monárquico

El título que doy a mi escrito de hoy responde a un sentimiento que ha ido incrementándose en mí, desde que tomó posesión de su cargo S.M. el Rey Juan Carlos I, el 22 de noviembre de 1975. Los que nacimos a mediados de los años 30 del pasado siglo, y ahora vivimos la inevitable ancianidad, no conocimos -hasta muy entrada la madurez- otra forma de Estado distinta a la que surgió tras la guerra civil, de la que no voy a hablar pues ya lo hicimos todos los españoles en su día.

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Fue precisamente a partir del reinado de Don Juan Carlos (y especialmente desde que se aprobó por una abrumadora mayoría la Constitución de 1978) cuando rige en España lo que señala el apartado 3 de su Título Preliminar: La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria. Juan Carlos I ha reinado hasta el 19 de junio de 2014, alcanzando un período de casi 39 años y Felipe VI, lleva más de seis años, lo que completa un ciclo próximo a los 45 años de Monarquía. Si nos tomásemos el trabajo de analizar los beneficios que han reportado a España ambos monarcas, nos daríamos cuenta de que han sido enormes.

Don Juan Carlos abrió nuestro país al concierto internacional donde cumplió con creces con las expectativas que se hacían sobre su Real representación y Don Felipe no le va a la zaga. Ahora, los comunistas anhelan llevarnos a la república, olvidándose de lo trágico de las dos que hubo en España (1873/1874 y 1931/1939).

Para ello se basan en cuestiones particulares de Don Juan Carlos que, dicho sea de paso, no ha sido llamado por la justicia. Pero si están llamados, investigados y condenados varios componentes de esa formación política que tan solo aspira a la destrucción de España. Y esto lo saben todos mis compatriotas.

¡Yo me quedo con nuestra Monarquía parlamentaria!

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2 Comentarios

  1. No soy tan veterano como el autor de este artículo, pero sí llegué incluso a estar presente, aclamando entre la multitud, al paso del Caudillo. He vivido las dos etapas: la de Franco y la de los Borbones. Cuando murió Franco sentí que algo grande nos había dejado. Juan Carlos nada más tomar posesión como Jefe de Estado (en funciones por estar Franco internado y moribundo) entregó el Sahara Español. Continuó con una constitución antiespañola (atea –al margen de Dios- y divisoria –tanto territorial como lingüísticamente-), aprobando el aborto, el desmantelamiento del ejercito (asesinatos y 23F), el desmantelamiento de la industria y empresas públicas e incluso privadas –RUMASA y Banesto-, sin olvidarnos de asesinatos no muy esclarecidos como el de Sandra Mozarowsky o los crímenes de Alcácer. La corrupción es el santo y seña de esta monarquía, los actuales españoles (desmemorizados) le rendirán pleitesía, los veletas mirarán para otro lado; pero cuando tenga que rendir cuentas, ante Aquel que juró defender España ante la Biblia, no le va a llegar para nada todo lo recaudado en su caja B y los millones de almas asesinadas en el vientre de sus madres clamaran como vivos a los oídos de N. S. JESUCRISTO. Lo siento por este –bonachón- pero mete miedo lo que le espera y asombra que alguien con una pizca de honradez y decencia lo pueda apoyar. ¿Estaremos hablando del mismo personaje?

  2. De acuerdo con los dos comentarios. No diré más porque no quiero descentrar mi tristeza, amargura, impotencia, sensación dd castración de ese crimen de la inyección covid.

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