A las tres de la tarde del sábado 16 de diciembre de 1995 la banda terrorista ETA colocaba cinco bombas en El Corte Inglés de la calle Pintor Sorolla de Valencia. Una de ellas provocó la muerte de JOSEFINA CORRESA HUERTA y heridas de diversa consideración a otras ocho personas, entre ellas a una hija de 15 años de la fallecida, Amparo Rodrigo Corresa, que resultó herida “muy grave” con traumatismo múltiple, fractura de tobillo izquierdo, contusiones y heridas en la cara y miembros, y contusión torácica. También resultó herido menos grave el marido de Josefina.

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Ese día se clausuraba en Madrid la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y hacía cinco que la banda terrorista ETA había provocado una terrible masacre en Vallecas, tras la cual KAS había emitido un comunicado en el que señalaba que los civiles no eran objetivo de la banda. Sin embargo, la banda colocó las bombas en un centro comercial lleno de civiles, en el momento de máxima afluencia –a las tres de la tarde de un sábado víspera de las vacaciones de Navidad–, con el objetivo evidente de provocar una masacre parecida a la de Hipercor en 1987. El cinismo del entorno proetarra quedaba, una vez más, de manifiesto.

Además de la hija de Josefina, resultaron heridos: Hortensia Merlo Gil, de 33 años, grave; María de los Desamparados Martínez Falcó y su hija, María Moya Martínez, de 33 y 12 años respectivamente; Ana María Carbonell Sancho, Luis Bello Catalá, María del Carmen Rubio y la norteamericana de 31 años Melanie Hyde.

La bomba que acabó con la vida de Josefina Corresa estaba colocada en los lavabos de señora de la cafetería de la sexta planta de El Corte Inglés y, antes de que explotase, hubo otras dos pequeñas detonaciones en el mismo centro, que no provocaron víctimas pero que llevaron a iniciar el desalojo del edificio. Esas dos pequeñas bombas incendiarias pudieron ser sofocadas con los medios de extinción del propio centro comercial. Mientras se estaba produciendo el desalojo del edificio, explotó la tercera bomba, causante de la víctima mortal y los heridos, cuya onda expansiva hizo que se viniera abajo parte del techo de los grandes almacenes. Más tarde la Policía encontró y desactivó otros dos explosivos en las plantas segunda y tercera del centro comercial que no estallaron porque falló el mecanismo de iniciación.

Sobre las dos menos cuarto, una voz femenina había comunicado por medio de dos llamadas, con cinco minutos de diferencia entre una y otra, a las emisoras Egin Irratia, de Hernani, y a la Cadena SER, en Vitoria, de que había “un montón de bombas” que iban a estallar en un centro comercial de Valencia (de la cadena El Corte Inglés) a partir de las 14:30 horas. Tras recibir la llamada, los periodistas que en esos instantes trabajaban en la Cadena Ser en Vitoria se pusieron en marcha. Alertaron a las fuerzas policiales y a la emisora de esa misma cadena en Valencia para que también desde allí trasladaran el aviso a la Policía. En ninguna de las dos llamadas la voz anónima especificó en qué centro de El Corte Inglés en Valencia (había cuatro en esos momentos) estaban colocados los artefactos explosivos.

En la cafetería del edificio se encontraban en el momento de la gran explosión entre cuatrocientas y quinientas personas, según empleados de este centro comercial. “La cafetería y el restaurante, en un día como hoy, sábado y con las fiestas de Navidad al caer, estaba repleta, yo diría que con cerca de unas quinientas personas cuando se oyó un fuerte trueno en el servicio de señoras. Me he salvado de milagro” señaló a los medios un empleado del centro comercial, que añadió: “A mí, la explosión me levantó los pies del suelo (…) Me extrañó ver salir mucho humo de una de las papeleras de la segunda planta, a eso de las 14:30, y fui a advertir a uno de mis jefes. Poco después oí una fuerte detonación, sin saber muy bien de dónde venía”.

Inmediatamente, el Servicio de Ambulancias Municipal (SAMU) atendió a diez personas que resultaron heridas de diversa consideración. “No pasaron más de siete minutos entre la llamada de socorro y nuestra presencia en las distintas plantas”, contó Valentín Aguirre, uno de los primeros médicos que llegó a asistir a las víctimas. Los heridos fueron trasladados al Hospital Clínico y a La Fe, donde algunos de ellos quedaron ingresados.

Durante toda la tarde diferentes personalidades valencianas se trasladaron al centro comercial para interesarse por los hechos y prestar su apoyo y solidaridad. Además de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y de la delegada del Gobierno, se desplazaron al lugar de los hechos los consejeros de Educación, Sanidad y Trabajo, Fernando Villalonga, Joaquín Farnós y José Sanmartín respectivamente. También acudió el secretario de la Consejeria de Sanidad, Juan Oliver, así como el socialista Vicent Soler y el presidente de las Cortes, Vicente González Lizondo, entre otros.

Los autores materiales del asesinato de Josefina Corresa no han sido juzgados, aunque presuntamente el atentado fue cometido por miembros del grupo Ibarla de ETA a los que las fuerzas de seguridad les imputan, al menos, tres asesinatos, además del de Josefina.

El grupo lo integraron Ignacio Telletxea Goñi, Marcos Sagarzazu Oyarzabal y Francisco Javier Irastorza Dorronsoro. Los tres fueron entregados por Francia y puestos a disposición judicial en España en agosto de 2007. También formaba parte del grupo Ibarla la etarra Ainhoa Adin Jauregi, mujer de Irastorza Dorronsoro, detenida en Hendaya por la Policía francesa en enero de 2008.

Por otra parte las fuerzas de seguridad consideraban que otra integrante del grupo Ibarla de ETA era Iratxe Sorzabal, exportavoz de Gestoras pro Amnistía. Detenida en marzo de 2001 por la Guardia Civil, la Policía le atribuyó entonces la participación en tres atentados mortales. Sorzabal, que denunció torturas tras su detención, sería posteriormente absuelta en los tres juicios por asesinato (entre ellos el de Josefina Corresa). Su voz es la que presumiblemente se oye en los últimos comunicados de la banda terrorista ETA.

Josefina Corresa Huerta tenía 43 años. Estaba casada y tenía dos hijas, una de las cuales, Amparo, resultó herida grave en el mismo atentado. Josefina trabajaba como auxiliar de clínica en el Hospital de Sagunto.

 

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