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La lengua es una seña de identidad regional, tan importante como lo puedan ser otras expresiones folclóricas como la danza y la gastronomía. Sin embargo, por alguna oculta razón, se le suele otorgar mayor relevancia. Así, el gobierno catalán, por ejemplo, obliga a sus ciudadanos a aprender catalán pero no a cocinar “monjetes”.

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En realidad, la lengua fue una excusa que utilizó la clase política para armar su “Estado Autonómico” ¿Con qué fin? Pues, en primer lugar, para dividirnos, para mantenernos entretenidos, discutiendo sobre fruslerías. En segundo lugar, para dificultar un gobierno eficaz (Valga como ejemplo que, en el ámbito de la justicia, durante muchos años, cada autonomía mantuvo sus propias bases de datos desconectadas de las bases de datos de las otras autonomías, lo que dificultaba enormemente la persecución de delitos). En tercer lugar, con el “rollo autonómico” consiguieron multiplicar los “puestos de trabajo” para políticos. Ahora, en lugar de un parlamento tenemos ¿dieciocho?, repletos de diputados. Total ¿para qué? ¡Si todos votan lo mismo! Ellos lo llaman “disciplina de partido”.

En realidad, es la prueba irrefutable de que todos los partidos vulneran la Constitución, que en su artículo 67 prohíbe el mandato imperativo, eso es, prohíbe dar órdenes a los diputados para que voten en uno u otro sentido. ¿Qué les ocurre a los diputados cuando desobedecen y votan en conciencia? Pues que la dirección del partido les multa y hasta les expulsa. En todo caso, les impide ascender a puestos de mayor relevancia, truncando su “carrera política”.

Pero no todas las autonomías tienen esa seña de identidad que es la lengua propia, ni mucho menos.  En las autonomías que sí la tienen, son muchos los que creen que consiguieron el “autogobierno” gracias a las manifestaciones que hicieron exigiendo su “normalización” ¿Y no es cierto que también lo lograron regiones en las que no había el más mínimo interés autonómico, como Murcia o Cantabria, cuyo presidente centra su actividad en la promoción de las anchoas?

Para convencernos de la bondad de las autonomías, nos dijeron que supondría una administración más cercana, más “amable”. Hoy, muchos catalanes saben, por experiencia propia, que los porrazos de los “mossos d´esquadra” duelen tanto como los de los “pitufos” y “picoletos”. Hace unas semanas, el gobierno catalán quiso obligar a los ciudadanos a vacunar a sus hijos, vulnerando no solo la Constitución sino también la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es por ello que tuvo que dar marcha atrás. Ahora les obliga a usar máscaras, en contra del Real Decreto Ley 21/20 (Que no obliga si es posible mantener una distancia interpersonal), en contra del Tribunal Supremo (Que en una sentencia reciente ha ratificado la vigencia del citado RDL), en contra del criterio inicial del Consejo Superior de Colegios de Médicos y hasta de la Organización Mundial de la Salud ¡Y las otras autonomías hacen lo mismo! ¿Nos libramos de los tiranos centralistas y caímos en manos de tiranos autonomistas? No, es peor aún… ¡Ahora tenemos que soportar ambas tiranías! (Al final, todos han resultado ser tiranos globalistas).

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1 Comentario

  1. Parece ser que todas estas imposiciones son más bien fruto de caprichos personales y de ganas de hacer de pequeños tiranos,a los que todos deban de obedecer.Decis verdad cuando la solución no es cambiar a los actores sino a los directores .En Valencia pretenden imponer el catalán,sin tener en cuenta cuestiones históricas,ni el habitual uso del bilingüismo en lugares como Requena donde se habla castellano.Estos catalanistas tienen su propia agenda globalista la de los Países Catalans,bajo el dictado del rat penat catalanista o castellonense ( hay otro valencianista),pretenden unir Valencia Cataluña y las Islas Baleares para separarse de España, excluir el idioma español e imponer quizás el idioma inglés,tanto que presumían de su presunto origen francés.Por que son un grupo de empresarios que cuando les sale bien se benefician unos pocos o sus mismas empresas,y cuando les sale mal la culpa es de los españoles y los platos rotos se han de pagar entre todos.

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