femenino

Saltaban de alegría al recibir la noticia. Por fin se aprobó aquella ley en la que pusieron tanto empeño, tanto tiempo. ¿Una ley de salario digno? No. ¿Una ley de vivienda digna? No. ¿Una ley que garantiza comida al que no tiene qué comer? No, se aprobó la Ley del Aborto. ¿Que para qué sirve una ley así? Pues para follar sin “consecuencias”.

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En una sociedad empobrecida como la nuestra, no es extraño que, desde el gobierno, se promocione el entretenimiento sexual (Como mínimo, es barato). En una sociedad deshumanizada como la nuestra, no es extraño que se dé más importancia al aspecto lúdico del sexo que a su función trascendental. En cualquier caso, no es previsible que dicha ley tenga mucho recorrido, si se tiene en cuenta que, lo que se promueve, es cualquier tipo de sexo, con tal de que no sea heterosexual.

Por supuesto, esas mujeres saltarinas no saben quién fue Malthus, como no sabían quién era Orwell cuando se entretenían con “Gran Hermano”. Muchas de ellas no han oído nunca la palabra “eugenesia” y algunas, la confunden con Eugenia.

En España ya se aprobó una ley similar hace años ¡Estamos más adelantados! A nosotros nos tocaba ya la de Eutanasia. Con esta ley, los políticos han admitido, lisa y llanamente, que no sirven para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos pero sirven para mejorar las condiciones de muerte. Aquí no hemos visto gente pintada y disfrazada, celebrando el nuevo “derecho” conseguido pero es que ¡Cómo vamos a tener ganas de fiesta si nos han quitado los fundamentales! (Los que nadie puede quitar).

Una vez leí que el hombre, inconscientemente, siente envidia de la mujer, por su poder de alumbrar vida y que es por eso que trata de desahogar su frustración dando muerte. Era una teoría interesante, que explicaba cómo los guerreros se hicieron con el control. También decía que, antes de la era patriarcal, se adoró, en todo el mundo, a la Diosa Madre: un símbolo con el que se ensalzaba la fecundidad; con el que se veneraba, por extensión, todo aquello que da fruto, que trasciende. Aún hoy acude mucha gente a rendir culto a una virgen que apareció en una cueva (El útero del mundo).

La Diosa Madre representaba el culto a la vida, a lo trascendente, pero los guerreros impusieron el culto a lo muerto, a lo que no puede trascender. Eso sigue siendo su gobierno: Guerra, aborto, eutanasia… Si en aquella sociedad se respetaba la naturaleza, en esta se ensucia, se esquilma. Si aquella ensalzó lo natural, esta ensalza lo artificial, el transhumanismo, la máquina. Cualquier invento que pueda causar muerte es bien recibido, en esta cultura de la muerte, obra de unos hombres envidiosos a los que muchas mujeres acabaron envidiando.

¿No era más sencillo entender que, la falta de un salario digno y de una vivienda digna, es lo que hace que las “consecuencias” nos parezcan indeseables?

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