Sálvame
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“Mamá, quiero ser artista”, tal parece que es el primer deseo de algunos, muchos, demasiados, de nuestros egregios representantes del ala leninista en cualquiera de nuestras flamantes casas consistoriales, parlamentos autonómicos con visos de sóviet, lo digo también por el tamaño, o directamente en la Carrera de San Jerónimo, y ya que me sacan el tema, a ver si le cambiamos el nombre a la santa carrerita, que suena demasiado pía. Uno, desde su sumisión catódica, mejor dicho: internáutica, tiene la sensación de asistir a una suerte de operación triunfo, a la que, en mis tiempos, por cierto, se nominaba “La gran ocasión”, en pos de mejores y más reputadas plateas.

El primero del escalafón, con varios cuerpos de ventaja, es mi bien amado Gabriel Rufián al que sus numeritos con impresoras y juegos de palabras, retrotraen indefectiblemente a juegos florales y ceremonias de fin de curso de séptimo de EGB con ese aire de galán de españolada del sesentayocho al que pintiparado le quedaría un ejemplar de L’Humanité, bajo la axila. Hace bien en apretar el acelerador, puesto que el futuro no está escrito y cuán largo me lo fiais, pero lo que él daría por darle una patada en los glúteos, al ente que responde a los cristianos nombres de Jorge y Javier (huelga el apellido de tamaña vedete), hogaño, caricatura y caja de ahorros de sí mismo. ¿Se imaginan? “Sálvame” presentado por don Gabriel, un catalán de pura cepa, mirada castigadora, culto hasta decir vasta, al que un hemiciclo, apenas reciclado, lo tiene encapsulado y sin mucho margen para demostrar sus argentadas, acaso áureas, dotes de comunicador, capaz de hablar con igual donosura y tacto, en palacios o cañadas reales a gentes del común o tocadas con moño.

Sálvame

Desde la lejanía, resulta fácil adivinar su dolor por compartir espacio y escaño, con huestes travestidas de claque, que no le alcanzan a limpiarle los borceguíes de la excelencia; en dos palabras: Castelar, redivivo. Y no le falta razón a don Gabriel, si uno, o sea, él, mira en derredor, le cuesta encontrar decencia oratoria y hablo sólo de prosodia, declamación o, por descontado, arte oratorio. Lo más que alcanza otear son, acaso, unos patéticos juegos malabares de -os y -as y tartamudeos trapisondistas. Mentiras transmitidas sin alma, ni gracia, al punto me vienen a la mente escenas míticas de Cantinflas, Miguel Ligero y sus Morenas Claras, que eso sí que tiene guasa, balbuceadas a trompicones por egabrenses periclitadas, presidentes del Congreso sin fuste, lastres sin más, parejas de hecho con caras de Imeldas y Ferdinandos, nacionalistas a los que sólo les queda su ingenio, de origen gallardamente español y otros figurantes con lenguas y manos de fuego.

Eso es lo que rodea al insigne andaluz, dizque catalán. Magro paisaje, para alguien con ínfulas y muchas más lentejuelas en el corazón que estrelladas. Y pensar que millones de tele evidentes, se lo están perdiendo. ¿A cuánto está el share de un encuentro en la cumbre con Belén Esteban en praintáin? ¿Y esa isla sin nuestro Robinsón? ¿Sabe Tele Circo de lo que estamos hablando, crematísticamente hablando? Desde hace años, estudio al personaje y no me cabe la menor duda de que este artista busca con denuedo, su Pirandello particular y, el pobre, ya ha visto que el terruño, su terruño, es poca cosa, muy poquito para él. ¿Y Almodóvar?, ¿no termina de encontrar su vis interpretativa?, tuerto o despistado anda el de Calzada de Calatrava, provincia de La Movida.

El caso es que, ciertamente, entre performance y romance de ciego, nuestro Rufián va creando escuela; desde mi humilde impertinencia, le aconsejo que ponga orden y empiece a cobrar por sus clases magistrales, que luego las estrellas, si te ven no se acuerdan. El día menos pensado, en Galapagar o por ahí, van a hacer un nuevo Bayreuth, castizo, pero Bayreuth (Almagro, para nuestro abolengo suena a berenjena, quita, quita), y no le van a dejar ni la presentación de la gala inaugural. Gaby, apúrate, que los nuevos ricos, tienen fama de malos pagadores, y si, en breve, la cosa viene mal dada desde el Chapare o el Orinoco, se van a quedar cortos de posibles. No tendrán, ni tienen, pensado pagarte pero, si el canut encima no está fuerte, les vas a poner el asuntillo como a Fernando VII (lamento la evocación regia, pero es cuestión idiomática. Sorry).

El Síndrome Sálvame, se está cobrando su primera pieza y justo es, por nuestra parte, lanzar un SOS a quien sigue dándolo todo por España (léase Este país), pero la clepsidra, sigue tenaz con su gravedad. No esperes que termine la legislatura, ya que uno de los diez o doce seres más hermosos de la tierra, quizá (y tú lo sabes), no vuelva a convocar elecciones.

¿Te imaginas, condenado a vivir por los siglos de los siglos, imantado al escaño exprimidor de conciencias cuatribarradas et alii? Y, Jorge Javier, una vez superado el susto, porque te ve y te teme, a mandíbula batiente. El sueño es Sálvame, cualquier otro escenario sería escarnio y bajada de rango. O Sálvame o el caos. Ahora o nunca. Don Gabriel: usted no es Emilio Aragón (y lo sabes).

*Un artículo de Bienvenido Picazo

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1 Comentario

  1. Cuando escucho hablar de la izquierda, me viene a la cabeza un montón de mierda como el inútil de Rufián, y un chepudo bolivariano y marxista.

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