INVIERTA EN CRIPTOMONEDAS Y OBTENGA HASTA UN 12% DE RENTABILIDAD
SÍGUENOS EN TELEGRAM

El mundo de hoy se encuentra sumido en la hostilidad -naciones y pueblos divididos, hermanos y familias abstraídos en contiendas, compañeros de trabajo que no se dirigen la palabra-, está inmerso en un rechazo al disidente, elude a quien piensa distinto, se muestra violento con quien refuta o discrepa. ¿Qué le pasa al mundo?

A mediados del siglo XIX, Karl Marx afirmó que, para conseguir una revolución social, primero habría de llevarse a cabo una revolución sexual. Este aserto es sumamente acertado -y Marx lo sabía-, pues cuando las pasiones crecen hasta el punto de tomar el control sobre la razón, la violencia es inminente y la hostilidad para con el extraño, el discrepante, llega sola. En 1960 explota el movimiento conocido como revolución sexual y comienza a expandirse cual pantano desbordado por todos los rincones del planeta. Hoy nos encontramos ante una invasión estrepitosa de la hiper sexualización; nos vemos sumidos ante una atroz cultura concupiscente, basada en un falso concepto de libertad que degenera en una exacerbación del animal que llevamos dentro. Esto merma al ser humano, dejándolo desnudo, despojado de su más valioso atuendo. Ahora el hombre no es más que hombre, ya no es humano; ahora, el hombre está abocado al fin.

Porque, ¿qué nos hace específicamente humanos? El control de nuestras apetencias, el dominio de sí para conducir nuestros actos libremente hacia donde deseamos llegar. Ahora bien, si se nos quita esta capacidad, nos quedamos solos ante nuestra voracidad. Y así todo, ¿en qué nos estaríamos diferenciando del resto de animales? Ahora que somos iguales a ellos, podría decirse que, cual conejo que se acerca al trozo de queso sin saber del cepo que lo cobija y que espera paciente para asesinar a su presa, se nos puede cazar. Evidentemente, hablo en sentido figurado. ¿Y cómo se nos caza? ¿Quién lo haría? Desde luego, ambas preguntas son muy sencillas de responder: nos cazarían los entes supra sociales, quienes buscan regir el mundo a su antojo -y hacia el mal, por supuesto, pues quien busca manejar a las personas para hacerlas cumplir sus propios deseos no respeta la libertad individual, ergo es malo-; y la forma de cazarnos es muy dispar, pues estando ausentes de libre albedrío, de autocontrol, cualquier cebo bastaría para lograrlo. Nos quieren alienados, y si logran arrebatarnos el arma más infalible que tenemos para defender nuestra libertad, habrán logrado su objetivo.

La hiper erotización actual también provoca un aislamiento en nosotros mismos, nos mueve a pensar únicamente en el bien propio, reduce nuestras capacidades al ego. Estamos inmersos en el yo, abnegados a salir, a darnos a los demás. Esto se patentiza observando el enfoque que toman hoy los mercados -libros de autoayuda, novelas autobiográficas, productos autocomplacientes-, dejando de lado al otro para transmitir un claro mensaje de individualización, de emancipación del yo para con el resto. Sólo basta echar un vistazo a los programas que hay en televisión, a las series que nos encontramos en las plataformas online, a la temática latosa de visceralidad egocéntrica que invade las redes sociales todas -me gustas, veces compartidas, comentarios…-.

Dicho esto, espero que mi lector vea con mayor claridad y nitidez la razón del ingente número de trifulcas en la esfera política, de las calles ardiendo en multitud de países, del saqueo de comercios y locales… Esto es lo que busca el marxismo leninista. ¿La solución? El amor. Cuando nos demos cuenta de que sólo lograremos acabar con este estado de beligerancia saliendo de nosotros mismos para darnos a los demás, el mundo cambiará. El cambio es arduo y su camino es largo, pero nada hay en este mundo más gratificante que poder afirmar con contundencia que somos libres.

MILES DE PRODUCTOS CON LA BANDERA DE ESPAÑA