Pocas horas después, en torno a las 19:00 horas del 15 de diciembre de 1983, los Comandos Autónomos Anticapitalistas secuestraban en su domicilio en Tolosa (Guipúzcoa) y asesinaban poco después al empresario FRANCISCO ARÍN URCOLA, por negarse a ceder a la extorsión de la banda asesina y no pagar el llamado “impuesto revolucionario”.

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Las circunstancias de su secuestro por tres terroristas armados que se identificaron como miembros de los CAA, las narró su hijo Gerardo en el libro de Cristina Cuesta Contra el olvido (Temas de Hoy, 2000):

El 15 de diciembre de 1983 volvía de clase. En casa estaban mi madre y mi hermano con dos chicos que no conocía. Pensé que eran amigos de mi hermano y que estaban de visita. Fui a mi habitación a dejar las cosas y cuando salí me encontré con que esas dos personas nos decían que iban a secuestrar a mi padre. Mi padre aún no había llegado a casa. Estuvimos durante un tiempo hablando con ellos, preguntándoles cuál era el motivo por el que iban a secuestrarle. Nos comentaron que era un problema económico y que no nos preocupáramos, que se solucionaría.

Cuando Francisco Arín llegó al domicilio al cabo de una hora, los dos terroristas se lo llevaron consigo, no sin antes advertir a su esposa e hijos de que no dieran aviso a la Policía. Poco después se presentó en el domicilio una patrulla de la Guardia Civil preguntando a la familia si pasaba algo, a lo que estos contestaron que no, pero no consiguieron convencer a los agentes. El hallazgo del cadáver de Francisco Arín se produjo después de que un hombre, a través de una llamada telefónica en nombre de los CAA, informara al diario Egin del lugar exacto donde se encontraba. En la llamada se indicaba que la víctima se encontraba en un automóvil situado cerca de la autopista a la entrada de Irura. Dos periodistas del diario proetarra se trasladaron al lugar indicado y, tras comprobar la veracidad de la información, dieron aviso a las autoridades. Una patrulla de la Guardia Civil y efectivos de la Cruz Roja se trasladaron al lugar de los hechos. El vehículo, con el maletero abierto y el cadáver de Francisco Arín en su interior, fue encontrado junto a una antigua factoría en la que había trabajado la propia víctima como directivo hasta que, seis años antes, la fábrica tuvo que cerrar.

A las 12:30 horas del 16 de diciembre, el pleno del Ayuntamiento de Tolosa redactó una nota de condena apoyada por todos los partidos políticos con representación municipal, salvo Herri Batasuna. En la misma se condenaba el secuestro y asesinato de su convecino y se denunciaba el chantaje de la banda terrorista, además de convocar una manifestación de repulsa y pedir el diálogo y la “negociación pacífica por vías políticas”. El representante de HB en el Ayuntamiento dijo que lamentaba la muerte por “absurda”, pero que se abstenía de votar el comunicado de condena porque, visto el “acto” en su contexto, la responsabilidad era del Gobierno. Además, los compañeros de estudio de los hijos del empresario asesinado en las Escuelas Pías de Tolosa, entregaron al alcalde una carta de condena. A las 19:30 horas tuvo lugar una manifestación encabezada por una pancarta portada por los alumnos de las Escuelas Pías en la que se podía leer “Bakea eta askatasuna. Patxi gogoa zaitugu”. Mil quinientas personas, entre las que estaban dos de los hijos de la víctima, además de representantes políticos locales, desfilaron en silencio. Otro de los hijos de Francisco no pudo asistir porque estaba haciendo el servicio militar en Alicante.

Francisco Arín Urcola tenía 48 años. Estaba casado y tenía cuatro hijos, dos de ellos estudiantes de periodismo en Bilbao. Directivo de Construcciones Electromecánicas Irura, había sido amenazado por la banda por negarse a pagar el chantaje que ésta le exigía. Las cartas de extorsión habían llegado a nombre tanto de ETA militar como de los CAA. En dos ocasiones el empresario se había trasladado al sur de Francia para explicar a ETA que no tenía el dinero. Pese a que recibió garantías de que no le pasaría nada, un año más tarde del primer encuentro con los dirigentes de la banda, su domicilio fue tiroteado. Francisco Arín volvió a cruzar la frontera y, de nuevo, obtuvo la misma respuesta tranquilizadora de la banda terrorista. “Al menos en una ocasión entregó cierta cantidad de dinero a los terroristas, aunque se ignora a cuál de las ramas de ETA” según contó el diario El País citando “fuentes próximas a la familia” (El País, 16/12/1983). No obstante, esta posibilidad fue rotundamente desmentida años después por uno de sus hijos:

Tenía clarísimo que jamás soltaría un duro a ETA, porque sabía que ese dinero se iba a utilizar para matar gente. Aunque hubiera tenido dinero no lo habría pagado, eso lo tengo clarísimo (Cristina Cuesta Contra el olvido, Temas de Hoy, 2000).

El funeral por el alma de Francisco Arín se celebró el 17 de diciembre en Tolosa, en una iglesia completamente abarrotada. El acto fue oficiado por uno de los hermanos de la víctima, acompañado por otros tres sacerdotes. Entre los políticos y personalidades asistentes estaban el delegado del Gobierno, Ramón Jáuregui, el nuevo líder del centro-derecha vasco, Jaime Mayor Oreja, y el presidente de los empresarios José María Vizcaíno que declaró que cuando los socios de Francisco Arín propusieron trasladar la empresa a Madrid, el empresario se negó, pese a que estaba siendo extorsionado por la banda terrorista. Y añadió que dos días antes de ser asesinado había comprado unos locales cerca de San Sebastián para una ampliación de la misma.

El mismo día que se celebraba el funeral por Arín Urcola, en Bayona tuvo lugar una manifestación por la desaparición de los miembros de ETA Lasa y Zabala. Un millar de personas recorrieron las calles del centro de la localidad entre gritos a favor de ETA militar, la independencia, “González asesino, Mitterrand cómplice”. Un policía francés fuera de servicio fue reconocido y agredido, robándole el arma que portaba en la cintura.

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