Estaba tranquila en mi casa cuando alguien tocó a la puerta. Eran varias personas desnutridas, enfermas, que me pidieron que por favor les ayudara. Yo, en la situación económica en la que me encuentro, no estoy en posición para ayudar mucho. Pero pensé que, si me apretaba el cinturón un poco, igual los podía socorrer.

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 En mi casa, por su posición geográfica, esta situación es algo de lo más común y que se ha ido repitiendo una y otra vez a lo largo de mi historia. Siempre nos apretábamos el cinturón y ayudábamos en lo que podíamos. Pero hoy, tras una pandemia mundial, casi todos mis hijos están en el paro. Subsistimos a duras penas. Mi hijo, el más joven, perdió el trabajo de camarero cuando dejó de venir el turismo. El mediano trabajaba en hostelería y también perdió su puesto. El segundo mayor trabajaba en construcción y lleva mucho tiempo en paro, así que la única que trabaja lo hace en la agricultura, que apenas le da para vivir a ella y a su familia. 

Algunos de mis hijos ya están pasando hambre, y yo, como madre, no puedo más que llorar por ellos porque me veo impotente por no poder hacer nada. Pero, aun así, cuando viene alguien que está peor que nosotros, hacemos un esfuerzo, ya solo sea por inercia. 

Y, ¿qué ha pasado? Que los ingratos oyeron de nuestro buen corazón y de nuestras ayudas. Y los ingratos decidieron hacerse pasar por necesitados y mezclarse con ellos. Se hicieron miles de barcas y vinieron a inundar mi casa, a comerse mi comida, a quitar mi bandera y a reírse de mí. Y mi país no hace nada. Tengo miedo. Temo decir nada. Realmente tengo miedo porque amenazan de muerte a mis hijos. También porque temo que se olviden de todo lo que he hecho en el pasado y me califiquen de facha. Término que aborrezco con toda el alma. 

A veces le pregunto a Dios, ¿me hace ser una facha si con el poco dinero que tengo elijo alimentar a mi hijo antes que a un inmigrante? ¿Y si prefiero auxiliar a mi vecino…? Pero, ¿y si reclamo ayuda para el más necesitado independientemente de que sea de los míos o un inmigrante? ¿Así sí? ¿Así vale?

Por favor, no se confundan, seré buena pero no idiota. ¿Por qué siempre la gente confunde los dos términos? A los que abría mis puertas y mi corazón eran a pobres refugiados que huían con lo puesto y desnutridos en pateras. Los que llegaban, porque a otros solo pude enterrarlos. Y la desesperación que les hacía huir por mar en tan duro viaje afectaba a jóvenes y viejos, hombres, mujeres y niños. Ahora, invaden mi casa hombres jóvenes, sanos, bien alimentados y vestidos, incluso con dinero. Pueblos enteros se quedan sin hombres jóvenes que vienen a invadirnos, lo siento si no les cae bien el término. ¿Por qué tengo que darles mi casa a ellos? ¿Mi comida? ¡¡¡Cuando la necesito para mis hijos!!!!!

¿Por qué tengo que darles lo poco que me queda y hundirme más en la miseria? ¿Por qué no se me permite ayudar a mis propios hijos?  ¿Por qué mi país deja que se me mueran de hambre para ayudar a otros que no lo necesitan tanto? Mis hijos que ya no pueden ir a hoteles a trabajar, pero que abren para estos inmigrantes con recursos. Mis hijos que perdieron el trabajo por poner trabas a la llegada del turismo que los alimentaba… Ahora, les ponen vuelos a los inmigrantes para que sigan su camino por Europa. 

Sí, entiendo perfectamente que no se lo crean. ¡Me cuesta a mí! Pero si no me creen, miren bien las noticias cuando salen dichos emigrantes. Miren qué edad tienen, si parecen sanos, si hay mujeres, ancianos y niños entre ellos. Y comparen con los inmigrantes que yo he ayudado toda mi historia. Decidme si no notáis diferencia, aunque tan solo sea en número.  Parece que en estos últimos meses la desesperación del emigrante se ha hecho muy rica y muy discriminatoria, porque hoy en día les sobran barcas para mandar a mi casa y solo aceptan como ocupantes a chicos jóvenes.

Me llamo Canarias y te pido ayuda porque mi problema pronto será tuyo y mi país no me ayuda. Esos inmigrantes los manda gente con dinero que ya se ha encargado de comprar a mi gobierno. Así que recurro a ustedes, a las buenas gentes de mi pueblo, a mis compatriotas, a mis hermanos.

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2 Comentarios

  1. y tu un insensato insensible e ignorante. Canarias está siendo invadida por estos mismos que saben degollar al que le ayuda y acoge. Estamos en peligro y la situación es muy grave.

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