A las dos menos cuarto de la tarde del 8 de diciembre de 1983 la banda terrorista ETA asesinaba en Cegama (Guipúzcoa) al empresario FRANCISCO JAVIER COLLADO AZURMENDI. Minutos antes, dos miembros de la banda entraron en el Bar Bastacho de la localidad guipuzcoana donde Francisco Javier jugaba una partida de billar con unos amigos, algo que hacía habitualmente. Tras comprobar que la víctima estaba dentro, salieron a la calle y esperaron a que terminara la partida. A las 13:45 horas Collado Azurmendi abandonó el bar y, nada más pisar la calle, los etarras abrieron fuego contra él a bocajarro y por la espalda.

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Francisco Javier Collado cayó de bruces a la acera con el cráneo destrozado por tres impactos de bala y con un cuarto impacto en el pecho. Una bala se incrustó en un marco de la puerta del bar y otra bala, rebotada, hirió en un tobillo a Juan Sarraoa Gallastegui, uno de los clientes del bar, que se encontraba muy concurrido a esa hora.

Tras cometer el asesinato los terroristas huyeron en un Renault 5, robado a punta de pistola horas antes en el mismo pueblo de Cegama a su propietario, un joven de la localidad vecina de Idiazábal, que estaba acompañado de un amigo. Ambos fueron abandonados, sin maniatar, en un pinar situado a tres kilómetros del casco urbano, tras ser advertidos de que no dieran aviso a la Policía hasta pasadas las tres de la tarde. Según los dos jóvenes, los terroristas hablaban en castellano y las pocas palabras que intercambiaron en euskera las pronunciaron con un acento distinto al habla de la zona.

La corporación del Ayuntamiento de Cegama, compuesta por ocho concejales del PNV y uno de una agrupación independiente, aprobó esa misma tarde en un pleno extraordinario, una moción de condena por el asesinato, e hizo un llamamiento enérgico a las organizaciones y grupos que practican la violencia para que desistiesen de su actitud. Los funerales por el alma de Francisco Javier se celebraron al día siguiente a las siete de la tarde con la asistencia de gran número de amigos y familiares. Al mismo asistió el alcalde de Cegama, Eduardo Tellería, y los concejales del Ayuntamiento. A continuación fue enterrado en el cementerio local.

ETA reivindicó el atentado mediante llamada telefónica en la que acusaba a la víctima de introducir droga en Guipúzcoa y de ser informador de la Policía.

Francisco Javier Collado Azurmendi, tenía 37 años y era natural de Cegama. Estaba casado con María del Carmen Artano Irastorza y el matrimonio tenía tres hijos de 12, 11 y 9 años. Una hermana de la víctima afirmó que no tenían conocimiento sobre si Francisco Javier había recibido amenazas, y vecinos de la localidad lo describieron como un hombre normal, aficionado a la caza y muy relacionado en el pueblo. Collado Azurmendi era un pequeño empresario que se dedicaba a la compra-venta de vehículos usados. Además, tenía gran afición a la caza y era un buen deportista. En su juventud había practicado el atletismo, en la especialidad de 1.500 metros lisos, como miembro de un club del barrio de San Bartolomé, y también había participado en varias ediciones del Cross Internacional de Lasarte.

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