curas
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Hoy domingo, día del Señor y día de precepto para asistir a misa de los católicos. En mi paseo dominical con mi perrita, he pasado por la puerta de dos iglesias, estaban abarrotadas. El motivo, ya lo conocen, las normas de nuestros gobernantes han reducido notablemente el aforo del templo, sin embargo en la puerta, la gente acumulada, casi me recordaban la aglomeración que se producía en el mismo sitio cuando salía un paso de Semana Santa. Recordaran las declaraciones de podemitas pidiendo la eliminación de la Semana Santa como fiesta cristiana. Luego lo mismo para la Navidad…

Todos los que peinen canas, recordaran como los sacerdotes vascos, daban cobijo a los asesinos de ETA en sus iglesias, allá en el País vasco cuando esa organización terrorista mataba con el tiro en la nuca. En la casa de Dios, naturalmente no podían entrar las fuerzas de orden público. Aprovecho también para recordar que sus ataúdes y sus familiares, entraban y salían por las puertas traseras de las mismas iglesias para celebrar sus funerales.

Hoy las iglesias, por que los curas así lo quieren, son zonas afectadas por las mismas normas que el resto de lugares públicos. Al parecer han perdido la denominación de “Casa de Dios” es posible que tenga algo que ver el apoyo que su líder está dando a la globalista “Agenda 2.030” que para los menos informados, tiene como primer objetivo,  hacer desaparecer de la sociedad todo lo que tiene que ver con el concepto de humanidad y muy especialmente, el amor entre las personas.

“Amaos los unos a los otros como yo os he amado” para quien no lo sepa o se le haya olvidado, es el gran mandato, el mandato fundamental, el nievo mandamiento que nos dejo el artífice de la iglesia cristiana, la  que se asienta en el Vaticano y que naturalmente, fue Jesucristo.

Hechas estas reflexiones y tras observar las puertas de las iglesias no puedo evitar preguntarme, que es lo que hoy anida en el alma de los sacerdotes, es que  han dejado de ser soldados de Cristo. Yo que soy muy simple, si  fuera sacerdote, por amor a Cristo, no creo que me dejara doblegar por un gestor político. No creo que dejara que esos individuos, que tienen como único dios la mentira, me impusieran quien y cuantos entran en mi iglesia. Estos señores con sotanas, deberían hacérselo mirar, ellos mejor que nadie, saben  para quien están reservados los rincones más oscuros del infierno.

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