progresistas
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Una de las primeras medidas del Sr. Biden ha sido volver a permitir la entrada en Estados Unidos de nacionales procedentes de países como Libia, Yemen o Irán, vetados por el anterior Presidente. Muchos de estos territorios carecen de estructuras estatales que garanticen un correcto control administrativo de sus ciudadanos, padecen actividades de grupos terroristas o, directamente, las consiente.

Esta simbólica medida es una muestra más del firme apoyo de la inmensa totalidad de los movimientos de izquierdas a cualquier manifestación religiosa o cultural ajena a nuestra civilización. La mayoría delas concentraciones feministas suelen contar con portadoras de hiyab en sus cabeceras y los líderes progresistas se afanan en felicitar en sus redes sociales todas las festividades del calendario musulmán. El propio Papa Francisco pide a las naciones católicas que “derriben sus muros” y las élites globalistas utiliza la Unión Europea y sus poderosas ONGs para organizar la entrada masiva de población norteafricana al viejo continente.

Todo en aras del intocable mito postmoderno de la diversidad que exige a las cosmopolitas sociedades occidentales tener que soportar la entrada en sus ciudades de miles de individuos con sistemas de valores y estructuras de pensamiento anclados en la edad media.

Lo sorprendente es que el líder demócrata no exige esa misma pluralidad para urbes como Teherán, Damasco o el Cairo cuyas poblaciones son abrumadoramente musulmanas y donde la presencia de otras formas de concebir el hecho religioso o las opciones laicas son absolutamente marginales. Que no nos engañen, la trampa de la multiculturalidad, que tanto se afana en defender el pensamiento moderno, es solo una coartada para desestabilizar y derrumbar lo que queda de las prospera sociedades industriales.

Es una una pata más del entramado ideológico que ataca constantemente los pilares de nuestra civilización, nuestras identidades, la familia, el cristianismo, nuestras tradiciones y todo lo que nos recuerde, en definitiva, que los valores de occidente fueron un día el faro que iluminó este complejo y bárbaro mundo.

*Un artículo de David Pasarin-Gegunde (@davidpasarin)
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1 Comentario

  1. Bergoglio es un hereje, es un Judas. Bergoglio es un demoledor de la Iglesia. Está el mundo controlado por estos estafadores que son representantes del mal en su máxima expresión que es Satanás y que dentro de muy poco tendremos tomando las riendas del mundo a su representante.

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