Hoy estamos asistiendo a la debacle y a la posible desaparición de dos partidos políticos; el Partido Popular y Ciudadanos, y la causa no es otra que no haber sabido leer el problema que acucia a España y del cual si son conscientes sus votantes: el riesgo inminente a la destrucción de España y la defensa de la nación.

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Estos dos partidos se han enfrascado en posicionarse como “constitucionalistas”, sin darse cuenta que esa palabra no es más que un eufemismo cobarde de quién no se atreve a presentarse a las elecciones como un defensor de la patria. Antes de la Constitución de 1978, ya existía España y ser constitucionalista, en estos momentos, no es un marchamo de calidad, sino un término asociado al fracaso de defender lo abstracto contra lo intangible, que es la patria.

El pueblo si sabe que su madre España está sufriendo y como hijos de ella, van a agruparse en torno a la fuerza política que se presente beligerante contra los enemigos de la Nación, siendo evidente que ni PP, ni Ciudadanos, son esta fuerza política que salve a nuestra amada tierra española.

PP y Ciudadanos han gastado todo su crédito ante el pueblo español en las elecciones catalanas, pero peor es que no se han enterado aun, que su tiempo ha terminado. Como gestores de puestos de trabajo para sus políticos, han tocado fondo; como maquinarias electorales, han demostrado una torpeza fuera de lo común y como valientes defensores de sus votantes y sus inquietudes sólo han demostrado su cobardía al decir en una entrevista ante la RAC 1, que les daba lo mismo una bandera de España en un balcón, que una bandera ilegal y racista como la “estelada”. Mientras uno traicionaba a sus compatriotas que le habían votado en pasados comicios electorales, los otros aparecían ante sus votantes, con fotos en lo alto de las farolas, dándose abracitos a sí mismos como símbolo de hedonismo suicida.

Pero ambos eran constitucionalistas y con esta palabra pensaban que se les perdonaban todos sus pecados presentes y pasados. No cayeron ninguno de los dos, que la Constitución, como norma abstracta, no va a defender a España y mucho menos a los españoles, en estos tiempos tenebrosos de su historia.

Los dos partidos “constitucionalistas”, han ignorado que con el Estado de las Autonomías, no se potencia la unidad nacional, sino que la destruye poco a poco e inexorablemente y que el proceso de desintegración nacional, se acelera con el propio texto constitucional. El sistema ha instaurado una Constitución en que se habla de nacionalidades históricas a las que se dan atribuciones de soberanía y, además, se entrega el poder político a aquellos que defienden la independencia.  Hoy en día, el proceso ya es muy grave, porque al entregar el poder político, económico, cultural y hasta religioso, a los independentistas, ellos han fomentado el odio a España a varias generaciones de ciudadanos. 

Un pensador para un pueblo dijo una vez no hace mucho tiempo: “La diversidad enriquece, la dispersión aniquila. La uniformidad acogota, la unidad fortalece”.

El Partido Popular y Ciudadanos, lo han reiterado al llamarse constitucionalistas, son pilares del sistema que destruye España y, sólo Vox, les ha recordado que para triunfar en política hay que darle al pueblo postulados sencillos y rotundos. Sólo este movimiento político ha adoptado una posición beligerante contra el gran cáncer de España, que no es otro que las autonomías y el sistema electoral, así los españoles lo han entendido y como un solo hombre van a engrosar sus filas, dejando despobladas las de todos aquellos que no crean en España antes que en la Constitución.

Mientras el PP y Ciudadanos discuten en el Congreso de banalidades como buenos constitucionalistas, España se deshace a pedazos. Mientras no se atreven a decir que son patriotas, pero si proclaman que son constitucionalistas, sus partidos se desangran en votos.

Lo que está en juego, en última instancia, es España como nación, como criatura histórica, como entidad soberana. Y está claro que ningún gobierno, ningún Régimen, ni menos la Monarquía, puede comprometer la existencia misma de la nación. Si nos quedamos sin España, si España pierde su unidad, aquello que la vertebra y la vivifica, si la dejan sin alma, sin razón de ser, es inútil seguir discutiendo. 

