Ley natural
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¿Qué es la justicia? ¿Qué sentido tiene mantener un poder judicial? ¿Para qué sirve o debe servir? ¿Cuál es su razón de ser, su naturaleza? Podemos decir, sencillamente, que la justicia sirve para impedir toda conducta que perjudique los intereses de la sociedad; que su razón de ser es proteger a la sociedad, impidiendo actuaciones inconscientes pues ¿no es un inconsciente aquel que actúa en contra del interés común, que también es el suyo? ¿Qué es la sociedad sino una suma de personas? La sociedad española está compuesta por cuarenta y siete millones de personas, la sociedad de cazadores por unos cientos de miles, la sociedad gastronómica no suele reunir a más de una docena pero ¿no son todas simples reuniones de personas? ¿No son siempre personas las fundadoras de cualquier sociedad? ¿No son las personas su fundamento? Por tanto, la justicia debe reprobar todos aquellos actos que resultan perjudiciales para la vida de las personas y permitir los que resultan beneficiosos. Ese es su más hondo fundamento, su última razón de ser.

Pero teniendo claro esto, surge otra duda: Lo que resulta hoy beneficioso para las personas, ¿es lo mismo que resultará beneficioso mañana?  ¿Es lo mismo que resultó beneficioso ayer? ¿Qué es aquello que podemos entender beneficioso para cualquier persona y, por tanto, digno de la máxima protección jurídica? Comida nutritiva, agua limpia, aire puro, libertad de movimiento. Supongo que todos podemos coincidir en que es lo básico, lo fundamental, para la vida de las personas… ¿No debería pues la justicia ocuparse de eso, fundamentalmente?

Sin duda, para que algo pueda ser considerado beneficioso para el ser humano, debe resultar beneficioso para cualquier ser humano, para todos los seres humanos, de cualquier tiempo, presente, pasado o futuro… ¿No estamos todos de acuerdo en que nuestro máximo interés es estar sanos?… Así pues, podemos considerar que la protección de la salud es el fundamento de la justicia. Si los seres humanos enferman, las sociedades enferman (Pues no son más que una suma de seres humanos). Si se permite que se atente contra la salud de las personas, se permite que se atente contra la salud de la sociedad. Es así como se hunde cualquier país, al minar sus fundamentos.

Últimamente estamos viendo como el poder judicial “tumba”, una tras otra, muchas “medidas” impuestas por el poder ejecutivo, al entender que resultan perjudiciales para la sociedad. No es el hecho de que las tumben lo que resulta escandaloso, pues el principio de separación de poderes se instauró, precisamente, en previsión de que pudiera darse tal circunstancia. Lo escandaloso es, si acaso, el hecho de que con ello se pone en evidencia que los políticos están perjudicando, con sus actos, los intereses de la sociedad, y por tanto, de los ciudadanos.

Comer alimentos saludables, beber agua limpia, respirar aire puro, moverse libremente, expresarse libremente (Para que la mente pueda también moverse en libertad)… ¡Mente sana en cuerpo sano!.. ¡Esos son los intereses fundamentales de cualquier ser humano, de cualquier tiempo pasado, presente y futuro! Los jueces están pues enmendando a los políticos, porque se están dando cuenta de que los políticos están perjudicando esos intereses, de que están contribuyendo, con sus actos, a que los ciudadanos estemos menos sanos, o lo que es lo mismo, más enfermos. Pero esto no es nuevo. A la industria alimenticia, por ejemplo, se le han permitido utilizar un montón de aditivos químicos perjudiciales. Basta ver la evolución de las cifras de cáncer, de infartos, de diabetes; basta ver la evolución de trastornos mentales, como la depresión; para darse cuenta de que, tanto los cuerpos como las mentes que forman nuestra sociedad están, cada día, más enfermas.

La verdad es que los políticos han permitido muchos actos que atentan contra la salud de los ciudadanos y han atentado, por tanto, contra los fundamentos de la sociedad… ¡Y los jueces han empezado a darse cuenta, gracias a la pandemia! ¿Qué están pensando hacer los políticos al respecto? ¿Acatar las resoluciones judiciales? ¡Nooooo! Están planeando hacer otras leyes que no tengan los límites que tienen las vigentes, para así desapoderar a los jueces. Es como decir “Si me condenas por circular a 130 km/h, aplicando una ley que establece el límite de velocidad en 120, yo hago otra ley que lo establece en 140, y ya no me puedes condenar”… ¡Son astutos los políticos!

La cuestión es que los jueces están empezando a entender que los políticos actúan en contra de los intereses de la sociedad y están empezando a enmendarlo, pero los políticos están pensando en no acatar las resoluciones judiciales… ¿No es un desacato? Los políticos creen que pueden cambiar las leyes cuando les da la gana, sin dar explicaciones; que donde dijeron “digo” pueden decir “Diego”, con total desvergüenza. Esa es su costumbre, incumplir promesas. Esa es su naturaleza, minar fundamentos. Lo llaman “progreso”… ¿Podría alguno de ellos explicar hacia dónde progresamos? Seguro que no.

