectario), es mentir sistemáticamente (Simón y todos los demás), es anular al Poder judicial, es soportar el insulto como forma de expresión de ministros, consejeros y portavoces, prevaricadores, iletrados y analfabetos a partes iguales y así, hasta el infinito y nada más.

La fiesta sigue, pero según mis cuentas estamos a punto de escuchar el tercer canto del gallo.

*Un artículo de Bienvenido Picazo

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1 Comentario

  1. Es triste ver como la gente se acostumbra a llevar el rostro tapado con un bozal de esclavo que es para lo único que sirve el tapabocas y más triste es ver como asfixian a sus hijos, ya hace tiempo que se ha dejado de leer y para entretener a un niño cuando llora se le da el móvil para que no moleste, también hacen demasiado caso a los medios de comunicación sobre todo a la televisión con unos presentadores comunistas y analfabetos como el Ferreras o el Risto Mejide entre otros sinvergüenzas, la verdad es que a mi me da mucha tristeza y pena ver en lo que se ha convertido mi país, en una nación de cobardes ignorantes y analfabetos que se merecen lo que está pasando,
    nos están arruinando y no se están enterando.

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