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Una semana después de las elecciones legislativas del 29 de octubre de 1989, en las que el PSOE revalidó su mayoría absoluta, la banda terrorista ETA asesinaba en Guecho (Vizcaya) al subinspector de Policía ELADIO RODRÍGUEZ GARCÍA mediante una bomba-lapa colocada en los bajos de su vehículo.

A las siete de la mañana del 6 de noviembre de 1989, Eladio se dirigió a su coche para trasladarse al trabajo. El hijo de su pareja, un muchacho de 15 años, se salvó de milagro porque, al llegar al coche, empezó a llover y regresó a su casa a recoger un paraguas. En ese espacio de tiempo, Eladio Rodríguez arrancó el coche y la bomba estalló, destrozando el cuerpo del subinspector de Policía que falleció en el acto. Un sedal unido a la rueda delantera izquierda activó el artefacto compuesto por aproximadamente tres kilos de amonal. Agentes de la Ertzaintza tuvieron que emplear palanquetas para forzar las puertas del automóvil y extraer el cadáver.

La capilla ardiente se instaló esa misma tarde en el Gobierno Civil de Vizcaya y el funeral por su alma se celebró al día siguiente, 7 de noviembre, en Guecho.

El ministro de Interior, José Luis Corcuera, relacionó el atentado con quienes habían puesto condiciones para ejercer su derecho a asistir al Parlamento, en una clara referencia a Herri Batasuna (HB), que había condicionado su presencia en las Cortes al inicio de un proceso negociador entre ETA y el Gobierno. En unas declaraciones públicas hechas en la Escuela de Policía de Ávila, Corcuera añadió: “que les digan a sus amigos que dejen de matar (…) ETA ha fracasado. El pueblo vasco y el del conjunto del Estado español rechaza categóricamente el atentado. La sinrazón les lleva a seguir matando, incluso cuando el pueblo les dice que quieren la paz”.

Dos sindicatos policiales pidieron un endurecimiento de la política antiterrorista. El Sindicato Profesional de Policía Uniformada (SPPU), requirió al futuro Gobierno que solicitase la extradición de todos los terroristas residentes en países del Caribe. La Asociación Nacional de Policía Uniformada (ANPU), que se pronunció en los mismos términos, pidió también cadena perpetua para los delitos de terrorismo, un reforzamiento de las penas para los delitos de apología y la supresión de las medidas de gracia.

Por el asesinato de Eladio Rodríguez García fueron condenados Inmaculada Pacho Martín, Fernando del Olmo Vega y José Luis Martín Carmona, Koldo, en varias sentencias dictadas por la Audiencia Nacional en 1992 y 1995. Los dos primeros fueron detenidos en enero de 1991 y se confesaron autores de seis asesinatos cometidos entre enero de 1988 y septiembre de 1990. En esos atentados colaboraron también Juan Carlos Iglesias Chouzas, alias Gadafi, y Juan María Ormazábal Ibarguren, Turco (fallecido). Martín Carmona, supuestamente arrepentido, empezó a disfrutar de permisos carcelarios en diciembre de 2010.

Eladio Rodríguez García tenía 49 años. Habría cumplido 50 tres días después, el 9 de noviembre. Había nacido en Castro de Rey (Lugo) y tenía dos hijos de 22 y 17 años de un matrimonio anterior. El mayor era guardia civil. Eladio ingresó en la Policía en 1963 y estaba destinado en el País Vasco desde noviembre de 1984, coincidiendo con su ascenso a subinspector. En el momento de su asesinato prestaba servicio en la unidad de seguridad de la comisaría del barrio de San Ignacio, en Bilbao.

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