viejo orden mundial
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Hay una fase, en la evolución mental del ser humano, en la que tiene a los astros por dioses, y eso es porque viendo que no puede alcanzarlos, que no tiene poder sobre ellos, piensa -¿No serán ellos los que tienen poder sobre los hombres?-. El Sol y la Luna, al ser los más aparentes, se convierten en el centro de su atención y las estrellas, sobre todo las errantes, en el influyente séquito. Surge así la astrología como un intento de conocer su comportamiento. El astrólogo observa y descubre que, algunas veces, unos astros eclipsan a otros. Descubre que dichos eclipses son cíclicos y pueden, por tanto, predecirse. ¡Y eso le da una idea! Un día, sabiendo que se va a producir un eclipse, grita -¡Sol, ocúltate!- ¿Puedes imaginar la cara de los presentes al ver que, de verdad, se oculta? Para ellos es evidente que el astrólogo puede influir en el comportamiento de los astros-dioses y eso lo convierte en su intermediario. Con la astrología surge la figura del sacerdote.

Pero los que solicitan intermediación preguntan a menudo -¿Por qué los dioses me hacen esto?- ¡Qué puede responder el astrólogo-sacerdote sino lo primero que se le ocurre! Y así va moldeando a esos dioses, a su imagen y semejanza, adornándolos con sus mismas pasiones, con sus mismas emociones, con sus mismos caprichos. –Te hacen eso porque están enfadados y tienes que hacer esto para desenfadarlos-, se convierte en su respuesta recurrente. Y moldean y moldean, hasta que los convierten en estatuas. Con tantos adornos, son ya prácticamente humanos, incluso tienen familia –Hijos, padres, hermanos-.y uno de ellos ha usurpado la jefatura, imponiendo su orden en el cielo y la tierra. Es un dios-padre exigente -y por tanto insatisfecho-, al que se asocia con el rayo y el trueno, con el mando y ordeno, con la fuerza, con el dominio, con la conquista del otro -De ahí el auge de la esclavitud-. Es un dios egoísta, que exige sacrificio, sufrimiento, muerte. Es cuestión de tiempo que los seres humanos comprendan que, lo que han creado, no es más que un monstruo.

Cuando los seres humanos se dan cuenta de su fracaso creativo -Suele ser cuando se hartan de sufrir- se plantean crear un dios distinto y lo imaginan, esta vez, lleno de bondad, de amor. Esto supone un gran salto evolutivo pues, para verlo así hay que ser así, bondadoso, amoroso. El dios batallador se convierte en pacifista y sus seguidores cambian el conflicto por la colaboración, el desprecio por el aprecio, el miedo por la confianza, el mal por el bien -Pensar mal por pensar bien- ¡Y descubren la paz!.. Tal paso se simboliza en un nuevo rito, en el que se sustituye la sangre del sacrificio por vino -El sufrimiento por alegría-. Y con la paz llega la prosperidad pues la enorme cantidad de recursos que se destinaban a la guerra pueden dedicarse a dar de comer al hambriento, a dar atención al necesitado.

Y así empieza un nuevo estadio en la evolución mental que podríamos llamar “Despertar”, en el que los seres humanos comprenden que, para amar, no hacen falta intermediarios -Es más, quién se pone en medio siempre estorba-. Es cierto que algunos se hacen los remolones, que antes que perder privilegios, prefieren seguir pensando como en la Edad del Hierro y seguir imponiendo su orden con mano de hierro. Pero es cuestión de tiempo que comprendan que, ese dios que crearon, a su imagen, no es más que un monstruo insaciable, que también los está devorando a ellos.

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