Partido Popular y Ciudadanos han dejado de existir por falta de vitalidad interna y en ellos, explícita o tácitamente, se suscribe una dimisión histórica de la defensa de España.

De ellos sabemos que son espíritus moderados y transversales, palabras vacías que gritan desde la frialdad de su gabinete, desde la obediencia a consignas ocultas o desde la hipocresía, que  pone en juego la unidad de España, porque estos partidos políticos han dejado de ser aparatos administrativos asépticos e inertes para convertirse en un problema para España.

Las autonomías no sólo contradicen la unidad de la nación, si no que en este momento son sinónimos de la pérdida de la libertad, de la justicia, de la igualdad y del pluralismo político; causantes y colaboradoras, con su burocracia paralela, de la destrucción de las empresas en crisis, de llevar a los obreros al paro, de la inflación creciente y cómplices de la destrucción de la nación española, que está a punto de hacerse pedazos.

Solamente un partido ha sido honesto, al decir claramente que la indivisibilidad de España se mantendrá pese a quien pese. Solo un partido ha dicho en estas elecciones catalanas, que el principio se proclama por su propia naturaleza, permanente e inalterable, siendo nula cualquier disposición contraria al mismo. Los españoles sabemos que la Patria no se vende en pactos post electorales, sino que es inquebrantable su unidad y que cada generación la recibe, no como un dominio quiritario, sino como una herencia en administración, que debe conservar y enriquecer y nunca menoscabar o dilapidar.

Pero Partido Popular y Ciudadanos no lo han dicho, sólo se han proclamado constitucionalistas, lo que los va a llevar a la desaparición inmediata, a uno y a la irrelevancia al otro. “Constitucionalistas” significa, ser defensores del estado de las autonomías y de las nacionalidades, es decir, son enemigos de la unidad de España.

Convertir a España, según la Constitución, en una nación compuesta o resultado de un mosaico de nacionalidades, es ridículo y destructor. La distinción pretendida entre nación y nacionalidad es el vínculo que liga a la persona con su nación. Yo soy español porque tengo la nacionalidad española y la nacionalidad española la integramos quienes tenemos esa nacionalidad. 

Toda esa explicación distinta, es una elucubración engañosa que induce a la confusión; y uno de los males inherentes a la Constitución Española de 1978, es que busca el doble o múltiple sentido en esos vocablos. Nacionalidad no es otra cosa que nación y si se es nación, la nación no puede comprender naciones y si hay naciones distintas, la unidad de la nación no existe, es una ficción sin respaldo real. Cada nación quiere un Estado. Si no lo tiene, lo busca para ponerlo a su servicio, en definitiva, el Estado es el sello político de la nacionalidad.

Las autonomías tienden a romper el binomio Nación-Estado. Se pretende un Estado multinacional por los enemigos de España, porque, evidentemente, cabe la posibilidad teórica de que España desaparezca como algo sustantivo, convirtiéndose sólo en Estado. Si España es una nación, no existen las nacionalidades, y si existen las nacionalidades, España no es nación.

Ante el envite de los enemigos de España, parece que sólo puede quedar uno, el que siga en la calle, para quién el número de diputados conseguidos no sea una excusa para seguir en política, sino un acicate para seguir la batalla que ya está en la calle, no en el congreso ni en unas cortes provinciales. La suerte de España no se va a jugar en torno a unas urnas ni en un pastoso parlamento, la suerte de España se va a jugar, como siempre se ha jugado, en las ciudades y en el campo, en las escuelas y talleres. La defensa de España no la van a ejercer los políticos trasnochados, sino que lo harán los agricultores, los obreros, los estudiantes y toda persona bien nacida por la que corra por sus venas la noble sangre española.

