Por un momento me enternecí al leer el titular sobre Podemos y su petición de moratoria a la implementación de la red 5G en el municipio de los marqueses, en tanto en cuanto no se demostrase su inocuidad a través de una investigación. Me pareció tierno, a la vez que contradictorio, que esta pareja de déspotas, él con tendencia al sado, como así dice la grabación que alude a torturar a una periodista hasta hacerle sangrar, y ella dispuesta a castrar varones para erradicarles el gen machista, se mostrase preocupada por el bombardeo electromagnético que van a recibir sus niños en sus tiernas cabecitas. Antes de entrar en el textual, pensé: “como en Suiza”, que han frenado la implementación de la 5G, debido a protestas de los cantones –eso se dijo—, pero parece que hay algo más. En Suiza, se encuentra la sede de la OMS que, un tiempo atrás, declaró que las frecuencias electromagnéticas de las antenas eran perjudiciales para la salud. Por otro lado, Suiza es sede de múltiples organizaciones internacionales, como el COI, la FIFA, la UEFA o la FIDE, además de encontrarse la élite financiera y un nutrido cuerpo de profesionales y ejecutivos de alto nivel, que están muy bien asesorados sobre los pros y los contras de la moderna alimentación, la moderna tecnología y la moderna medicina. En Suiza existe un buen número de clínicas donde no se practica la medicina alopática, a las que esta gente acude a curarse o a recibir tratamientos preventivos. Se trata de clínicas que trabajan con técnicas que en otros lugares, como España, influenciados y presionados por la gran industria farmacéutica, les han puesto el marchamo de seudoterapias. Así son las cosas. En Suiza se practica abiertamente la Nueva Medicina Germánica del denostado doctor Hamer, la medicina del futuro, basada en el componente traumático y emocional como desencadenante de la enfermedad. Un tipo de medicina que muchos médicos tienen que utilizar a escondidas o incluso cambiándole el nombre. Como contraste, a Suiza también se acude a morir a petición. La clínica Dignitas de Zurich recibe cada año a cientos de personas que llegan por su propio pie y con sus cinco sentidos en busca de una inyección letal. En ocasiones, por parejas. Este párrafo sobre Suiza me cayó como del cielo. No tenía intención de escribir sobre esto.

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Volviendo al titular sobre la red 5G en el municipio residente de Pablo Iglesias e Irene Montero, solo era eso, un titular. El redactado deja claro que la iniciativa fue del grupo Galapagar en Común-IU y que Podemos no participó en este proyecto de moción, cuyo meollo es “la defensa de la salud de las personas frente a las ondas electromagnéticas que irradian las antenas, con el fin de garantizar la salud de la ciudadanía y proteger la fauna y el medio ambiente”. Lo aplaudimos. Solicita este ingenuo grupo político que se apliquen “los principios de precaución y de mantener los niveles de exposición tan bajos como sea posible”, y que se “preste especial atención a las personas electrosensibles, que requieren una consideración específica que no se ha tenido en cuenta ni en el plan 5G ni en los proyectos piloto”. Mucho que decir a todo esto. Lo de ingenuos, no es porque no haya que pedir moratoria o la total eliminación de la 5G, en función de todo lo que ya sabemos, sino porque en las alturas es donde se resuelven estos negocios, en los que la salud de las personas importa muy poco. La formación está asesorada por ÍTACA CSA, Ecologistas en Acción y la Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), a quienes la concejala Celia Martel López de Soria les agradece su apoyo.

No hay que hacer estudios, Celia y compañía. Ya están hechos. Antes de que se propusiera la red 5G, docenas de peticiones y declaraciones firmadas por científicos internacionales, incluyendo la Declaración de Friburgo, firmada por más de 3.000 médicos, pedían el cese de la expansión de la tecnología inalámbrica y una moratoria en las nuevas estaciones base.

En el 2011, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) de la OMS concluyó que la radiación de radiofrecuencias de 30 kHz a 300 GHz es posiblemente cancerígeno (grupo 2) para los seres humanos. Sin embargo, los últimos estudios sobre el uso del teléfono móvil y el riesgo de tumores cerebrales, constatan que la radiación de radiofrecuencias es cancerígena, y que debe ser clasificada como carcinógeno del grupo 1, es decir, que hay evidencia demostrada. Se clasifica en el mismo grupo que el humo del tabaco y el amianto.

Los estudios sobre las diferentes patologías que causan las frecuencias de la 5G ya se conocen desde hace años. Recomendamos consultar el estudio CERENAT, del 2014, que fue publicado en Ocupational Environnement Medicine.

En 2015, nada menos que 215 científicos de 41 países comunicaron su alarma a la ONU y a la OMS por medio de un extenso dosier, del que ni acusaron recibo ni contestaron. Afirmaban que “numerosas publicaciones científicas recientes habían demostrado que los campos electromagnéticos (EMF) afectaban a organismos vivos a niveles muy inferiores a los fijados por la mayoría de las directrices nacionales e internacionales”. Los efectos incluyen: alteración del ritmo cardiaco, expresión de genes alterados, alteración del metabolismo, alteración en el desarrollo de células madre, cánceres, enfermedades cardiovasculares, neumonía, deterioro cognitivo, daños en el ADN, impactos en el bienestar general, aumento de radicales libres, déficits de aprendizaje y memoria, alteraciones en la función y calidad de los espermatozoides, abortos involuntarios, daños neurológicos, obesidad, diabetes y estrés oxidativo.