Puede que un día los políticos permitan que la pederastia salga de la lista de trastornos mentales (Como ya han salido otros). Ese día, los jueces tendrán que aceptar, por imperativo legal, que no es una conducta reprobable yacer con niños (Ya existen “lobbys” dispuestos a pagar por una ley que lo permita). Lo que estamos experimentando son los efectos de la falta de escrúpulos de la clase política que nos gobierna, de la falta de independencia del poder legislativo, que hace, exactamente, aquello que dicta el ejecutivo. Basta que veas cualquier votación en el Congreso para convencerte: Verás que todos los diputados del partido gobernante votan exactamente lo mismo. Verás que nunca tumban ninguna medida del ejecutivo. Verás la prostitución del principio de separación de poderes, la desnaturalización del estado de derecho. Verás a los representantes de una sociedad enferma, que no es más que la suma de muchos cuerpos enfermos, de muchas mentes enfermas.

Pero no nos pongamos tremendistas. Esto no es el fin. Puede que estemos enfermos, pero no muertos. Aún podemos sanar, si aplicamos directamente la ley natural, los derechos humanos (Los fundamentales). Hubo un tiempo en que muchos médicos apelaron a ellos para no tener que realizar abortos, cuando los políticos consideraron el aborto beneficioso para la sociedad. Ya sé que hoy no impera el mismo pensamiento. Los políticos no solo cambian las leyes; también tratan de alterar las mentes, a través de los grandes medios de comunicación de masas, para que, donde pensamos “digo”, pensemos “Diego”. Hubo un tiempo en el que matar fetos se consideró matar pero los políticos complicaron ese pensamiento tan simple, introduciendo tipos y tipos de fetos en sus leyes: Fetos más formados y fetos sin suficiente formación y, por tanto, sin suficiente valor. Fetos listos y fetos tontos. Fetos deformes y fetos conformes… -Era un Down… Menos mal que llegamos a tiempo… Pero que conste que los queremos, que en las películas se ven muy simpáticos-… Hubo un tiempo en que lo importante dejó de ser matar o no matar y pasó a ser ¿A quién matamos? ¡Y todo se lo debemos a esos grandes medios de comunicación!

Puede que los políticos aprueben, algún día, una ley que prohíba a los jueces tumbar sus medidas. Si los jueces la acatan, desaparecerá todo rastro de “estado de derecho”, El Tribunal Constitucional no tendrá ningún sentido y el poder judicial quedará sin fundamento. Los jueces actuarán al dictado del gobierno, como ya hacen los diputados… ¡Y todos actuaremos al dictado del dictador! Eso sí provocaría un daño irreparable a la sociedad… ¿No sería pura inconsciencia? ¿Crees que se han planteado alguna vez los políticos que, al permitir lo que han permitido, han condenado a sus propios hijos y nietos a comer comida basura, a beber agua contaminada, a respirar aire viciado, a acumular radiación? Y si tratan así a su propia familia ¿Cómo esperas que te traten, a ti?

Solo tenemos una posibilidad de salir de este estado de inconsciencia, apelando a la ley natural, a los derechos humanos, a aquello que nos afecta a todos por igual, como el hambre, que resulta igual de perjudicial para cualquier ser humano, de cualquier lugar, de cualquier tiempo. Acabemos, de una vez, con el hambre en el mundo. Es la enfermedad que más muertes evitables provoca, y tenemos la vacuna. Protejamos el derecho a vivir, por encima de todo; sin hacer triajes, sin distinguir entre unas vidas y otras, y todas las demás enfermedades desaparecerán, porque todas son efecto del miedo que incorporamos al asumir una injusticia tan grande. El hambre es desvitalizante, el miedo también, y un ser desvitalizado es un ser enfermo ¡O muerto! El derecho a vivir es el derecho fundamental de cualquier persona y las personas somos el fundamento de cualquier sociedad. La vitalidad de las personas es la vitalidad de la sociedad (que no es más que una suma de personas). Los políticos no lo entienden, es demasiado simple y a ellos les gusta complicar, pero los jueces están empezando a entenderlo y a actuar en consecuencia, y tienen a su disposición una ley que nadie puede cambiar.

1984 – Película Completa en español

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2 Comentarios

  1. Lo natural sería que el gobierno lo eligiese el pueblo, y no que sea impuesto por un pucherazo de parvulito; lo natural sería que los enemigos de la patria sean ilegalizados, y no que vivan como sultanes a costa de ella; lo natural sería que los políticos respasen las leyes y no que las tergiversen a su antojo; lo natural sería que un gobierno que malgobierna dimita de inmediato y no que continúe arruinando a su país; lo natural sería que los jueces impartan justicia y no que se dediquen a inventarse ensoñaciones; lo natural sería respetar a los muertos y no dedicarse a desenterrarlos; lo natural sería defender las fronteras y no derribarlas para permitir invasiones; lo natural sería que los buitres chepudos viviesen en las montañas y no en galapagar; lo natural sería que los Sánchez de turno estuviesen rindiendo cuentas por todo el daño que le han hecho a España y no que estén pavoneándose en la Moncloa…

  2. Exacto, hay que volver al Derecho Natural. Investiguen el “Yo doble” o también llamado “Yo de paja”. Desde entonces los seres humanos somos exclavos.

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