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5 Comentarios

  1. Muy consistente reflexión sobre la debacle de los “constitucionalistas”, pero echo en falta, a propósito de la unidad de España, la religión católica. Hay que leer al gran olvidado de las altas letras españolas, don Marcelino Menéndez Pelayo, olvidado precisamente por ser católico y de derechas, en el Epílogo a su magna obra “Historia de los heterodoxos españoles”, para entender que ésta, la unidad de España, se fundamenta precisamente en la religión católica, y que esta deriva separatista ya fue prevista por él en cuanto la religión católica sucumbiera: “Esta es nuestra grandeza y nuestra gloria, no tenemos otra. El día que España deje de ser católica, volveremos al cantonalismo de arévacos y vacones, y a los reinos de taifas”. Olvidan también los “constitucionalistas” la evangélica sentencia que dice: “no solamente de pan vive el hombre”, pues el alimento del espíritu llega a ser más apremiante que el de la carne, y en ello, la religión, y en su defecto y lugar, las ideologías, son factores más determinantes en el ánimo popular que las causas económicas, lo que explica la fuerza de éstas al soslayar los escándalos de corrupción y las nefastas gestiones económicas.

  2. Durante más de cuarenta años nos han estado mintiendo con la misma mentira, haciéndonos creer que el juego de la democracia, era democracia sin serlo, haciéndonos creer que existía una oposición que nunca existió y todo edulcorado con palabrería barata, con falsa libertad y con impuestos a punta pala…
    El Partido Popular siempre jugó a escenificar una españolidad que nunca tuvo, a escenificar una oposición que nunca ejerció y a aparentar lo contrario de lo que en realidad son. Nunca se opusieron a nada porque forman parte del mismo plan y obedecen a los mismos amos que el resto de traidores declarados…
    No fue cobardía, desacierto, o ineptitud, fue complicismo lo que siempre nos vendieron mientras nos publicitaban democracia y modernidad. El bipartidismo les fue muy bien, pues escenificaban dos fuerzas políticas cuando en realidad eran una, al tiempo que mantenían siempre las mismas líneas políticas impuestas por la locura globalista…
    El enemigo siempre ha estado en casa, ocupando los mejores sillones y cobrando los más altos sueldos por dirigir a nuestro país a la ruina y al caos. Ninguna mentira puede perdurar durante tantos años en el tiempo sin que la descubran, y esta mentira se caía a pedazos…
    Lo de Ciudadanos fue un intento desesperado por reconducir los nuevos movimientos patrióticos a una vía muerta. Otros traidores que se sumaron al carro del engaño, a ocupar sillones bien pagados y a disfrutar de la vidorra parlamentaria…
    VOX descuadra absolutamente todos sus planes, pues deshace la falsa oposición de la que han estado disfrutando tanto y pone en serio peligro la ansiada gobernanza global, objetivo de tanto engaño. De ahí que hayan puesto a todas sus cotorras televisivas a escupir veneno contra la fuerza política que acabará restaurando la ley, el orden y el sentido común en cada palmo de nuestra tierra…
    La desaparición del Partido Popular y Ciudadanos está cantada, pues ese tren ya está en marcha, y no parará hasta perderse en las tinieblas de las que nunca debieron salir…
    ¡VIVA ESPAÑA!

  3. El mensaje es más sencillo y más claro: ¡¡FUERA DE LA POLÍTICA, YA!! No los quiere nadie.

  4. Pero, bueno, ¿no sabéis más que hablar de la “matrix”? ¿Aún seguís creyendo que el resultado de las elecciones es lo que “los ciudadanos” les dicen? ¿No sabéis que los votos luego los tiran a la basura y que dan el resultado que ellos quieren dar?

  5. Los ciudadanos tienen que saber que este gobierno de extrema izquierda está liquidando lo que queda de España. Esos restos que nos han ido dejando los sucesivos gobiernos de uno y otro signo.
    Que la historia juzgue a los chupópteros del PP, pero lo urgente es sacarlos de la politica a ellos y a sus sueldazos.
    Lástima de aquella…
    España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad…

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