Es una declaración de alarma, en la que solicitan que se paralice con carácter de urgencia el despliegue de la red inalámbrica 5G, incluida la red 5G de los satélites espaciales. La razón es el incremento de la exposición a la radiación de radiofrecuencia de las telecomunicaciones, la cual se acumula a las que ya están implantadas: 2G, 3G y 4G. Inciden en su perjuicio para el medio ambiente y tachan la 5G de un experimento sobre la humanidad, lo cual podría definirse como un crimen contra la humanidad, si nos atenemos a la letra del Derecho internacional.

En el 2018, el Instituto Ramazzini también vinculó el padecimiento de schwannoma maligno de corazón y el glioma a los campos electromagnéticos. El macroestudio del National Toxicology Program del Instituto Nacional para la Salud y Seguridad Ambiental de Estados Unidos constata las evidencias de carcinogenidad y daños cardiacos por el uso de la radiación electromagnética.

Lo cierto es que en los últimos años muchos científicos han dado la voz de alarma, entre ellos, Ceferino Maeztu, director del laboratorio de bioelectromagnetismo del Centro de Tecnología Biomédica dependiente de la Universidad Politécnica de Madrid. La preocupación es compartida por David Carpenter, coautor del informe internacional Bioinitiativa y director del Instituto de Salud y Medio Ambiente de Nueva York, centro colaborador de la OMS. Según sus palabras “ya es imposible decir que las radiofrecuencias no producen cáncer”.

La doctora Magda Havas, profesora de ciencias ambientales de las universidades canadienses de Toronto y Trent, hace tiempo que alertó sobre la aparición de un tercer tipo de diabetes, desencadenada por la contaminación electromagnética.

Es opinión generalizada entre los científicos no adscritos al sistema, que cada vez habrá más casos de leucemia infantil, infertilidad, cardiopatías, enfermedades neurológicas, psiquiátricas, cognitivas y más cánceres de todo tipo, especialmente, cerebrales.

Aunque estos datos se silencian sistemáticamente, si se ha hablado de las bandadas de pájaros que se estrellan contra el suelo o contra las ventanas y también es frecuente oír a muchas personas quejarse de vértigos, mareos, acúfenos, pinchazos en la cabeza, jaquecas o cansancio general. Todo esto tiene relación con los campos electromagnéticos.

Y si nos centramos en el presente, la relación entre campos electromagnéticos y Covid-19 es de sobra conocida, aunque es cierto que los fact checking están a la que salta y censuran toda información contraria a la 5G. Por eso, en España ningún medio de comunicación dice nada, ni tampoco los políticos. En Italia, la única valiente fue la diputada Sara Cunial por su intervención en el Parlamento sobre la 5G sacándoles los colores a los políticos que reciben órdenes de los poderosos. En el Congreso de los Estados Unidos fue la médica Sharon Goldberg quien habló sobre los efectos nocivos en los seres humanos y pidió se revisase la literatura científica independiente antes de implementar la 5G. Yo le pedí a Santiago Abascal que lanzara el tema a debate, que no se limitara a hablar de Soros, pero nada, silencio total. Lo entendemos, pues la espada de Damocles de la ilegalización pende sobre la cabeza del partido verde. Pero estamos ante un problema muy grave. El plan 5G vulnera todos los principios establecidos para salvaguardar la salud de las personas. Yo felicito a este pequeño grupo político por atreverse a cuestionar la red 5G. Pero si realmente están interesados en la salud, les ruego que consulten no a los científicos pagados por el sistema, sino a los profesionales independientes que han investigado y siguen investigando. Le sorprende a la concejala que haya tanta discrepancia entre unos y otros. Que se pregunte a quiénes benefician los estudios y en la respuesta está la verdad. Si indagan a fondo, se sorprenderán de cuánto hay investigado y silenciado debido a intereses económicos y se van a dar cuenta de la canalla que se mueve en las alturas. Los estudios del biólogo Bartomeu Payeras –continuamente censurados— muestran la clara relación entre la red 5G y la incidencia de Covid-19. Conclusión a la que también llegó el doctor español, radicado en Francia, José Luis Sevillano, que estableció la cronología de los síntomas de los afectados por los campos electromagnéticos enfermos de Covid y los síntomas de los enfermos que reciben radioterapia.

Animo a otras formaciones políticas a sacar el tema de la 5G a debate, y a este grupo de Galapagar En Común-IU, a seguir en la lucha por la salud de las personas y el medio ambiente. Les hará falta tesón, mucha valentía y, sobre todo, idealismo a raudales, un bien escaso en estos días.

NOTA:
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1984 – Película Completa en español

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